Domingo García (Coamo, Puerto Rico, 1932), uno de los artistas importantes de la prestigiosa Generación del 50 de Puerto Rico, a los 80 años entra en su novena década de vida, y obviamente está preocupado por su legado en la historia del arte de su país y de las Américas. Aunque Domingo García sigue muy activo en el campo de la pintura y de la escultura, es claro que quiere asegurarse de que lo que él atesora más de su obra, sus Íconos y Dioses –pinturas monumentales de aquellos que él cree son importantes en la historia de Puerto Rico–, específicamente, la lucha por la independencia de Puerto Rico, se pueda ver como una unidad.
Con un talento innato, con una educación extraordinaria (Nueva York, Chicago, Londres), con una serie de becas de importancia en su haber, y distinguiéndose constantemente en la pintura como paisajista innovador; en el campo del autorretrato y el retrato siempre construidos con unas miradas dramáticas y provocadoras (área donde sigue trabajando hasta el día de hoy), tratando de crear su autobiografía; el desnudo de la mujer, con un erotismo caribeño extraordinario; en sus naturalezas muertas (donde de distinguen sus impactantes “flores”/”vaginas” dentro de un expresionismo lírico efectivo y atractivo); en el dibujo y en el grabado, con fuerzas que van desde dibujos fenomenales, porque logran diferentes síntesis estéticas, hasta poderosas serigrafías y grabados dentro de la corriente pop, y finalmente, sus recientes esculturas en madera o bronce –intensas, latentes–, ya Domingo García, uno de los pocos artistas vivos y activos de la Generación del 50 (Julio Rosado del Valle, Rafael Tufiño y Augusto Marín murieron en los últimos tres años), tiene su lugar de honor en la cultura puertorriqueña.

En Íconos y Dioses Domingo García combina una pequeña retrospectiva, donde también presenta algunos trabajos nuevos (o no vistos antes), en total diecisiete pinturas y una escultura –Juracán, nombre taíno que se convierte e huracán– en bronce. No obstante, el propósito esencial de esta exposición es volver a exponer sus Íconos y Dioses, ya que, aunque ya se han visto muchas veces en distintas exposiciones en Puerto Rico, existen jóvenes que los desconocen.
Lo primero que nos llama la atención son sus pinturas monumentales (9’ x 5’) (2,75 metros x 1,50 metros), que recogen el sincretismo de Puerto Rico, el Caribe y América Latina. Ahí vemos a Atabeira y a Aguebana II, indios taínos; vemos al Sagrado Corazón de la cristiandad y a Changó, dios de la guerra de la religión yoruba de Nigeria, de donde vinieron la mayor parte de los esclavos del Caribe y Brasil (en Puerto Rico, por el hecho de que la población de esclavos era menor, no se desarrolló este tipo de sincretismo pero sí se desarrolló una fuerte tradición espiritista), religión que para lograr su supervivencia se convierte en la santería cubana, el vudú haitiano y el candomblé brasileño.
Domingo García distingue como íconos de la historia/cultura puertorriqueña a Juan Ponce de León, el primer gobernador de Puerto Rico antes de irse a Florida, donde murió buscando la Fuente de la Juventud; Ramon Power y Giralt, delegado de Puerto Rico a las Cortes de Cádiz en 1812; Román Baldorioty de Castro, José de Diego, Román Emeterio Betances, Pedro Albizy Campos, Lolita Lebron, Blanca Canales, Juan Mari Bras, todos defensores de la independencia de Puerto Rico, primero de los españoles y después de la invasión de 1898 de Estados Unidos. También está el educador, filósofo político, y uno de los padres del panamericanismo, Eugenio Maria de Hostos; Luis Muñoz Marín, primer puertorriqueño electo gobernador de Puerto Rico y fundador del controvertible, contradictorio y bochornoso Estado Libre Asociado de Puerto Rico, que en un momento sacó de la pobreza a la Isla pero que con el tiempo sólo ha traído problemas económicos y de identidad, y Ricardo Alegría, a quien se le debe que el Viejo San Juan conserve su belleza colonial y que se funde un Instituto de Cultura Puertorriqueña, al no poder lograr un Ministerio de Cultura.
Las imágenes de estos Íconos y Dioses no son un retrato realista de estas personas o personajes sino libres provocaciones e imágenes de ellos. En muchos, Domingo García logra captar su esencia histórica y existencial. Hechas bajo los cánones del expresionismo alemán, estas pinturas –impresionantes por su tamaño épico y la mirada de cada uno de los protagonistas– presentan con gran efectividad parte de la historia de Puerto Rico.
Domingo García se ha acercado a dos pensamientos de Aristóteles: “La obra de arte existe sólo como forma que se acerca lo más posible a lo que representa” y “La obra de arte debe dar cuerpo a la existencia secreta de las cosas”.
Creo que el gobierno de Puerto Rico o cualquier otra institución interesada debería conservar Íconos y Dioses como una unidad. Su valor estético y didáctico es grande.
MANUEL ÁLVAREZ LEZAMA
