Alexandre Arrechea

Seagram, 2013. Acero. 600 x 287 x 103 cm. (20 x 9 2/5 x 3 1/4 pies).

Primer Planojun 2013 - ago 2013· Por John Angeline

Alexandre Arrechea

Magnan Metz y Park Avenue

El cubano Alexandre Arrechea comenzó su carrera profesional como miembro de Los Carpinteros. A partir de esta asociación se pueden ver ciertas conexiones obvias en las obras del artista, incluido un interés por socavar los territorios controlados mutuamente por el arte, la arquitectura y el diseño, y explorar medios formales innovadores para transmitir las diversas formas y objetos que pueden producirse dentro de estos territorios compartidos. Sin embargo, es quizás incluso más importante la sensibilidad compartida con respecto a que las inquietudes formales y los temas sociales no se excluyen mutuamente, y que la alegría y el ingenio pueden ser subversivos y significativos.

Arrechea tuvo la oportunidad de demostrar esto con su importante proyecto No Limits, en Nueva York, realizado como un esfuerzo grupal en colaboración con el Departamento de Parques y Recreación de la Ciudad de Nueva York y el Fondo para el Comité de Esculturas de Park Avenue. Situadas en cada extremo de las medianas que van a lo largo de Park Avenue en el centro de Manhattan, se encuentra una serie de grandes reinterpretaciones escultóricas de edificios icónicos del histórico Manhattan. Estas enormes esculturas son a la vez amorosamente reverentes y risiblemente deconstructivas. Al examinar de cerca cada una de las obras se revela la meticulosa atención que se puso en cada pormenor, desde los orificios de la ventana temporal hasta cualquiera de los detalles escultóricos o de moldeado. Al mismo tiempo, estos edificios fueron recontextualizados en formas imposibles, ridículas: el clásico y monolítico edificio de Seagram, por ejemplo, ondula ahora hacia arriba, serpenteante, desde un soporte, como si fuera una gigante manguera contra incendios. El edificio del Citygroup está encaramado sobre un colorido trompo de juguete de un modo que podría llamarse caprichoso. Y con especial elegancia, el edificio Flatiron, esa inquebrantable Dama de Hierro que ayuda a afianzar la loca desembocadura donde chocan y se cruzan Broadway y la Quinta Avenida, fue izado a lo largo de un ángulo, colocado sobre un poste y suspendido como si fuera una bandera liviana.

Primer Plano: Alexandre Arrechea — imagen 1
Chrysler (Sin límites), 2013. Acero. 425 x 194 x 272 cm. (14 4/5 x 6 2/5 x 8 pies).

Todas esas opciones creativas están llenas de fantasía y tienen un innegable valor como entretenimiento. Como arte público, poseen un evidente atractivo para muchos espectadores, desde los que miran por casualidad hasta los entendidos más críticos, y desde los turistas que visitan la ciudad hasta aquellos que conocen bien estos edificios. Sin embargo, a pesar de que están ahí, a la vista de todos, nos hacen reflexionar. ¿Qué puede significar para un artista e intelectual nacido y educado en uno de los pocos países que en la actualidad ha logrado, por lo general, evitar rendirse ideológicamente a la hegemonía del capitalismo global, estar comprometido con un proyecto basado en estructuras que, en general, personifican esa sensibilidad empresarial? Prácticamente todas las estructuras de la muestra representan una importante entidad corporativa o financiera; casi todas fueron construidas y desarrolladas como proyectos privados o empresariales. Es conmovedor ver esas altas y rectas estructuras de fuerza y poder representadas como flexibles y serpenteantes o livianas o a merced de los caprichos del destino, como un trompo de juguete. En el momento del supuesto gran triunfo del capitalismo global, estamos en las profundidades de una recesión mundial, mientras las propias instituciones responsables de que esto esté sucediendo actúan con una corrupción cada vez más manifiesta, bajo la premisa de defensas como “Demasiado grande para fallar”, un concepto risible y a la vez aterrador.

Además de las obras de Park Avenue, la galería Magnum Metz está exhibiendo una concreción más plena de la visión de Arrechea. Incluidas en esta exposición hay docenas de esculturas más pequeñas, hechas sobre los mismos temas de las más grandes. Aunque se les denomina “maquetas”, no todas fueron convertidas en versiones más grandes, y todas ellas pueden sobresalir por sí mismas. El hecho de que sean de menor tamaño permite un uso de materiales y una sensación de lúdica de la forma un poco más amplios —en este tamaño todas se parecen más a un juguete—, y, por supuesto, para todos los espectadores hay una nueva sensación de lo desconocido cuando se conectan con estos gigantes íconos representados en una relación diferente con nuestro propio cuerpo. Para aumentar la experiencia visual, hay una serie de obras sobre papel: vivas acuarelas con definidas composiciones dinámicas que parecen dar vida a estas fantasías arquitectónicas; y una serie de litografías crudamente compendiadas que convierten estas nuevas estructuras en poderosos logotipos empresariales para la nueva era.

En años recientes, Arrechea ha estado atrayendo en gran medida la atención internacional. Representó a su país nativo en su primer pabellón en la Bienal de Venecia de 2011 y ha estado comprometido con curiosos proyectos alrededor del mundo. Si puede mantener esta armonía entre un humor cautivador y una inteligencia incisiva, entonces, valdría la pena seguirle los pasos a su carrera por algún tiempo.

JOHN ANGELINE

Historiador de arte.

Alexandre Arrechea, por John Angeline | artnexus