El Paseo de las Artes del Park Hyatt Buenos Aires alcanza su óptima capacidad expositiva con esta muestra de la escultora argentina Ana Lizaso.
Artista de rigurosa formación, ha sido alumna de los maestros Aurelio Macchi, Juan Carlos Distéfano, María Juana Heras Velazco, entre otros, quienes repararon en sus condiciones para definir una voluntad escultórica de fuste singular.
Desde sus comienzos materializó aquella frase con que la definió el crítico argentino Fermín Fevre: “Lizaso hace de su obra una posibilidad de creación infinita de manera arriesgada e imaginativa”.
Usando chapa de hierro con pintura acrílica o poliuretánica, sus obras se imponen con autoridad estableciendo tensiones direccionales que dinamizan vivamente el espacio.

El espacio de arte del Palacio Duhau ofrece la posibilidad de desplegar distintos aspectos de su obra, que, sin constituir una retrospectiva, permiten apreciar la riqueza de su aproximación a la tercera dimensión.
Desde la ocupación de descansos y la utilización de los huecos de la escalera pasando la visión lateral de sus chapas de madera calada, hasta el erguirse airoso de sus obras de perfil agudo o de formas ascendentes, en todos los casos se percibe una complicidad curiosa entre las esculturas y el contexto arquitectónico.
Los calados en madera surgieron del recuerdo de dibujos de flechas que hacía en la adolescencia. Si en este caso aparecen como Tramas y entramados, hay que reconocer que lo sagital, lo direccional, ha tenido un papel importante en su hacer.
El perfil de los calados se encadena con formas que, al volverse volumétricas, se transforman en la serie Bichos.
Lizaso modifica los elementos a través de los cuales establece su juego. Si en los calados la sombra proyectada se hacía coprotagonista, en Cada vuelo una trampa el quid pasa por el contraste creado entre los planos paralelos con distintas direcciones y las delgadas varillas de hierro, que hienden el espacio, aéreas, ingrávidas, señalando la dirección del vuelo.
No faltan ejemplos de la serie Samsara, término que en algunas doctrinas de Oriente alude al ciclo de nacimiento, vida y muerte, en los cuales su recomienzo es significado por la forma circular. Nuestra artista los utiliza en piezas más rotundas como columnas con gradientes que avanzan o retroceden, cubiertas de colores vibrantes.
Una vez más, con esta exposición ha quedado confirmado el destacado lugar que Ana Lizaso ocupa dentro de la escultura.
NELLY PERAZZO
