Durante los últimos meses asistí al crecimiento de unas sillas de la serie Mobilia Tomada (Mobiliario Tomado) de Rodrigo Bueno, parte de la exposición Matuto al Cubo, hoy en la galería EstúdioBuck de São Paulo. La silla en cuestión es típica de tía, estilo francés, sus paticas arqueadas se van afinando hasta tocar el suelo, tal como si estuviera empinándose para minimizar su contacto con el mundo, y una tapicería florida de verdes, fucsias y violetas le brinda su distintivo.
En ires y venires, la silla fue a parar a un basurero, y del basurero fue al taller de Rodrigo Bueno, quien sembró, entre la vegetación bordada, algunas plantas reales, cuya característica principal está en copiar, repetir o reproducir los tonos del tapiz, creando una fusión cromática y proponiendo, con ello, un juego de tiempo y representación. En esta obra, son las plantas reales las que copian el dibujo, no es el dibujo, entonces, el que copia la realidad.

Entre los otros muebles que componen la instalación, hay un sillón rojo encendido que lleva una bromelia verde justo en la cabecera, lo que establece un nuevo diálogo cromático, esta vez por contraste, y no por similitud. Opuestos, el rojo y verde se rechazan y se atraen, se detestan y se quieren, pues cuánto de rojo es necesario ponerle a un verde para que tome consistencia, y viceversa. Un sofá marrón sirve de receptáculo a unas plantas cuyos tallos delgados se extienden hacia lo alto, a la vez que, con el peso de su tierra, llevan el mueble hacia abajo, casi hasta volverlo suelo. Lo que lo convierte en un objeto que merece dos descripciones: pesado como un mamut y liviano como una libélula.
Mobilia Tomada –y el trabajo de Rodrigo Bueno en general– me lleva a una relación con la Naturaleza Muerta, género humilde, en el último grado de la jerarquía renacentista que seguía el árbol de Porfirio, pirámide que planteaba un orden de valor para las obras representativas. Así, primero estaban los temas históricos y los actos estatales, seguidos de los retratos, para luego dar paso a los paisajes, teniendo en último lugar los bodegones, pinturas de objetos inanimados que, además de no tener alma, se mantenían inmóviles (muertos) durante el tiempo de ejecución de la obra.
Ahora bien, este menor grado jerárquico permitió introducir en la naturaleza muerta una espontaneidad de lo cotidiano, un desorden desconocido por el cuadro histórico, pues mientras éste trataba de la cumbre del devenir, ella presentaba apenas lo ordinario y pasajero. Tipo de tiempo mundano que, en el siglo XVII, se convirtió en advertencia, el bodegón descubría las vanidades del mundo y, más aún, la fatuidad del arte, de esos engaños coloridos que acostumbran pasar por imágenes perennes. Desde la hoja marchita hasta la calavera, la naturaleza muerta se presenta como transcurso. Mobilia Tomada se relaciona con el género; ahora bien, más que una cuestión de tema –hojas, flores y receptáculos–, porque hace tangible la condición mutable.
Las composiciones de madera, en otra sección de la muestra, establecen una relación con el pasado. Ensamblajes que recuerdan al Concreto del Brasil de los años cincuenta, pero que, a diferencia de éste, en vez de regularizar las partes, enfatizan las singularidades. Cada fragmento articulado muestra el camino de la madera, revelado tanto en el hecho de haber sido mueble como en el hecho de haber sido árbol. De lo que deviene en un Concreto espontáneo, o un concreto anticoncreto, en el que la memoria se sobrepone al futuro.
Relación con la memoria trabajada por el artista en otras obras y por otras vías. En la exposición realizada en agosto de 2012, en el MAM de São Paulo, Bueno proyectó una intervención en torno a los dioses africanos o orixás. En ella, un círculo de objetos –alimentos, plateas, frutas, metales, plantas– ubicados directamente en el suelo estaba organizado por segmentos, correspondientes a un orixá determinado, lo que implicaba una disposición cromática, pues, tal como explica Rodrigo Bueno, cada una de estas deidades tiene tonos específicos; mientras que Oxúm se va por los dorados, a Iemanjá le gusta el blanco. Es curioso, las naturalezas muertas griegas nacieron de las dádivas a los dioses, de la ofrenda; así, volvemos una vez más al género, pero ya no por la advertencia del barroco, sino por el tiempo ritual capaz de anular la sucesión, para condensarla en un presente pleno.
La obra de Rodrigo Bueno se abre, entonces, como posibilidad de otro tiempo, otro transcurrir que, en Mobilia Tomada, particularmente se condensa en la avanzada en reversa de la silla, ora porque plantas reales copian sus propios retratos al repetir los colores, ora porque su madera, después de haber sido mueble, quiere convertirse en árbol.
JULIA BUENAVENTURA
