Durante noviembre de 2012 las artistas venezolanas Amalia Caputo y Esperanza Mayobre, ambas residentes en Estados Unidos, compartieron simultáneamente dos espacios expositivos que acogieron obras recientes y no tan recientes, abordando diversos temas como la relación entre el espacio y la identidad; la memoria personal y los objetos; los estereotipos femeninos y el derrumbe como leitmotiv de la contemporaneidad.
En La Caja del Centro Cultural Chacao, Caputo mostró Transferencias, una instalación compuesta por tres paredes cubiertas con 1800 pequeñas fotografías de 15,2 x 10,2 centímetros, donde la artista había registrado sistemáticamente sobre un fondo blanco objetos personales, desde entradas a conciertos hasta ropa y zapatos, encapsulados en pequeños paquetes plásticos transparentes. Simultáneamente, un televisor presentaba las mismas imágenes una tras otra, y en el medio de la sala se hallaban tres mesas llenas con los objetos reales que podrían ser intercambiados por cualquier objeto que el espectador quisiera dejar allí. La instalación se centró en el contraste entre la invitación al intercambio íntimo a través de los objetos (para enfatizar su peso emocional y papel como vehículos de historias personales) y el inventario fotográfico ecuánime de los objetos, dispuestos de manera despersonalizada en forma de un mural de escala monumental. Pero al desmontar la memoria personal de los objetos sometiéndolos al archivo autómata de la cámara queda ambigua la postura hacia el discurso fotográfico como medio memorioso: duda que fue acentuada por la presencia del televisor, que en vez de aportar un elemento adicional al discurso instalativo redundaba al repetir las mismas fotografías.

En esta misma institución, la instalación, Tierra a la vista (2012), de Mayobre, incluye un videoperformance proyectado por seis monitores colocados en el piso, donde la artista barre el piso desde la Estatua de la Libertad hasta las Naciones Unidas, en Nueva York, usando una escoba que también lleva la bandera del inmigrante. La historia del inmigrante español Rodrigo de Triana, que arribó con Colón en el siglo XV, sintetizada en rótulos en la pared, expandió el performance vía una analogía elocuente para trazar un marco histórico más complejo para el tema de la inmigración. A su vez, una fotografía impresa recoge el performance de Mayobre, construyendo una monumentalidad irónica a partir del contraste entre su labor manual “abanderada” y una efusiva “fuente” de chorros de agua de un barco que pasa a sus espaldas. Un ingrediente menos contundente de la muestra fue la instalación Museos viales (De Caracas a Golindano, 2012), de 102 pequeñas fotografías de distintas vallas de publicidad vacías, registradas en 450 kilómetros de carretera entre Caracas y el golfo de Cariaco, cuya repetición del vaciamiento de contenido no alcanzó la densidad de connotación que se acostumbra ver en la obra de Mayobre.
Las dos expusieron también en la Galería Artepuy. La exposición Dibujos incluyó un conjunto de cuidadosos y pulcros dibujos recientes de Mayobre. Éstos fueron impresos digitalmente con láser sobre papel en tonos muy tenues, y su leitmotiv central fue la reiteración de estructuras rectangulares amontonadas de diferentes y caóticas maneras. Plantearon así escenas luego de una deconstrucción, para sugerir el derrumbe generalizado de un orden pretérito donde, en vez de plantear la ciudad como un organismo vital, las claras alusiones al espacio urbano lo reconstruyen como un cementerio de estructuras fallidas.

En Obras recientes de Caputo se presentaron ocho cuerpos de trabajo fotográfico que abarcan el período 2002-2012, formando, más que una muestra de trabajo reciente, un minipanorama de sus indagaciones de la última década sobre el cuerpo como territorio estereotipado, donde se generan discursos sobre el género. En Masculine feminine (2002) se explora este tema a través del cuerpo desnudo acéfalo y anónimo, que es contrastado con moldes de maniquí u hombreras de torero. En Heroínes (2007-2012) se juega con el binomio de la cohibición y liberación del cuerpo femenino; en una imagen el cuerpo es enjaulado y la mujer sostiene afuera un pájaro (símbolo de libertad); mientras que en otra se interviene de forma irónica el cuerpo al mostrar un perfil desnudo de la mujer, cuyos senos están cubiertos por un aparatoso objeto de plástico –entre cohete y falo– que recuerda por analogía el simbolismo de la virilidad y la masculinidad. Los conjuntos de llaves que se contrastan con el cuerpo desnudo de imágenes de la reciente serie Entrance (2011-12) también siguen esta línea y demuestran la coherencia del discurso fotográfico de Caputo en cuanto medio para crear imágenes que cuestionan roles sociales consensuados.
A pesar de que ambas exposiciones se organizaron bajo una sola curaduría, carecieron del fomento de vínculos entre los trabajos, ya que el diálogo fue relegado a su simultánea presencia en el espacio expositivo. En este sentido, el concepto curatorial careció de un tejido sinérgico para guiar al espectador, dejando así la duda sobre el motivo para combinar, en vez de separar como exposiciones individuales, las obras de Mayobre y Caputo.
LISA BLACKMORE
