El fraccionamiento de los elementos compositivos, como valor discursivo de la obra de arte, se constituyó en uno de los principios esenciales de las tendencias contemporáneas; inmersa en esa búsqueda podemos reconocer la obra de Aureliano Parra (Caracas, 1980). En Incisiones urbanas, su exposición más reciente, presentada por la Galería D’Museo entre el 2 y el 30 de septiembre de 2012, logra sugerentes impactos retinianos gracias a este recurso, explorado y desarrollado por él en su producción de los últimos años. Siete piezas de mediano y gran formato interactúan con los muros que sirven de soporte a estas creaciones, desplegadas como un arcoíris que ilumina el recinto expositivo.
La aplicación del collage le permite ensamblar pequeños cortes que se reproducen hasta armar una especie de enjambre, que se extiende irregularmente sobre el plano. De manera meticulosa extrae cuadrados y rectángulos de Mylar, un acetato maleable con el cual elabora retículas dispuestas en relieves ondulantes que animan las estáticas paredes; el conjunto se vislumbra en sutiles mareas que se precipitan, arremolinan, mezclan o superponen en diferentes tamaños y modelos, con el brillo prismático y sorpresivo que caracteriza a las auroras boreales.

Esta percepción la apreciamos en Cuerpos ausentes (2011), Descolgados del tiempo (2012) o Cromatismo en el tiempo (2012), un caleidoscopio impregnado de matices y polaridades que se aglutinan en estelas sucesivas cincelando un tejido, tramas y urdimbres que entrelazan materia y vacío, forma y pigmento, línea y fragmento, una pintura hecha de corpúsculos disgregados que seduce y atrapa al espectador. Sus obras revelan ese antagonismo que suscita una intención estética, lo determinado y lo aleatorio, lo geométrico y lo asimétrico; son “arquitecturas” pictóricas que crecen como ecosistemas que gravitan sigilosamente. Desde el punto de vista formal, en estas piezas el autor se basa en el componente cromático, lo libera del soporte convencional y deja que fluya libremente buscando su lugar. El proyecto de Parra nos remite inevitablemente a los momentos cruciales de la pintura occidental; su labor nos habla de las vibraciones del impresionismo, la segmentación del puntillismo, las armonías de Kandinsky y la sistematización del neoplasticismo. “Se trata de una forma de investigar –declara el artista– utilizando los medios de la pintura. En el caso de las redes cromáticas, la pintura es la que busca salir del perímetro del lienzo. Salir, digamos, de lo tradicional, de pintar en el bastidor. Ya ésta es una propuesta donde el color se abre al espacio para producir movimiento; colores que tienen una relación poética con la ciudad […]”.
Y es precisamente la atmósfera de las metrópolis la que lo motiva a plasmar esas impresiones que absorbe del ambiente que lo rodea. Actualmente Parra vive en una zona céntrica de la bulliciosa capital caraqueña; allí se entrega a la construcción obsesiva de figuras repetitivas y combinaciones tonales; de este modo sintetiza, abstrae, clasifica y recompone hasta organizar una suerte de cartografías constituidas por numerosos rectángulos, un proceso que reduce la compleja realidad a una entidad primaria, a una imagen atomizada, aquella que nos recuerda los famosos Broadway Boogie-Woogie de Mondrian, con los cuales celebra la ciudad moderna, sus trazados viales, sus diseños, sus plazas, sus diminutos habitantes, sus voces y ruidos multitudinarios. Orden y caos conforman esta noción de lo urbano, en la que la mirada del artista trasciende lo externo para acceder a lo interno. “Hay elementos específicos que me interesan de la ciudad –señala el autor– como fenómeno estructural que nace de las vistas aéreas o cenitales; personas que transitan, tarantines de buhoneros, barrios y concentraciones políticas en las que sólo puedo divisar continuidad y serialidad de puntos que se multiplican, generando una sensibilidad entre el espacio y el tiempo y la configuración de la pintura como epicentro de mi planteamiento artístico […]”.
Al igual que Mondrian, Parra intuye que detrás de toda apariencia subyace un esquema, un patrón; de ahí que las secuencias, los contrastes y degradaciones con los cuales fundamenta su trabajo surjan de la intimidad de su taller: en el movimiento de una cortina, en la incidencia de la luz, en el reflejo de las sombras sobre las superficies, en el eco de los sonidos, esta diversidad de situaciones es registrada en un video y en una serie de diez dibujos, ejecutados en tinta china y papel, los cuales exhibe por primera vez al público con el nombre de Frágiles luces alineadas. “La dinámica social circundante –apunta el investigador Alberto Asprino– que él convierte en imaginario sensible” deviene ahora en un imaginario que abre nuevos senderos para la visualidad y la plástica.
GLADYS YUNES YUNES
