Exposición Individualmar 2013 - may 2013· Por Mercedes Casanegra

Karina El Azem

Centro Cultural Recoleta

Una certeza persiste es el título de la exposición que Karina El Azem presentó a fines de 2012 en la sala J del Centro Cultural Recoleta; parte del complejo de la gran sala Cronopios, es un espacio más que adecuado para una muestra extensa, pero a la vez monolítica, por su temática y consistencia. La artista surgió en el panorama del arte argentino hacia los pasados años noventa, en los cuales se dio una tendencia a valorizar el diseño de gusto popular urbano. Con muchas variantes y conceptos renovados cada vez, el lenguaje artístico de El Azem es ya una marca propia: una tensión formulada entre formas seriadas ornamentales y balística, aunque de entrada la misma enunciación advierta la paradoja. La mirada general de las imágenes brinda lo decorativo, idea ajena y hasta repudiada por el establishment de los teóricos del arte, comenzando por varios funcionalistas, para continuar con otros del avanzado siglo XX, que marcaron su preferencia por un arte cada vez más conceptual. Entonces, el juego paradójico abarca este último término también: ornamento-violencia y ornamento-concepto. En la obra de la artista la combinación es sutil y potente.

En el arte antiguo, en algunas de las artes orientales, en el arte árabe, lo ornamental era principio básico de un gran desarrollo, sumado, a menudo, a sus aspectos simbólicos. En cambio, en Occidente, especialmente a partir de la modernidad, lo ornamental fue desplazado hasta que en la pasada centuria comenzó a interpretarse de otro modo a través de distintas corrientes. Así, la artista ha afirmado su interés en utilizar como eje de su trabajo la influencia de las artes ornamentales en el desarrollo del arte abstracto del siglo XX.

Exposición Individual: Karina El Azem — imagen 1
Karina El Azem. Vista de la muestra “Una certeza persiste”. De izquierda a derecha: 16 isoformas calibre 22, 2012. Impresión digital y objeto revestido de cápsulas percutadas. Calibre 22, 16 piezas de 60 × 60 cm. (25 x 25 pulgadas) y objeto de 15 × 15 cm (6 x 6 pulgadas). Centro: Fotografía, 2009. Fotografía. 120 × 355 cm. (47 1/5 x 139 ¾ pulgadas). Foto: Gustavo Sosa Pinilla.

Por otra parte, el elemento de contrapeso, la violencia –llevada a extremos que han vuelto insensible a gran parte de los habitantes del planeta–, si bien realidad global en estos tiempos, también ha estado imbricada de manera reiterada con la historia política y social argentina. Los planteos formales de la artista: geométricos, simétricos y decorativos, han sido cargados –como también se carga un arma– con cápsulas de balas, ya percutidas, enfocadas desde su extremo de base. Entre la sorpresa y el estremecimiento, la mirada del espectador se extenúa. Por mucho tiempo el terror, el crimen, la alarma, tanto privada como de Estado, o los vividos en las calles, fueron enunciados por medio de expresionismos pictóricos, escultóricos, entre otros. El lenguaje sintético de El Azem se encuentra en las antípodas lingüísticas de los anteriores, pero no es menos efectivo, sino que la dual estrategia provocativa lo hace eficaz en consonancia con el presente.

Algunas de las obras que formaron parte de esta exposición son piezas realizadas con impresiones digitales a partir de patrones de fotografías de cápsulas de balas escaneadas en computadora y coloreadas, generando composiciones abstractas, que en la cercanía develan su identidad. Un gran mural de fondo, realizado en látex fue compuesto por calcos de balas calibre 9 milímetros. La construcción recurrente de patrones que se repiten –tal esa certeza que persiste– es muy característica de la producción de la artista. Para otras obras, como 16 isoformas calibre 22, la inspiración fue la obra del conceptualista Mel Bochner (EE. UU., 1940), o en otras, la de Siegfried Kracauer (Alemania, 1889-1966), escritor, sociólogo y crítico cultural, quien, entre otras cosas, acuñó el término mass ornament. También sobrevoló el clima de la exposición una respuesta implícita al renombrado ensayo Ornamento y delito, escrito y publicado por el funcionalista Adolf Loos en 1908.

Se exhibió otra obra en la cual la artista trabajó con situaciones reales, aconsejada por dos criminalistas y un médico forense, y estaba compuesta por retratos de hombres condenados por crímenes que no cometieron y que años más tarde fueron liberados gracias a una asociación neoyorquina de abogados llamada Innocence Project. Esta organización, mediante el uso del ADN, determinó que eran inocentes. Las figuras están pintadas con sangre, a la que se le aplicó un reactivo usado en criminalística llamado Luminol, que provoca luminiscencia en la superficie donde hubo sangre, aunque se haya limpiado. Cuando El Azem comenzó con esta serie los exonerados eran 23, hoy son 301.

Por lo tanto, una certeza del título de la exposición no es otra cosa que el hilo conductor conceptual que persiste en la obra de Karina El Azem como una obsesión. Permanece en ella como acto simbólico para resguardar al arte, por una parte, y al ornamento, por otra, cuando éste recobra su sentido en los casos enraizados culturalmente y no en la futilidad de un diseño depreciado.

Finalmente, la violencia se vuelve hermética porque sus pavorosas imágenes, lengua común de nuestra sociedad transparente, horadada por los medios de comunicación masiva y las redes, ya no logran subvertir su efecto, sino multiplicarlo. El juego paradójico de Karina El Azem lo devuelve en utopía.

MERCEDES CASANEGRA

Karina El Azem, por Mercedes Casanegra | artnexus