La muestra de Marcolina Dipierro en la Galería Jorge Mara resume las búsquedas que esta joven artista viene realizando hace alrededor de cinco años. Las tensiones perceptivas entre el plano y el espacio son un eje importante de la búsqueda de Marcolina Dipierro. Sí; ella explora no sólo la ambigüedad entre las dos y tres dimensiones, sino también las calidades sensoriales que despiertan estos medios. Marcolina Dipierro indaga en las tensiones entre la homogeneidad del render digital y la porosidad del papel, entre las invariantes de la idea y los accidentes de materialidad.
El triángulo amoroso entre plano, espacio y arquitectura es, por ende, un hilo conductor de una pesquisa que la obsesiona hace algún tiempo. Le interesa situarse en ese punto de torsión entre el dibujo de la voluta y la voluta situada en la arquitectura; entre lo estructural y lo accesorio que se juega entre el edificio y sus ornatos. En torno a este problema y con ocasión de otra exposición de Marcolina Dipierro (Planograf, 2010), Teresa Riccardi reflexionó con una hermosa metáfora: Planilandia (Flatland, 1884) de A. Abbott era la entrada a sutiles composiciones geométricas que tensaban, en este caso, cuestiones de color, y a partir de allí le disputaban otra dimensión a la pared. En este sentido, el ejercicio que Marcolina Dipierro realiza en torno a esta tensión entre superficie de la obra y espacio real es deudor de las investigaciones de Lygia Clark tanto en los Planos en superficie modulada como en su serie Unidades.

Si bien nuestra artista encarama una larga tradición sudamericana en torno a la abstracción, la acción de Marcolina Dipierro sobre esta poética no es la repetición ad infinítum de una cuestión de forma –recorrido de muchos de sus cultores–; ella ha sabido modularla, transformarla y abandonarla cuando la reflexión sobre el espacio lo pedía. Fue el caso de la intervención en la escalera de Proa (RAM, 2010), donde rebatía sobre la pared los listones de ese eje fundamental de dicha arquitectura. También es el caso de Ficción encendida (CCEBA, 2009), muestra realizada junto a Julia Masvernat, en la cual buscaba deshacer la arquitectura a través de proyecciones de animación computada; o de la geometría intervenida con plantas que desafía la pretensión de la pureza abstracta (Agencia de Asuntos sub-tropicales, Espacio de Arte Contemporáneo, Montevideo, 2012).
La exposición realizada en la galería de Jorge Mara, acompañada de un completo catálogo, realiza una síntesis de estas búsquedas. Explora, en esta oportunidad, la volumetría del plano y la planimetría del espacio. En sus collages de papel cuadriculado hace saltar la rigurosa trama produciendo sutiles hiatos y sombras. Tanto la volumetría del plano como las variaciones de las líneas que conforman la homogeneidad de la trama son ligeros desencajes que provocan nuestra acción perceptiva. Marcolina Dipierro convoca destellos de las investigaciones del arte cinético en estas obras, aunque con menor insistencia sobre nuestras posibilidades perceptivas. A diferencia de los collages, las estructuras espaciales explotan su costado planimétrico: las “esculturas” ajedrezadas de madera o el dispositivo cuadrangular de hierro resaltan su costado lineal. Son producciones que buscan perder su tercera dimensión para diluirse en el papel o en la pared. En esa instancia entre la volumetría del plano y la planimetría del espacio está la potencia de esta obra sutil y reflexiva.
MARÍA AMALIA GARCÍA
