Exposición Individualmar 2013 - may 2013· Por Janet Batet

Iván Navarro

Frost Art Museum

La obra de Iván Navarro constituye una reinterpretación crítica del legado minimalista. Sus conocidas esculturas de neón, altamente cargadas de contenido político, desafían la asepsia minimalista para instalarse como pregunta incómoda que inquiere al público que se asoma atraído por la luz.

Iván Navarro: Fluorescent Sculptures es el título de la muestra presentada por el Frost Art Museum de la Florida International University (FIU), que abrió sus puertas durante Art Basel, Miami Beach. Curada por Julia P. Herzberg, la exposición se compone de tres videos y diecisiete trabajos escultóricos (tres de los cuales descansan sobre el suelo, mientras que el resto son esculturas de pared). La exposición constituye una premier, pues es la primera vez que la serie Nowhere Man se exhibe en su totalidad en un museo americano. Anteriormente la pieza fue exhibida en Londres, en 2009.

Exposición Individual: Iván Navarro — imagen 1
Iván Navarro. Hombre de ninguna parte VII. Luces blancas en fluorescencia fría blanca y energía eléctrica. 1958 x 165 cm. (771 x 65 pulgadas).

Nowhere Man, que toma su nombre de la conocida canción de los Beatles, se apropia de los icónicos pictogramas creados originalmente por Otl Aicher para los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972. Los pictogramas de Aicher, de simplicidad nunca antes vista, pronto se convirtieron en simbología universal. Sus stick figures son reinterpretadas en esta serie de Navarro a través de tubos comunes de neón blanco de producción industrial que enfatizan la idea genérica que anima la pieza. Las luminosas siluetas que rodean al visitante aparecen en plenas hazañas deportivas y están construidas según las medidas de proporción ideal desarrolladas por Leonardo da Vinci. La serie es un inquietante contrapunto entre el sentido humanista que sostiene como ideal la celebración de los juegos olímpicos y la lógica de consumo que anima a la sociedad posindustrial.

Las esquemáticas figuras sirven de entorno a las esculturas que, dispuestas sobre el suelo, entran en diálogo directo con la serie. Entre ellas, destaca Electric Chair Blue and Red (2003), procedente de Margulies Collection. Electric Chair… es una simbiosis de la silla diseñada por Gerrit Rietveld en 1917, de rasgos neoplaticistas, y del trabajo luminominimalista del americano Dan Flavin. La silla está dotada de una fuerte carga conceptual. En primera instancia, el objeto es, cuando menos, ambiguo. Su funcionalidad es dudosa. Hecha a base de luces de neón de colores, el frágil asiento alimentado por electricidad deviene amenazador.

La obra nos trae a la mente otro de los conocidos asientos de Navarro, realizado un año antes, You sit, You die (2002), una silla plegable construida con tubos de neón blanco y en cuyo asiento se inscribían los nombres de todas las personas ejecutadas en Florida hasta la fecha. Tres años después, en 2003, Navarro realizó otra versión de la silla de Rietveld. Toda en tubos de neón blanco. Su título, Electric Chair.

Todos los artefactos creados por el artista son objetos comunes: sillas, vanos, escaleras, en los que coexiste una inquietante tensión: son bellos y peligrosos al mismo tiempo. Para Navarro, cuya infancia transcurre en los oscuros años de la dictadura de Pinochet, la silla, más que mobiliario funcional, es objeto de tortura. Lo mismo ocurre con sus puertas, de la que es epítome la instalación Death Row (Corredor de la muerte), presentada por el artista en la Bienal de Venecia de 2009, donde representó a su país natal.

En el caso de las escaleras, de las cuales el Frost exhibe Red Ladder, perteneciente a la colección de Cricket Taplin, asistimos a un espacio de tránsito y deseo. La luz nos incita a la ascensión. Sin embargo, sabemos que es imposible escalar la frágil estructura.

De la infancia nace esta relación indisoluble con la luz que tipifica la obra de Navarro. Los cortes de electricidad eran entonces de uso común por parte de la dictadura como instrumento coercitivo que obligaba a los ciudadanos a permanecer en sus casas y respetar así el toque de queda. La luz deviene entonces en la propuesta del artista elemento de control que contamina y predetermina nuestra existencia y comportamiento.

JANET BATET

Iván Navarro, por Janet Batet | artnexus