Exposición Individualmar 2013 - may 2013· Por Mónica Kupfer

Luis Cruz Azaceta

Allegro Galería

Vivimos en una época de creciente desequilibrio entre la humanidad y su hábitat. Sometemos el ambiente a un abuso constante, y la naturaleza ha respondido con reacciones violentas, a manera de tempestades, huracanas y terremotos. En la exposición titulada Terraforma, el artista Luis Cruz Azaceta, quien a lo largo de su carrera ha demostrado una sensibilidad particular por los malestares sociales y las tragedias humanas, voltea su mirada hacia los desastres naturales que afectan no sólo el bienestar del hombre, sino también la estabilidad del planeta.

Las pinturas de esta serie llevan títulos que hacen referencia específica a las catástrofes naturales y las consecuencias del cambio climático. Cruz Azaceta representa tsunamis y tornados, pero también siniestros que el hombre causa de manera más directa, como los derrames de petróleo y la lluvia ácida. Sin embargo, también nos recuerda las bondades de la naturaleza, en otros lienzos donde pinta un planeta Tierra vivo y lleno de color. Entre éstas, hay obras con títulos como Cubo verde, con sus triángulos en tonos de verde –que nos recuerdan las facetas de una piedra preciosa–, y Vista de la bahía, en la que nos imaginamos un mar azul que contrasta con el resplandor del sol sobre la tierra.

Exposición Individual: Luis Cruz Azaceta — imagen 1
Luis Cruz Azaceta. Óleo - Tierra, 2012. Acrílico y lápiz sobre lienzo. 122 x 244 cm. (48 x 96 pulgadas).

En esta serie predominan los fondos blancos, que el artista enmarca con líneas negras dibujadas a pulso y un tanto borrosas. Casi todas las composiciones se basan en un gran elemento semigeométrico central, dentro del cual Cruz Azaceta inserta las formas que protagonizan esta serie, que asemejan alteraciones climáticas o ambientales, tales como aceite derramado, nubes negras, lluvias, inundaciones o torbellinos. También incorpora líneas delgadas, puntos y múltiples elementos polimorfos, pero sobre todo áreas de pequeños triángulos repetitivos que luego rellena y dinamiza incorporándoles rayas paralelas, sombras, claroscuros o colores vibrantes. A pesar de la seria advertencia implícita en el tema, el efecto de las obras es divertido, incluso humorístico, y los colores, alegres.

En Tsunami III, por ejemplo, más de la mitad del recuadro central está cubierto por una masa acuosa gris, convertida en un espacio visualmente dinámico, por los cientos de puntos blancos y negros que la cubren. En ese espacio flotan como a la deriva unas formas que, a pesar de ser abstractas, nos recuerdan pedazos de ropa, de cuerpos humanos o de casas destruidas. Una línea diagonal de curvas como olas cruza el lienzo, que en su parte derecha tiene un área cubierta de los triángulos repetitivos que caracterizan toda esta serie. Finalmente, en el borde superior del recuadro, el artista incorpora el dibujo a lápiz de conjuntos de líneas, engranajes y poleas que conforman una suerte de maquinaria inventada por el hombre. Es un comentario irónico, pues con su desproporcionada pequeñez, y desde afuera, las máquinas obviamente no logran controlar el desastre natural.

Cruz Azaceta transmite un mensaje sobre la insignificancia y futilidad del esfuerzo humano, en contraposición a la enormidad de los efectos de la contaminación. El contraste impresiona en una obra como Nube lluviosa, en la que una enorme nube en tonos de blanco, gris y negro flota sobre un paisaje de triángulos coloridos que sugieren parcelas de fincas, campos verdes y montañas. La lluvia, como lágrimas blancas, cae de la nube hacia la tierra. Una sola máquina se posa por encima de la escena, donde se ve inútil, casi chistosa. En cambio, en Terra Carbon, todo el perímetro del “desastre” en el centro está cubierto con el delicado diseño de tubos, engranajes, péndulos e, incluso, torres petroleras. El dibujo en líneas negras parece nítido y preciso, pero una mirada más de cerca revela que tanto ahí como en el borde negro que rodea la composición, el artista deja la marca de borrones o imperfecciones como evidencia del proceso artístico, de la mano del hombre.

Aunque todas las obras en esta serie hacen referencia a la actividad humana, solo encontramos la figura del hombre en una de ellas. En El artista, un pequeño hombre vestido de saco y corbata aparece en el centro de un gran rectángulo blanco, parado sobre una tenue línea horizontal. Detrás de él hay otra línea más lejana, como un horizonte o un símbolo del pasado. Sobre su cabeza tiene una forma geométrica tridimensional en los colores primarios de rojo, azul y amarillo, como si cargara parte de su casa como sombrero. Encima de él flota un volumen extraño, como un nimbo oscuro con la forma de un componente electrónico o del vidrio en algún experimento de química. Las asociaciones nos saltan a la consciencia. Estamos frente a un hombre aislado del resto de la humanidad, sobre una tierra vacía, y que en la cabeza carga lo poco que queda de su hogar. No hay verdes ni tonos de tierra, y en el cielo no hay azul, sólo una nube negra.

Cruz Azaceta es un artista comprometido, con un sentido de responsabilidad que es crítico frente a los problemas de nuestro tiempo, sean éstos sociales, políticos o ambientales. A la vez, muestra un sentido del humor y una habilidad artística que invitan y seducen al observador. A lo largo de su carrera, ha mostrado una constante renovación desde su estilo expresionista inicial hasta el lenguaje más abstracto y geométrico actual, pero nunca ha dejado de entregar mensajes, incluso señales de alerta, que el mundo debería escuchar.

MÓNICA E. KUPFER

Luis Cruz Azaceta, por Mónica Kupfer | artnexus