Con casi veinte años de existencia, la Bienal Internacional de Estandartes ES2012 llega en su VIIª versión a una madurez que además de consolidar lo que ha sido a lo largo de su trayectoria, certifica su validez como un espacio de discusión y revisión de propuestas visuales fundamentalmente de creadores contemporáneos.
Por primera vez se exhibieron todas las obras premiadas en versiones anteriores. La presencia de los trabajos de la mexicana Helen Escobedo (…), Eduardo Tokeshi (Perú), John Valdez (USA), José Morales (Puerto Rico), Daniel Joseph Martínez (USA), Delcy Morelos (Colombia), Ricardo Lanzarini (Uruguay), Aldo Guerra (Tijuana, México), Paulo Climachauska (Brasil), y Ana Quiroz (México), conformó uno de los espacios simbólicos de mayor fuerza en esta versión.
Colocados en círculo en el amplio vestíbulo del Centro Cultural Tijuana (CECUT), estas enormes piezas que habían sido las protagonistas en versiones anteriores y ocupado los lugares preponderantes de reportajes y revistas, se encontraban ahora todas cara a cara, como si se mirasen entre sí y conformasen de esa manera una suerte de memorial de esta Bienal Internacional de Estandartes.
La inusual reunión de estos trabajos hace evidentes no sólo las distintas maneras expresivas de quienes participaban en cada una de las versiones, sino también los perfiles de los jurados quienes, transfiriendo muchas veces sus más íntimas obsesiones, dejaron en claro lo que a los años visto es una especie de documento visual de preferencias, filias, discursos, modas, estrategias y discursos que ahora conforman la parte medular de la historia de esta Bienal.
Compuesta por 22 creadores, la VII Bienal que como todas tuvo como curadora en jefe a la Mtra. Marta Palau, generó una clara disociación entre los participantes. Entre los seleccionados, se encontraban figuras de la talla de Felipe Ehrenberg, Arnaldo Coen, Marta María Pérez Bravo, María José de la Macorra, Carolina Paniagua y quien resultase el ganador de esta versión: Flavio Garciandía.

Se trata en todo caso de un compacto grupo de figuras de alta representatividad en la historia de la plástica latinoamericana contemporánea quienes, no obstante sus potentes y propositivas trayectorias, enviaron obras cuyo divorcio con las propuestas espaciales y formales requeridas para este evento, ocasionaban que su trabajo fuese vistoapenas en perspectiva, delatando una distancia conceptual y depercepción del espíritu de los estandartes.
Salvo la pieza ganadora, los trabajos de los antes mencionados dejaron en claro que no obstante el manejo impecable de las estéticas que les han llevado a ocupar lugares de influencia en las artes visuales, su alejamiento de estrategias expresivas actuales es patente, lo que ha redundado en esta versión en una suerte de disonancia estética.
En su obra Declaraciones (o Advertencia: estas declaraciones no constituyen una obra de arte), Flavio Garciandía convenció al jurado compuesto por Bélgica Rodríguez, de Venezuela, Rachel Weiss de Estados Unidos, y quien esto escribe, por México, de que su propuesta era indudablemente una recopilación conceptual del pensamiento contemporáneo relacionado con la vida artística y sus reglas.
Lleno de humor e ironía, este estandarte realizado como impecable pieza de diseño tipográfico en rojo y negro, recoge frases como “El derecho de todo artista a abandonar cualquier estilo, incluso el propio y regresar a su estilo”, “El derecho a gustar de Botero (o de quien quiera que sea que a uno le guste)”, “Un artista no debe depender del consumo de sustancias tóxicas y/o adictivas para hacer su trabajo (o sí, porqué no)”o el ya clásico “Todo artista debe saber que la técnica es la técnica, y sin técnica no hay técnica (Teófilo Stevenson dixit)”. Decenas de sentencias, una detrás de otra y apenas separadas por la puntuación, se encuentran en español por un lado y en inglés por el otro.
Marcando una clara diferencia con el primer lugar, la obra de Carlos Tapia, de corte meramente costumbrista y afincada más en el terreno de lo artesanal, no obtuvo votación unánime aunque sí mayoritaria, por lo que el otorgamiento del segundo lugar a su trabajo polariza extremosamente la selección de piezas premiadas. Gatos sobre cochecitos, cúpulas de iglesias de las que salen rayos de luz, paisaje pueblerino y colores emanados de textiles costarricenses, sitúan este estandarte más en el terreno de lo decorativo que en el campo de una revisión de los temas que por años han caracterizado la Bienal de Estandartes.

La única mención otorgada recayó sobre el trabajo de Teresa Villareal, quien con su obra Vecinos cercanos. Obtuvo esta distinción al hacer un importante comentario respecto de las desigualdades presentes en las concentraciones urbanas, y marcar con ello las diferencias formales de los conglomerados contemporáneos. De un lado del estandarte, encontramos un edificio de gran actualidad y con clara propuesta arquitectónica. Se trata de uno de los nuevos gigantes que se han levantado en los últimos años en la zona de Santa Fe, en la ciudad de México, y que comparten espacio con abigarrados asentamientos populares que estaban en esa misma zona desde décadas atrás.
Originalmente clasificados como “asentamientos irregulares”, estas casas iniciaron su vida en la entonces periferia de la ciudad donde se levantaron, por manos de quienes las habitarían, grupos de viviendas cuya estética es muy similar en muchas ciudades latinoamericanas. Los problemas de sobrepoblación debido no sólo al crecimiento demográfico sino a las recientes migraciones, es uno de los temas nodales de la urbanística contemporánea.
Sobre uno de estos tópicos clave es que reflexiona la pieza de Camila Cárdenas, quien aborda los avatares de “La bestia”, tren que inicia su recorrido en la frontera sur de México, cargado de inmigrantes que se dirigen a Estados Unidos y quienes en su camino sufren robos, vejaciones, secuestros y muy poca ayuda que generalmente es brindada sólo por asociaciones humanitarias o civiles, como es el caso de las llamadas Patronas, quienes se reúnen cuando se les requiere para dar al paso del tren por su comunidades, agua y víveres a quienes van literalmente colgados de los vagones del ferrocarril en busca de su sueño a la frontera con Estados Unidos.
Las fauces de la bestia es el título de la obra que es dueña de una notable economía de medios y que contiene, en uno de sus lados, la frase “Libre tránsito a centroamericanos” y en el otro, los nombres de las principales ciudades que va tocando este tren sobre el que incluso ya se han hecho películas y documentales.
Como todo certamen que se respete, esta VII Bienal Internacional de Estandartes ES2012 no estuvo exenta de sobresaltos. Uno de los invitados por la Curadora en Jefe fue Ángel Valrá. Pintor residente en Tijuana y conocido localmente por su levantisco y turbulento carácter, y quien no envió una pieza con el perfil esperado por la curadora, aunque sí dentro de los cánones y especificaciones de la convocatoria. Se trataba de una bandera mexicana, hecha a la medida de los estandartes (500 x 180 cm), y que conservaba todos y cada uno de los elementos ortodoxos del lábaro patrio, incluyendo el escudo y los colores.
Se corría el riesgo de que hubiese posibilidad de aplicar la estricta legislación vigente en México respecto del correcto uso de los símbolos patrios, por lo que el jurado, aún no encontrando impedimento alguno para exhibir esta pieza en un espacio artístico y calificarla, decidió respetar la solicitud expresa de la curadora Marta Palau de retirarla. Evidentemente, y como era de esperarse, hubo incomodidad por parte de Valrá quien el día de la premiación supervisó discretamente el reparto de volantes que le reivindicaban y posicionaban.
En esta edición, además de los ya mencionados, participaron también Lola Bolarín Marín (España/México), Adal Maldonado de Puerto Rico y Jonidel Mendoza de Venezuela. Ulises Figueroa, de Tijuana Carolina Castañeda, Arturo Varela Acuña, Abel Salazar y el grupo Colectivores integrado por Ricardo Silva, Alejandro Jara y Pablo Vega; y de Mexicali Gabriela Buenrostro, Francisco Coronado, Eder Lindorfe, Cristina Luna Ávila y Marco Miranda.
La Bienal de Estandartes, aparentemente blindada y a prueba de los más difíciles avatares políticos y presupuestales por los que ha debido atravesar, es indudablemente uno de los eventos referenciales en la zona norte de la República Mexicana, específicamente en la parte colindante con Estados Unidos donde dos ciudades potentísimas y de gran presencia cultural como los son Tijuana y San Diego, se encuentran y conviven cotidianamente contradiciendo los engorrosos procedimientos y dejando claro que los flujos migratorios van mucho más allá del simple cruce físico de garitas de inspección.
El futuro de este evento y el aseguramiento de su supervivencia, no estriba ya en los vaivenes presupuestales, tanto como en el diseño estratégico de inserciones en los circuitos actuales de circulación de bienes culturales que recibirán, de buena gana indudablemente, todo aquello que venga avalado no sólo por la solvente historia de esta Bienal Internacional de Estandartes, sino también de un apego a las formas expresivas más recientes.
Los temas a revisarse cobran cada día mayor vigencia en tanto México y Estados Unidos diseñan complicadas agendas en temas migratorios, comerciales, arancelarios, flujo de armamento o sustancias no permitidas. Colateral a esto, empresas transnacionales van marcando el paso de las microeconomías regionales que tímidamente alzan la voz para cuidarse de semillas transgénicas, imposiciones laborales adversas o simplemente voltean la mirada reivindicatoria a historias locales.
Todo esto es el espíritu fundacional de la Bienal Internacional de Estandartes fundada por Marta Palau. Así como es posible lanzar una lectura a su historia a partir de las obras premiadas (ahora en exhibición), a lo largo de su existencia, es imperante en este punto que no se den por alto las motivaciones que le dieron partida de nacimiento y que siga siendo, adecuada a las maneras expresivas contemporáneas y echando mano de lenguajes actuales, un bastión expresivo de las comunidades de creadores visuales que han demostrado, a lo largo de más de veinte años de esta Bienal, lo mucho que aún queda por decir, delatar, evidenciar, denunciar.
SANTIAGO ESPINOSA DE LOS MONTEROS

