Exposición Individualmar 2013 - may 2013· Por Carolina Lara

Patrick Steeger

Casa E

Patrick Steeger (1970) ha representado ciertas renovaciones claves en la escultura chilena contemporánea. En propuestas site specific, en intervenciones que han ocupado galerías o el espacio público, ha construido un repertorio de cuerpos que tras su apariencia minimalista esconden una raigambre local, vernacular, e incluso kitsch. Sus operaciones partieron por preguntarse sobre qué es y no es escultura en un mundo industrializado y de desechos, relacionándose al trabajo con el objeto, a la inventiva popular, a la experimentación, con materiales cotidianos y sistemas constructivos, con nuevas formas de hacer e instalar. En busca de la “vivencia” de la obra, más que de su contemplación, el lugar ha sido elemento clave para disposiciones donde se muestra cada vez más vinculado al lenguaje arquitectónico.

En Bordes y límites hace visible parte de una investigación de dos años sobre procesos y materiales industriales del ámbito de la madera, logrando un salto que traspasa los propios bordes de su trabajo, una producción –según vemos– ya en constante expansión.

Exposición Individual: Patrick Steeger — imagen 1
Patrick Steeger. Un nuevo paisaje, 2012. Molduras y led. 143 x 82 cm. (56 1/5 x 32 1/5 pulgadas).

La presentación en Casa E es definida por el artista como una “instalación de anomalías objetuales”, una puesta en escena de obras que se comportan como objetos del lugar: hay una serie de huecograbados blancos que repiten los relieves de detalles ornamentales y cornisas, confundiéndose con papel mural; molduras de madera que funcionan como marcos de cuadros o como materiales ensamblados de una columna escultórica; un cuadro romboidal hecho con madera pintada y luces RGB (Red, Green & Blue) luce como una pieza de decoración high technology que tiñe la sala de colores en la semipenumbra; y tres grandes piezas de vidrio negro, apoyadas desde el suelo al muro, son tres cuadrados perfectos que reflejan como espejos esta especie de hall de entrada a una antigua casona o a un club vanguardista.

Desde materiales y formas relacionadas con la arquitectura, Steeger pasa a referirse al objeto, y del objeto, al grabado o la pintura, luego al marco del cuadro, para tematizar también el cuadrado blanco de la galería, y con ello, la construcción victoriana que la alberga, un inmueble del siglo XIX enclavado en pleno Cerro Alegre, en Valparaíso, zona patrimonial donde varias de estas residencias son ahora hoteles boutique. El artista vuelve el lugar una “galería boutique”. Lo hace aparecer como casa, como galería, y también como un sitio turístico patrimonial. Como una habitación poblada de objetos decorativos, como un espacio donde se exhiben y venden obras de arte, o como una arquitectura susceptible a la especulación inmobiliaria. Steeger construye ecos de esos intersticios arquitectónicos, simbólicos e identitarios, haciendo obra desde sus relieves, sus cornisas, frisos y molduras, sobre sus tramas, sombras y reflejos.

En medio de estos cruces, el artista borra los límites entre arte y arquitectura, entre obra de arte y decoración. Son vaivenes estético-conceptuales que logra con suma sencillez, en una instalación que no ocupa más de cinco obras en pocos metros cuadrados, y donde cita además distintos momentos de la historia del arte, como el barroco, el neoclásico, el suprematismo, el minimalismo y el arte cinético. Nuevamente, la profusión de formas administrada por una visualidad ascética.

De algún modo, en la exposición el artista arma una propuesta bella y crítica a la vez: en la simpleza máxima, en la pulcritud y simetría, ofrece objetos del deseo, que no obstante son pura materialidad: papeles, vidrios, juegos de luces, madera. Objetos vacíos que no obstante logran que el lugar acontezca en todo su espesor.

El propio artista califica su puesta en escena como “un collage de puros modismos de arquitectura, de dermis o superficie que se vacía en su contenido, ya que el tema es su propia materialidad banal”.

Las soluciones formales parecen no tener tanto que ver con lo escultórico sino con los procesos mismos. Se descubren en el taller, siendo claves ciertos recursos industriales y tecnológicos donde logra transformar esos materiales simples en piezas de lujo. Es así como la madera ha sido intervenida con pintura para automóviles hasta adquirir un efecto reflectante, siendo el soporte del cuadro lumínico que cambia de color gracias a un sistema de control remoto; mientras que los vidrios pintados de negro pasaron por un proceso de pigmentación a alta temperatura hasta convertirse en citas al cuadrado negro de Malevich. Pero la obra ocurre en el lugar mismo, en el contexto. Allí Steeger densifica de contenidos esa objetualidad efectista.

Bordes y límites es de algún modo un límite en sí mismo. Traspasar el umbral de su entrada –el autor ha puesto una tapia que obstaculiza el tránsito a la sala– es ir a un otro lado donde la obra es la experiencia de un espacio seductor pero problemático, un backstage donde está en juego la objetividad de lo que vemos, preguntándonos hasta dónde la identidad de las cosas es un conocimiento ya categorizado en el imaginario cultural.

CAROLINA LARA B.

Patrick Steeger, por Carolina Lara | artnexus