Exposición Individualmar 2013 - may 2013· Por Cláudia Fazzolari

Amelia Toledo

DAN Galería

“[…] La concepción de una exposición siempre presenta un desafío del espacio que debe ser ocupado. […] La pintura es siempre una renovación de la experiencia y de los sentimientos despertados por el color”. Amelia Toledo

La exposición Mirada actual de Amelia Toledo, organizada por la DAN Galería, en São Paulo, fue presentada al público entre noviembre y el final del pasado enero, afirmando el compromiso de la institución con el proyecto de una muestra autoral concebida como relato visual/verbal de la artista sobre el conjunto de sus creaciones.

El plano de la exposición, ideado como un espacio de diálogo entre marcos temporales situados en obras de diversos períodos de la trayectoria de la artista, proponía la actualización de creaciones de décadas pasadas en una convivencia con obras pensadas para la ocasión.

Exposición Individual: Amelia Toledo — imagen 1
Amelia Toledo. Leque de cores frias (Gama de colores fríos), 2012. 300 x 350 x 130 cm. (118 x 112 x 51 pulgadas). Foto: Sergio Guerini.

Por su dimensión temporal y por el extenso recorrido de creaciones elaboradas en casi cinco décadas de trabajo, la poética visual de Amelia Toledo asumió destacada importancia en el programa de exposiciones de la galería para el cierre del año.

Con la presencia de “nuevas obras”, pinturas e instalación, especialmente creadas para el espacio expositivo, la iniciativa registraba un nuevo ciclo de caminos de forma y color.

La muestra, construida con la materialidad de cada uno de los elementos compositivos –chapas de acero inoxidable espejado, resina acrílica, cuarzo pulido–, presencias recurrentes en la creación de la artista, proponía un contacto renovado en su poética.

En la obra de esta creadora el recurso de reinvención, o de reelaboración de sus propias creaciones, revela el carácter sincrónico de su producción, el interés por la lectura atenta de los flujos conectados, permanentes, incesantes, en la estructuración de formas y colores.

En la entrada de la galería, todavía fuera de la sala de exposición, la invitación al recorrido por el proyecto de la muestra se ofrecía con la obra Tajadas de horizonte (1996), en chapa de acero inoxidable espejado, parcialmente oxidado con limadura de hierro.

Con Tajadas de horizonte Amelia Toledo revisaba la persistencia del reflejo en su producción mediante la materialidad de la placa de acero, asentada sobre el suelo, en el reflejo de la mirada del espectador en su relación con el entorno sensible de la obra.

Esa marca emblemática de la producción visual de la artista –la relación con el entorno– se daba en la apropiación simbólica de los materiales, y era, sin duda, en el contacto directo con la obra cuando el público comprendía la fuerza de cada parte de su creación.

Toda la trayectoria de la artista, en casi cinco décadas de constante búsqueda, evidencia la vocación de una creadora comprometida con la investigación de las propiedades de la materia –minerales, acero, vidrio, resinas–, que, reinventadas en sus obras, componen una especie de física de la materia condensada en una nueva trama sensible, en otra clave estética.

El color como protagonista y parte destacada de esta trama sensible, en una atmósfera de lino y yute, sintetizaba el registro inventado por la artista para nuevas obras, en un universo de aconteceres bidimensionales, como en el del conjunto de la serie Horizontes.

Presente en la exhibición, la obra Horizonte (2012), en resina acrílica y pigmentos sobre lino, confirmaba la vitalidad de capas pictóricas en conversación con formas tridimensionales de diversas fases de su producción.

Entre las obras tridimensionales expuestas, la instalación Abanico de colores fríos (2012), creada para la ocasión, compuesta con chapas de acero inoxidable espejado y yute pigmentado, ocupaba la sala con una atmósfera híbrida de la intensa presencia matérica del acero en convivencia con la visibilidad parcial de la trama pigmentada del tejido de yute.

Ya sea por la experimentación, por la diversidad de soportes, por el pensamiento sensorial, por la creación comprometida con la inclusión del espectador en la obra, la obra de Amelia Toledo se destaca por la íntima comprensión de una materialidad esencial a la vida.

Como vimos en su reciente exposición en la Dan Galería, y como ha visto el público que la ha acompañado desde la muestra realizada en la Galería de Arte del Centro Cultural de la Federación de las Industrias del Estado de São Paulo (FIESP), en 1999, su inquisitiva creación siempre motiva un “ejercicio espiritual” activado por la atmósfera que invade al espectador.

Una vez más, invadido por la plenitud de este “ejercicio espiritual” en su incursión por el mundo sensible de Amelia Toledo, el espectador encontraba en el espacio expositivo la dimensión plurisensorial de la obra, en intenso diálogo con el ritmo de la vida.

Clausurada en enero pasado, la muestra Mirada actual propuso un contacto en vivo con la poética visual reciente de una de las más singulares creadoras del arte latinoamericano.

Su biografía reúne las acciones de una creadora de obras bidimensionales, de instalaciones, de múltiples cinéticos, figurines, escenografías, proyectos para espacios públicos, y su energía vital convive con los rostros emergentes de la sociedad contemporánea.

Ya sea por la sensibilidad, por la experimentación y/o por el compromiso con los sentidos, con el cuerpo y su entorno, sus obras son pautas activas de una incansable investigadora que sigue, actualmente, un recorrido de lúcida invención.

CLAUDIA FAZZOLARI

Amelia Toledo, por Cláudia Fazzolari | artnexus