Unfathomable, la reciente muestra del artista venezolano-americano Rafael Barrios (Baton Rouge, Luisiana, 1947), nos ilustra acerca de lo que no podemos medir, de lo inmenso, lo indescifrable. La treintena de obras expuestas abarcan lo que ha sido la constante problemática del artista a lo largo de su carrera, el intentar desafiar y desarticular la percepción del espectador mediante el engaño óptico y el tratamiento del volumen, procurando burlar las leyes de la bidimensionalidad y la tridimensionalidad, y apuntando a la imposibilidad de asir o comprender cómo sus piezas –aparentemente pesadas– logran elevarse y ascender en progresiones hacia el cielo, cual tótems erguidos.
Barrios, inserto en la tradición de la abstracción geométrica, así como del arte óptico, la investigación espacial y el trompe-l’oeil, utiliza las formas geométricas elementales como el cuadrado y el rectángulo, así como sus análogos, rombos, trapecios, cubos y cilindros, y trabaja fundamentalmente la escultura y la instalacion, al mismo tiempo que proyecta intervenciones en la arquitectura. Durante estas cuatro décadas ha producido tambien piezas conceptuales, otras utilitarias, como mesas y puertas, y más recientemente, joyas. En 2012 presentó una muestra monumental de nueve esculturas de acero inoxidable en la concurrida Park Avenue de Nueva York, y como eco de esa gran instalación urbana, presenta ahora, para la Galería Art Nouveau, obras de una escala más íntima y doméstica, con piezas que continúan su línea de trabajo más reciente, así como experimentos, bocetos, obra inédita y alguna pieza histórica.

En la muestra se confirma la constante de la geometría ascendente de Barrios, caracterizada por el estudio del volumen, el color, la luz, las progresiones matemáticas y la gravedad. En su obra prevalecen por sobre toda lectura, el engaño óptico y el guiño lúdico con el espectador en torno a la percepción del volumen. La luz cumple un rol importante también, ya que, según la misma, cada obra se percibirá de una forma o color distinto, y nos habla de la naturaleza cambiante de las cosas, así como de la esencia primaria de los materiales y de la luz.
Además de su apego por la racionalidad geométrica o la insistencia formal, existe en su cuerpo de trabajo la idea de que la creación es más bien un acto de transformación, en el sentido más espiritual, en el que, si bien no hay intención narrativa, se asoma un flanco de intención mística, en cuanto a la conexión directa que se entabla con la idea de la elevación, como acontece en Malabarismo lineal II M55, o Vertical dislocado en 3 tiempos M59 y Nimbus, de producción reciente, o en Irradiación de Glorias M56 (2011), en la que el nombre hace referencia directa a la conexión con lo divino.
Es ese instante de encuentro visual de su obra con el espectador el que quizás sea el momento más importante en su trabajo. El espectador se ve obligado a rodear la figura que aparece volumétricamente mayor de lo que en realidad es. Planchas de hierro o acero, sólidas o perforadas, indican volumen, pero apenas lo tienen. La percepción de volumen sólido viene dada por el trabajo de dobleces tanto cóncavos como convexos de las planchas relativamente planas y el uso del color, que enfatizan estas cavidades o protuberancias logrando así la desestabilización de la mirada.
Vale destacar del profuso conjunto expuesto un par de piezas singulares, que se divorcian claramente del conjunto, ya que rompen con los patrones formales del resto; la primera, Vertical dislocado M57 (1987), hecha en madera de caoba, que le proporciona calidez a la geometría característica y abre nuevas posibilidades de interpretación de su trabajo hacia una evidente relación con la naturaleza y la humanización de la misma. La otra, Congruente elipsis (2000), se suspende como un trío de óvalos huecos concéntricos en forma de móvil, rompiendo la rigidez del cuadrado imperante, y con el dominio de la recta sobre la curva en el resto del conjunto de la muestra.
El haber mostrado las obras inéditas, que en su mayoría salen directamente del estudio del artista en calidad de experimentos, juegos y proyectos por desarrollar, nos habla de un artista que continúa su empeño en resolver procesos y problemas técnicos de los materiales, el comportamiento del color y la forma, la negación del volumen, así como la tendencia a dinamizar la estaticidad mediante la introducción de lo movible, como sucede en las piezas Homenaje al maestro Cruz-Díez (2010) y en Derecha versus contrareloj, desde nuevas perspectivas. Son obras que no llevan necesariamente el sello ni las mismas preocupaciones formales o constructivas que caracterizan su obra más reconocida, sino que, por el contrario, son más conceptuales y experimentales, lo que abre una fresca dimensión al espectador acostumbrado a sus volúmenes ascendentes y descendentes, lo cual detona así posibles hilos constructivos futuros.
AMALIA CAPUTO
