Graciela Taquini (Buenos Aires, Argentina, 1941) dedicó la primer parte de su carrera a la curaduría y la gestión cultural, en el ámbito de las artes visuales, el cine, el video, los nuevos medios; dirigió programas televisivos, publicó innumerables textos y libros sobre cine y video, fue docente en diversas universidades, organizó muestras colectivas en Argentina y el exterior, y en toda su vasta trayectoria crítica y curatorial, nunca dejó de ser artista, aun antes de serlo. Hacia fines de los 1980 comienza a realizar sus propias obras, principalmente dentro del área del video, incorporando elementos autobiográficos con materiales de archivos históricos, públicos y privados. La muestra de carácter retrospectivo que se presenta en el subsuelo del nuevo Espacio de Arte Contemporáneo de Montevideo (EAC), ubicado en la antigua cárcel del Miguelete, es una versión de la muestra antológica titulada Grata con otros, que se realizó en agosto de 2011 en el Centro Cultural Recoletas en Buenos Aires, con curaduría de Rodrigo Alonso.
El título de la muestra alude a la proposición colaborativa y autorreferencial de la artista-curadora. Es una muestra que abarca más de dos décadas de producción artística, y que reúne obras producidas entre 1988 y 2011, realizadas por la artista y en colaboración con otros artistas, cineastas, actores, entre otros especialistas de la imagen en movimiento. Además de estas obras concebidas por Taquini, la muestra incluye una serie de obras de géneros variados realizadas por otros artistas (“Grata por otros”), en su mayoría argentinos, estudiantes de Taquini, y otros que se dedican a reflexionar acerca de la imagen de la artista-maestra en cuanto figura emblemática rioplatense. En estas obras, que varían entre pequeñas instalaciones, pinturas, fotografías intervenidas, objetos mecánicos, dibujos, collages, ensamblajes, y también videos, Graciela Taquini aparece como un ícono cuya visualidad impera sobre cualquier otro elemento formal, plástico o narrativo. Retratos varios evidencian las diferentes personas de la artista: Pedro Roth congela un instante en que la artista vuelca la cabeza para atrás en risas, aunque una segunda mirada nos hace cuestionar la supuesta espontaneidad del retrato fotográfico, ya que la artista nos ve. El retrato genera una instancia de duda con relación a la veracidad fotográfica: ¿se reía naturalmente o actuaba para la cámara? ¿Juega con nosotros, espectadores, o juega en ese mismo instante con el propio artista/fotógrafo? Gustavo Maggi crea una composición fotográfica reminiscente de una pintura postimpresionista, donde ambos –sujeto retratado y spots luminosos rojos– están fuera de foco, y que es la imagen elegida para la portada del catálogo. Hay diversas ilustraciones digitales: Grata Simpson de Luis Terán, Grata puca y Grata tortuga de Elena Laplana, Niquita Taquini de Santiago Tavella, una suerte de Grata refugiada árabe, fotografía de Dolores Esteve, otra con una puesta en escena de estilo vanitas barroco, de Arturo Aguiar, y así por delante, desde tomas fotográficas directas hasta dibujos digitales de estética kitsch, pop, geométrico-abstracta. Una celebración de, y homenaje a, Graciela Taquini, con mucho humor y repletos de afecto. Grata parece transformar la comunicación de la expresión afectiva en un posicionamiento micropolítico (pensando en la filosofía de la subjetividad de Suely Rolnik).

Si bien el afecto y la relación de encuentro entre Taquini y otros forman la base contextual de las obras en esta muestra, ya el humor, en los videos de su autoría, habita lugares meticulosamente articulados, es punzante, y está apenas cuando es el elemento protagonista. En Roles (1988), su primer video, la artista somete su imagen al escrutinio de los demás, mezclando performance en vivo con material de archivos personales, fotos de cuando era niña, reportajes televisivos, en una suerte de statement sobre el audiovisual: las imágenes componen una narrativa biográfica, mientras que voces fuera de campo representan el otro, un otro que puede ser todas las personas que la conocen, así como su ego hablándonos de ella. Las voces la juzgan enunciando adjetivos clasificatorios: gorda, puta, monja, mamá, inútil, profesora, linda, etc. En Cadáveres (2005), obra más reciente, el mismo soporte digital se transforma una vez más en plataforma de encuentro para entretejer escenas de la historia oficial con memorias de la propia vida, a partir de un recuerdo de infancia de la autora: el día que Evita muere, en 1952, Graciela Taquini estaba en el cine con sus padres, cuando interrumpen la proyección para anunciar la tragedia. El video comienza con una escena de la película Evita de Alan Parker (1996), y entre escenas de la vida pública, cadáveres en putrefacción y memorias personales, Taquini reflexiona acerca del amor y odio que Evita despertaba en la sociedad argentina.
En Granada (2005), nuevamente experiencias personales del pasado activan memorias y reflexiones sobre la historia oficial, o viceversa. Proyectado en loop en uno de los espacios-celda individual, Granada surge de un encuentro histórico con una amiga y compañera universitaria que termina presa como víctima del terrorismo de Estado durante la última dictadura militar, en la década del 1970, y está basada en el único testimonio que Andrea Fasani concedió sobre sus días de cautiverio, al Archivo Witness de Peter Gabriel, en 1999. Taquini enmarca el rostro y la boca de Fasani en primer plano repitiendo lo que su voz le dicta que debe decirle a la cámara. Lo que la protagonista del video y sujeto real de la historia repite es, a su vez, una doble repetición de su propia descripción enunciada años antes para el Archivo. Se enfatizan frases que tienen que ver con la memoria y sus fallas o resistencias. Taquini dirige, controla, retrata, a la vez que sugiere un rol de poder paralelo al del torturador.
Trabajar con amigos hace parte de su proceso artístico y forja a lo largo de su trayectoria una lingüística propia. En 2007 fue invitada a realizar una intervención en la fábrica de hilados Cayetano Gerli. Aquí, Taquini crea un guión ficcional: una empleada de la fábrica va a trabajar en su uniforme habitual, comienza a prender máquinas, no logra hacerlas funcionar, y durante sus idas y vueltas frustradas, escuchamos la voz de la autora comentando sobre las actitudes del personaje como haría un niño en el cine: ¿Pero qué hace? Está cerrada, váyase (Quebrada, 2007). Estos juegos metalingüísticos son explorados desde diversos ángulos técnicos y conceptuales. Su aproximación al medio expresivo y de comunicación masiva por excelencia, el video, es, desde el inicio, sumamente conceptual. He aquí donde está la riqueza particular de Taquini: parte de un guión conceptual, que define desde qué ángulo abordar el lenguaje técnico, para luego inflarlo de afectividad, sensorialidad y cuerpo. Quizás aquí se acerque más a Bill Viola que a cualquier manifestación de la corporeidad en el arte latinoamericano. En Vaivén reúne a tres grandes amigas de Argentina y Uruguay para compartir un tiempo juntas en el agua. El video puede ser una excusa para zambullir cuatro cuerpos femeninos en su elemento primordial y explorar el agua en cuanto segunda lente, disforme, en constante movimiento, que en lugar de documentar lo que enmarca, lo refracta y distorsiona, generando imágenes y cromatografías abstractas inusitadas: otro statement acerca del audiovisual. En Lo sublime/banal (2004), Felicitas Rodríguez Moncalvo y Graciela Taquini, dos grandes amigas, se juntan para cocinar una torta mientras recuerdan el encuentro con Julio Cortázar en París, en los años 1970. En esa instancia, a pedido de ellas, Cortázar firma unas postales; en la de Felicitas escribe: “Felicitas se encontró en París con el abajo firmante (preguntarle a Graciela que no la dejará mentir)”; en la de ésta, redacta el texto recíproco: “Graciela se encontró en París con el abajo firmante (preguntarle a Felicitas que no la dejará mentir)”. Sucinto, poético, puntual, este video gana un primer premio en el Festival Videobrasil de 2005.
Vale observar que el EAC mantuvo la arquitectura carcelaria tal cual fue proyectada originalmente en 1888: está compuesto por veinticuatro celdas, que miden 2 x 4 metros cada una, de las cuales doce fueron habilitadas como pequeñas salas expositivas. Al fondo del corredor se lee la pregunta: ¿Qué hay entre los unos y los ceros? La pregunta puntúa la intrínseca relación entre dos presencias supuestamente contradictorias, que Taquini investiga hace décadas desde la teoría y luego la práctica, en el contexto de su especial interés por el audiovisual: el video y el cuerpo, el lenguaje tecnológico exacto y la volubilidad del afecto, la pantalla luminosa plana y la sensorialidad, el espacio de aislamiento y el espacio del encuentro, los unos y los ceros de los sistemas binarios de numeración computacional que funcionan por la lógica de la mutua exclusión. “Unos y ceros, sin mediaciones, ni intercambios, ni negociaciones, ni diálogos, ni encuentros”, explica el curador Rodrigo Alonso sobre el lenguaje que rige la base de la informática, y continúa: “No es casual que los videos de Graciela Taquini giren en torno a diálogos, confesiones, secretos y momentos compartidos, confidencias autobiográficas, espacios domésticos”.
Grata con otros ofrece un excelente marco para conocer en profundidad la obra de Graciela Taquini. Se funden y "con-funden" deliberadamente los roles de autor, curador, creador, colaborador, artista y artista-invitado, de persona y personaje, espontaneidad y pose, dirección y actuación, con admirable contundencia contemporánea y un sentido del humor muy rioplatense.
VERÓNICA CORDEIRO
