La diversidad, resultado de constantes búsquedas estéticas e intelectuales, es la marca de la obra del artista carioca Ivan Serpa (1923-1973). Desde este punto de vista partió la curaduría de la muestra Adriano de Aquino lee a Ivan Serpa, la primera edición de la serie Mirada de artista, en la Caixa Cultural (Río de Janeiro). Imaginada por el colectivo Proyectos Culturales, esta iniciativa convida a artistas brasileros para que realicen curadurías de exposiciones individuales de otros artistas, sean o no contemporáneos.
La propuesta es que la función conceptual, tradicionalmente delegada en los curadores, se disloque, privilegiando la producción crítica de quienes practican las artes visuales, y, al mismo tiempo, reflexionan sobre ellas. Para marcar los 90 años del nacimiento y 40 años de muerte del artista, también se editó un libro con más de cien imágenes, todas exhibidas en la muestra, además del texto inédito de Aquino. Con estas iniciativas fue posible puntear la trayectoria plural de Serpa, cuyas variaciones y rupturas de contenido y forma trajeron una significativa contribución a la historia del arte brasilero.

En vez de privilegiar un período de la carrera de Serpa, o un lenguaje con el que hubiera trabajado, el artista y curador Adriano Aquino exploró la multiplicidad de la trayectoria de Serpa, tomando como punto de partida un cuadro (sin título) de la Serie Geomántica, , pintado en 1973. La obra no alcanzó a ser terminada por el pintor, y en el catálogo se señala como “inacabado” en su descripción técnica. “La pretendida condición de terminado abarca solamente la apariencia de las obras artísticas, en cuanto objetos concebidos para fines mercantiles. Inacabada es la condición categórica de toda obra de arte, así como de todo el trabajo de Serpa, de todo lo que nos rodea, y también de todos nosotros”, afirmó Aquino sobre su escogencia.
Serpa atravesó períodos específicos de la historia del arte, pasando por diversas fases. Fascinado por la simetría, no dejó de lado la sensibilidad moderna, el movimiento, la casualidad, suavizando siempre el rigor constructivo con sutilezas poéticas. Diversidad de técnicas (collages en papel, dibujos, guaches) y composiciones expresionistas y geométricas señalaron el movimiento pendular de su carrera, cuya pauta inicial fue el premio al mejor artista joven brasilero en la 1ª Bienal de São Paulo, en 1951, donde vio obras de artistas concretos como Sophie Taeuber-Arp y Max Bill.
Fue en este período cuando Serpa comenzó a realizar trabajos más abstractos, dejando atrás la vertiente figurativa que venía desarrollando en la década anterior. Pese a la influencia modernista brasilera, se alejó de las temáticas nacionalistas para interesarse en la composición y en el ritmo de las formas. Y al comienzo de la década de 1950 adhirió al constructivismo, con formas geométricas planas y relaciones armoniosas entre figura y fondo. En su pintura de este período dominaron los ritmos precisos y lineares, cuyos intervalos y variantes recordaban una pauta musical.
Serpa actuó en el medio artístico como pintor, profesor y animador cultural, y fundó el grupo Frente, entre 1953 y 1954, que recogía la producción concreta carioca de artistas como Lygia Clark, Lygia Pape, Weissmann, Palatnik, Oiticica y Aluísio Carvão. Eran parte de sus obras las formas geométricas y objetivas realizadas con materiales industriales y texturas neutras, que también exhibían las típicas osadías que diferenciaban a los concretos cariocas de los paulistas; por ejemplo, el uso de colores “poco objetivos”, como el marrón.
En el inicio de la década de los sesenta, el trabajo de Serpa se enriqueció con nuevos lineamientos, con gestos, manchas y salpicaduras de color, hasta llegar a una figuración gestual, con el modelo del grupo CoBrA, lo que hizo que la crítica lo encajase en la Nueva Objetividad Brasilera. Al comienzo de la dictadura brasilera –década del sesenta–, el artista entra en lo que la crítica titula la “fase negra”, con obras figurativas de fuerte cuño dramático y expresionista.
Al final de la década, Serpa dio otra voltereta en su carrera con la serie Op Erótica, en la que, a partir de la influencia del Op Art, retomó la construcción geométrica con formas sinuosas y sensuales. Son obras con resultados ópticos peculiares, que marcaron la llamada “fase amazónica”. Repetición, progresión e inversión fueron técnicas constructivas recurrentes, sin embargo, con resultados tanto equilibrados como dinámicos.
En sus últimas obras, Serpa presentó composiciones vívidas y alegres que revelaban, ante todo, una poética de la sencillez. En diversos momentos, el artista trabajó con niños, investigando a fondo el proceso creativo en la infancia. Reveló en sus obras la influencia de la libertad y la intuición en la creación. Sobre todo, probó que hasta el más racional de los pensamientos estéticos no puede escapar de los misterios de la subjetividad.
ALESSANDRA SIMÕES
