Para su primer muestra individual en la Galería Xippas de Montevideo, Yamandú Canosa (Montevideo, 1954), artista uruguayo radicado en Barcelona desde 1975, presenta una serie de dibujos, pinturas y collages organizados en el espacio, creando múltiples narrativas que se intercalan entre sí. Los cuadros, en su mayoría de pequeños y medianos formatos dispuestos a lo largo de una misma línea horizontal (a 165 cm del suelo) sobre las seis paredes que comprenden los dos espacios anexos de la galería, forman series que puntúan ritmos musicales o capítulos literarios. La línea del horizonte es un elemento que está presente en su obra hace muchos años, fruto de su intrínseca relación con el paisaje abierto y los horizontes infinitos de la costa atlántica sur de su país natal.
De hecho, desde 2001 el artista tiende a marcar esta línea en intervenciones site-specific compuestas en general de planos de color en composiciones geométricas pintadas directamente sobre las paredes, introduciendo de esa manera una espacialidad propia al espacio expositivo. Estos campos de color y forma adquieren una función de fondo ambiental para las obras independientes, a la vez que determinan una perspectiva óptica para la mirada del espectador. Relacionan el espacio exterior con el espacio imaginario, y la memoria y el inconsciente en relación con la experiencia del ojo-cuerpo frente al paisaje. (Su muestra de 2006 Three Spots, en la Otis College Ben Matz Gallery de Los Ángeles, consistía en un diálogo intenso entre pintura de pared y obras autónomas dispuestas sobre estas intervenciones in situ: planos de color verde-agua que cortaban las paredes al medio, un muro de ladrillos verde-azul, un bosque blanco). No obstante, esta dimensión de plano-fondo, interior-exterior, está ausente en esta exposición. Aquí las paredes se mantienen lisas y el cubo blanco se impone. Las obras se insieren en el espacio con más timidez y surge la pregunta “¿Por qué no se han tocado las paredes?”. Por otro lado, la neutralidad del ambiente expositivo les permite respirar de manera más autónoma; si bien para el conocedor de la obra de Canosa esta decisión sorprende, se perciben a la vez un silencio y la invitación hacia una contemplación y detección de las sutilezas gráfico-poéticas propuestas por el artista en las relaciones que plantea entre cada obra.

En su muestra retrospectiva realizada en 2011 en la Fundació Suñol, en Barcelona, titulada El árbol de los frutos diferentes, el artista ya enfatiza la importancia que le otorga a la autonomía de cada imagen, a pesar de que el diálogo entre ellas sea fundamental, como las palabras que componen un texto. Inspirado en la obra de la poeta uruguaya Amanda Berenguer (1921-2010), una de las exponentes de la fervorosa generación literaria del 1945 en Montevideo, Canosa busca entregarse a la experimentación dentro del propio lenguaje y su relación con la percepción, huyendo siempre que puede de los resquicios que van marcando estilos plásticos específicos. Cada obra de Berenguer se diferencia de la anterior, y el esfuerzo está puesto en el estudio del lenguaje más allá del significado de la palabra; la poetisa adentra en el universo de la sonorización, la fonética y la letra como signo e imagen característicos de la poesía concreta. Los primeros dibujos de Canosa fueron estudios de poemas de Berenguer, en los años 1960. Cuarenta años más tarde, poeta y artista se juntaron para realizar una muestra dedicada a pensar las diferentes manifestaciones del paisaje –entre imagen, texto, signo–, en el Centro Cultural España de Montevideo (2005).
La obra como núcleo narrativo autónomo, la exploración de los límites del lenguaje, el poema-paisaje, la ecuación, el metalenguaje: hay una estrecha conexión entre el arte y el universo literario en la obra de Canosa, al punto que algunas pinturas en la muestra despiertan reminiscencias caligráficas y sígnicas, su dibujo se acerca a la ilustración y sus instalaciones, al diseño gráfico. Esta muestra en Xippas acentúa la estrategia de constelación que emplea el artista en sus montajes, donde pequeñas formas e imágenes independientes, y cargada cada una de por sí de significado propio, adquieren nuevas lecturas al incorporarse a una construcción mayor. La serie de cinco óleos sobre papel titulada Viento sur I-V (2012), respectivamente, no está agrupada en el mismo espacio, sino dispersa, de modo que al desplazar cuerpo y ojo por la “línea h”, el espectador detecta los diferentes “vientos sur” entre otras obras igualmente abstractas y compuestas de tinta óleo sobre papel, como Fronteras y Horizontes heridos. Y entre estas constelaciones abstractas se encuentran ilustraciones figurativas hechas con gouache sobre papel que rompen la lógica de la composición concretista, como la figura de un hombre que cae tres veces, en Tres caídas (2006); la cola de un avión, En el Viento(2007), y Solo (2008), compuesta de tres siluetas de una mujer que canta sobre un suelo bajo el cual crecen raíces. Se intercalan estas diversas series, obras singulares que divergen enormemente, como es el caso del dibujo de un iceberg de estilo mecánico y surrealista realizado con carbón (1999), o Terraforming (2012), obra realizada con gouache, óleo, esmalte sintético y un CD sobre papel, donde se confunden primer plano y fondo; contornos alpinescos resuenan como partituras musicales, y el objeto CD evoca con humor un sol que se pone detrás de las montañas.
El artista juega con las obras y con las formas de ver y percibir lo que nos rodea. Dentro de cada cuadro los planos ópticos se confunden, exigiéndole al ojo reajustes continuos entre perspectivas verticales y horizontales, entre profundidad de campo y planos chatos. Y los mismos juegos se repiten en la disposición de las obras en el espacio, no como piezas de un puzzle, sino como notas musicales que producen sonoridades (narrativas/compositivas) completamente diferentes dependiendo del lugar que ocupen en la secuencia propuesta. Esta estrategia compositiva despierta cuestiones fundamentales acerca de la percepción, y más específicamente, en relación con el universo de las artes visuales, con el lenguaje expositivo en sí mismo. ¿Qué significa realizar una muestra en un espacio expositivo, más allá de la exhibición de obras de arte? ¿Cómo adquieren sentido las obras cuando son expuestas, de qué manera, y cómo, la experiencia expositiva puede otorgarle nuevos sentidos a la obra?
VERÓNICA CORDEIRO
