Exposición Individualjun 2013 - ago 2013· Por Alessandra Simões

Denis Cosac

Tramas Galeria de Arte

Los trazos rápidos y precisos revelan la influencia del estudio de arquitectura que el joven artista Denis Cosac deja aparecer en sus obras, presentadas en una exposición reciente en Tramas Galeria, en Río de Janeiro. Esto se observa especialmente en un estilo recurrente en su trabajo: grafismos negros sobre tela blanca, haciendo composiciones figurativas ritmadas y equilibradas.

En los trece trabajos presentados se puede ver la evidencia de estudios desarrollados mediante croquis. Son recurrentes el negro y blanco en una única temática: la reunión de personas en conjuntos repetitivos. El artista no se concentra en un punto único de la composición o episodio de la pintura. La mirada del espectador abarca la totalidad y se sorprende con pequeños detalles de color, como una persona vestida de rojo en medio de un grupo monocromático.

Exposición Individual: Denis Cosac — imagen 1
Denis Cosac. Audio Filie, 2013. Grafismo sobre tela. 50 x 140 cm. (19 ½ x 55 pulgadas).

La simultaneidad de imágenes también aparece en obras donde no hay un sistema que componga una perspectiva espacial, y sí diversos elementos esparcidos en la superficie, cuyas variaciones de tamaño juegan con las alteraciones entre primer plano y fondo. Se tiene la impresión de trazos semejantes a los dibujos de diversos arquitectos consagrados, como Oscar Niemeyer y Le Corbusier, quienes consideraban el acto de dibujar no sólo como la acción de representar alguna cosa, sino como instrumento de reflexión y registro de ideas.

Trazos límpidos, suaves y rápidos les confieren a las imágenes una cadencia peculiar, como si también existiese un estrecho vínculo entre la experiencia como artista plástico y su actuación como DJ y productor musical. Sus pinturas crean ritmos lineales y esquemas de colores que producen efectos semejantes a la música, incluso, la imagen de una hoja pautada. Representan también objetos musicales, como el teclado.

La exposición también tuvo instrumentos dispersos, como la guitarra, además de conexiones eléctricas y enchufes. Entre estos elementos, que formaban un gran escenario, se colocaron cuadros, muchas veces compuestos por telas conexas, sobrepuestas, detalles de color en la propia tela o, incluso, cables y trozos de hardware acoplados a la tela, integrando el mundo real al mundo imaginario retratado en la obra. Son recursos que confieren al trabajo de Cosac una personalidad estética propia.

Según el crítico Felipe Scovino, hay algo veloz e intransigente, sutil y complejo en los dibujos de Cosac. “Sus representaciones son silenciosas, pero nunca disciplinadas. Hay una relativa ambigüedad entre un trazo ligero y persistente y la idea de paisaje, y es en esa aprehensión donde percibimos la calidad de su obra, o sea, su vocación principal al ser hecha y dirigir la mirada y la percepción justamente hacia lo que ocurre en el mundo”, completa Scovino.

En cuanto a temática, es como si las pequeñas multitudes de sus cuadros estuvieran participando en una gran fiesta, llena de personas anónimas, representadas por trazos gráficos casi idénticos. Las formas sin rostro representadas por el artista sugieren la imposibilidad de identificar nominalmente las figuras.

Sin embargo, estas aglomeraciones revelan algo más. En medio de un supuesto paisaje alegre y bullicioso (cuyas citas a la música o a un ambiente sonoro son siempre reforzadas), la imagen de una masa homogénea no hace que se pierda el significado de las individualidades. Entre las imágenes de las personas, el artista siempre pinta algunos puntos de interrogación. Así, parece explorar preguntas subliminales, para las cuales su respuesta es aún la creencia en la naturaleza solidaria y utópica del individuo.

ALESSANDRA SIMÕES