Exposición Individualmar 2013 - may 2013· Por Amalia Caputo

Artur Lescher

Alejandra Von Hartz Gallery

Río Corrente está conformada por once trabajos en formato pequeño y mediano del artista brasilero Artur Lescher (São Paulo, 1962), en su segunda muestra individual en la Galería Alejandra von Hartz de Miami. Once piezas que ponen de manifiesto la continua relación dialógica del artista con el espacio, las cualidades matéricas, y la relación de los mismos con la arquitectura, preocupaciones constantes de este artista conceptual que fundamentalmente trabaja el volumen y su intervención espacial a diferentes escalas. La muestra presenta una selección de obras que pertenecen a varios cuerpos de trabajo mayores, como en el caso de las series Metaméricos y Ríos, así como piezas individuales que abarcan un ciclo de unos cinco años de trabajo.

Lescher posee un dominio impecable del uso de la escala, sea en su trabajo de instalación monumental, como su reciente gran instalación Inabsência (2012), en la Pinacoteca del estado de São Paulo, en la que pende una cúpula invertida de latón y madera del patio de luces del edificio, trascendiendo el mero espacio escultural y entablando un diálogo con el entorno y la comprensión misma del espacio; o como en las piezas pequeñas aquí reunidas en Río Corrente, en la que estudia las complejidades del volumen, el concepto y su trascendencia en el espacio. Su obra engloba la problemática de esa relación de flujo continuo del hombre con la naturaleza, su constante reflexión acerca del espacio y los fenómenos físicos, tales como gravedad, tensión y peso, que también hacen eco en la relación del espectador con respecto a la obra.

Exposición Individual: Artur Lescher — imagen 1
Artur Lescher. Sin título # 10, 2010. De la serie “Metaméricos”. Madera y metal, 2 segmentos de 80 cm. (31 ½ pulgadas), 2 segmentos de 180 cm. (70 ¾ pulgadas) y 1 segmento de 70 cm. (27 ½ pulgadas). Edición 1/5 +1 PA.

Una de sus premisas fundamentales es la relación que se establece entre materiales –reciclados en su mayoría– provenientes de la naturaleza, maderas locales de Brasil, acero, bronce, etc., y cómo un elemento influye sobre otro, así como los procesos de industrialización y mecánicas involucrados en la producción de las piezas a todas las escalas. Sus prolijas estructuras yuxtaponen, por una parte, la concepción poética de la obra y abrazan, a la vez, la fuerza bruta de la maquinaria industrial con la delicada mano del objeto artesanal.

Hay varios procesos que merece la pena destacar en el desglose de su obra y que se derivan del legado del neoconcretismo: la sensibilidad y humanización de la geometría, el uso de la metáfora o la no metáfora, es decir, el encuentro no fortuito de las ideas con los materiales para generar otra cosa, y la comprensión de la obra como producto de un proceso que involucra el acto de hacer con el de ser.

En las piezas que engloba en la serie Metaméricos, hechos en maderas unidas mediante bisagras de bronce, Lescher le otorga a la línea –que él interrumpe con bisagras– una cualidad animal, recordando la segmentación de los insectos, mediante la construcción de fragmentos lineales y modulares. Las obras se configuran de diferentes modos, según la voluntad del artista, y a la vez, cada vez que se mueven, cada pieza adquiere una nueva forma, y cada postura sugiere un gesto en el espacio, jugando así con los límites y las fronteras del objeto y la instalación espacial, generando múltiples lecturas y vidas.

Es justamente la propia palabra Metaméricos la que nos habla de números o estructuras cuyos segmentos evocan esa relación intrínseca del humano con los propios instrumentos de medición matemática y espacial que le permite –al humano– ubicarse y definir su relación en y con el espacio-tiempo, tales como el compás, la regla, el sextante, etc. Para Lescher, cada segmento que usa para conformar una obra tiene una medida ligeramente distinta, aun cuando parecieran idénticos, y dichas medidas son desglosadas en la descripción de cada pieza, sugiriendo que no hay nada azaroso en su proceso.

Encontramos también obras que nos muestran otras dimensiones sensoriales de Lescher y que quizá no parten de la naturaleza misma: sus formas simples de geometrías básicas, como en el caso de Livro # 1 (2012), plantean dos rectángulos verticales hechos de maderas duras de Brasil unidas por una bisagra de bronce. A través del título y de la forma misma, sugiere un libro abierto, desafiando, por la palabra que la nombra, los límites entre la abstracción y la figuración.

Para Lescher, la obra en sí misma sólo es la consecuencia ulterior de un proceso que involucra el sueño, el deseo, el gesto o la palabra y la construcción de una imagen/forma a partir de estos detonadores poéticos. Desde este lugar de partida, la obra de Lescher, entonces, se traduce –al margen de lo formal y matérico–, en una cantidad de elementos que crean relaciones paradójicas que hablan de la naturaleza y la relación con el hombre, de la no funcionalidad del objeto-materia, que en estos casos parece cesar de existir como tal a partir de la transformación del mismo. Por ello, su cuerpo de trabajo nos habla de esas relaciones continuas de inestabilidad, balance, tensión y silencio, que se ponen de manifiesto como una provocación entre el objeto y su nombre, entre la idea y el resultado.

AMALIA CAPUTO

Artur Lescher, por Amalia Caputo | artnexus