Exposición Individualjun 2013 - ago 2013· Por Marta Rodríguez

J. J. Seinen

Galería Casas Riegner

Un encuentro entre dos sensibilidades se propició con el hallazgo de una enorme cantidad de dibujos de J. J. Seinen, rescatados en un mercado de las pulgas por Johanna Calle y su esposo Julio C. Pérez Navarrete, experto en archivos y materiales vintage. Los dibujos de Seinen, que en algunos aspectos presentan semejanzas con los de Johanna Calle, hacen ver que las fronteras entre un dibujante disciplinado, dedicado, y uno compulsivo, cuyo oficio raya en la adicción, son nebulosas. Pero justamente esa compulsión, junto con la destreza y delicadeza de su ejecución, así como la erudición de la que dan muestra, dotan a esta colección de un atractivo particular.

El informe de prensa de la galería cuenta que “El señor J. J. Seinen, holandés de nacimiento y banquero de profesión, se jubila y decide radicarse en Colombia. Trae consigo en un contenedor sus muebles, enseres, biblioteca y colección de dibujos realizados desde su infancia hasta su jubilación. Sigue dibujando profusamente en Bogotá hasta su muerte. Dibujante autodidacta, políglota y coleccionista de libros, nutría su obra con sus lecturas de temas históricos, antropológicos, de ficción, y etnográficos. Adicionalmente con sus viajes y visitas a museos, escribiendo sus cuadernos de apuntes y haciendo anotaciones detalladas de las características precisas de colores y tamaños de objetos arqueológicos y piezas de museos, lograba una investigación valiosa y pertinente que usaba como fuente primordial de sus dibujos. Las características generales de los dibujos nos sugieren que los hizo para él mismo, sin propósito de ser exhibidos, en un número inmenso, creando mundos imaginarios e irreales; un trabajo secreto que refleja una pulsión estética por el dibujo. Sólo después de su muerte, fue posible conocer acerca de su obra realizada durante toda su vida”.

Exposición Individual: J. J. Seinen — imagen 1
J.J. Seinen. Planas ca, 1980 – 2000. Esfero sobre papel. 27,5 x 21,5 cm. (10 3/4 x 8 ½ pulgadas).

El tratamiento que recibieron estos dibujos por parte de Johanna Calle, para su exhibición en la Galería Casas Riegner, preserva el carácter íntimo y peculiar de la labor de Seinen; así como procuró respetar un orden desconocido, pues gran parte de este material fue encontrado revuelto en bolsas de basura cuyo destino era el reciclaje. Este hallazgo hizo posible que la manera de concebir el dibujo de Johanna Calle se sobreponga al trabajo febril del banquero holandés que recorrió medio mundo, duplicándolo y clasificándolo con suma paciencia, en cuanto papel encontrara a la mano.

Con delicadeza se organizaron grupos manteniendo una afinidad por temas, técnicas o soportes. Perspectivas trazadas con bolígrafo azul que buscan la perfección, la exactitud del objeto dibujado, se presentan junto a fachadas con arcos que tienen un cierto aire mozárabe y que a través de la línea fijan hasta el más mínimo detalle. En otro grupo se reúnen paisajes realizados con manchas de tinta negra que evidencian una gran agilidad en el trazo y una enorme capacidad de síntesis. Dibujos de los temibles aviones que causaron enormes destrozos durante la Segunda Guerra Mundial se agrupan junto a otros donde se ven filas de militares marchando; sus caras, con rasgos de animales, semejan caricaturas o dibujos para niños y portan en su uniforme la insignia que los identifica como miembros del ejército nazi.

Así como Seinen era meticuloso en sus trazos, lo fue en la preservación de libretas, sobres y toda clase de papeles que utilizó como soporte de sus dibujos. Lo que dio lugar a otras agrupaciones. Las libretas de inmediato me evocaron a Laconia, la obra presentada por Johanna Calle en el Premio Luis Caballero, de 2007, cuando llenó muchas libretas con una caligrafía precisa que se convirtió en un delicado dibujo; un trabajo que de inmediato conmovía por la infinita paciencia con la que fue elaborado.

Por otra parte, esa vocación clasificatoria de Seinen me hizo pensar en el espíritu de los hombres del siglo XVIII que quisieron contener y clasificar el mundo. Seinen lo hizo de una manera compulsiva, como si de ese acto dependiera su vida. Dibujó con tanto ahínco como lo hicieron esos artistas recluidos en hospitales psiquiátricos que llamaron la atención de Dubuffet; algunos de ellos llenaban las paredes de sus cuartos con dibujos repetitivos, impelidos por una fuerza y una necesidad extraordinarias. Y fue esa fuerza, esa necesidad, la que hizo pensar a Dubuffet en el término “arte bruto”, con el que designa al arte en su estado más puro, no contaminado por la cultura ni por demandas externas, sino impulsado por una necesidad vital, por una desesperada búsqueda de sentido.

Desconocemos cuál fue la fuerza, la necesidad que impulsó a Seinen a dibujar de manera tan insistente, no sabemos por qué recortaba con sumo esmero diminutas figuras, ánforas, efigies, y multitud de objetos que eran preservados en sobres y libretas. Tal vez algo de ese misterio se devele en la investigación que recién inician Johanna Calle y Julio Pérez a partir de este hallazgo que, un tanto al azar, permitió el encuentro afortunado entre dos sensibilidades.

MARTA RODRÍGUEZ

J. J. Seinen, por Marta Rodríguez | artnexus