La persistencia del artista Alan Fontes, de Minas Gerais, al abordar repetidamente un único tema, ”la casa”, viene enmarcando su trabajo en un juego estético interesante y complejo. La exposición realizada recientemente en la Galería Laura Marsiaj, en Río de Janeiro, muestra que la fidelidad a este proyecto estético ha elevado su obra a un nivel de vigoroso impacto poético.
En la instalación La Foule y en la serie de pinturas Sweet Lands, el artista utiliza nuevamente el tema de “la casa” como telón de fondo para una contundente reflexión sobre la condición humana contemporánea. Uno de los recursos más recurrentes en la obra de Fontes es el metalenguaje. Son pinturas e instalaciones que versan sobre el propio tema de la representación; imágenes que representan imágenes. Por ejemplo, muchas de sus pinturas muestran paredes de casas con fotografías, entre ellas, del propio artista.

Este recurso hace parte de la obra La Foule, inspirada en la música homónima de Edith Piaf, que relata metafóricamente una fugaz relación amorosa en medio de la multitud en una fiesta. En la instalación el artista reproduce una pequeña sala pintada en tonos de gris, en la cual dispone objetos corrientes, pintados de blanco, como botellas, sillas, tapetes. Una gran tela coloreada en acrílicos, instalada en una de las paredes de esta “casa”, simula la continuación de la sala: muebles, televisión y varias fotografías.
Se crea así un juego enigmático entre los espacios tridimensionales y bidimensionales, que sirve como metáfora plástica para la idea de la relación entre realidad e irrealidad. El ambiente parece dejar rastros de la intimidad de la pareja retratada en la música de Piaf. Por medio de las “fotografías pintadas” –con escenas absurdas, como una pareja acostada en una cama en una playa desierta, o una casa incendiada–, las imágenes recuerdan la narrativa. El efecto de incertidumbre se refleja en la sensación del espectador de que allí vivieron los personajes de la música, que dejaron el lugar como un escenario vacío.
La reflexión a partir de una situación intimista en La Foule se deshace totalmente en la obra Sweet Lands. Está compuesta por dos series de pinturas realistas que simulan fotos aéreas. Casa, con imágenes de casas aisladas, y Ciudad, con trechos de un área residencial. Pese a que el artista dice que la serie Casa trata de “retratos de deseos individuales, micro paisajes afectivos”, sus imágenes revelan la pasteurización estética de determinada tendencia en la arquitectura contemporánea, cuyos proyectos carecen de identidad cultural; son símbolos del agotamiento de las relaciones humanas en los grandes centros urbanos.
Las pinturas realizadas con la técnica de encáustica dan como resultado una luz plana, y por lo tanto, extraña e irreal. Recuerdan la obra del pintor Edward Hopper (1882-1967), específicamente sus escenas domésticas, que evocan el sentido solitario de la sociedad moderna americana. También remiten a temas como la soledad, el vacío, la inmovilidad de la vida urbana, comunes a determinadas obras del artista británico David Hockney, con sus ambientes metafísicos domésticos, por ejemplo, por la imagen de un sofá vacío, o apenas el agua salpicada por un salto en la piscina.
La casa ha sido la temática principal del trabajo de Fontes desde hace algunos años. Especialmente la casa de grandes centros urbanos, como la que el artista mostró en obras tituladas Kitnet. (El término Kitnet se usa en Brasil para designar pequeños apartamentos, generalmente de apenas un cuarto). El artista representa ambientes prosaicos, con personajes solitarios o sin ninguna presencia humana. Son baños, salas, cuartos, cuyos muebles, objetos y retratos colgados en las paredes permanecen como únicos vestigios de vida.
¿Y por qué están presentes tantos autorretratos del artista? Es una pieza más del complejo rompecabezas de toda su obra, que acostumbra negar el principio estético clásico del papel del arte como representación del mundo. La noción del arte como objeto en sí está claramente presente en diversas obras; finalmente, son imágenes que versan sobre imágenes.
Fontes se reviste de un lenguaje típicamente posmoderno, permeado por pastiches y símbolos de contemporaneidad: la ironía, el caos, la autorreferencia, el sin sentido. Sobre todo, el artista encontró un territorio ideal –la casa– para reflexionar sobre los dilemas existenciales de la sociedad urbana. Bajo la idea de la casa –el más trivial de los símbolos humanos– yace la arremetida del hombre con la materialización del mundo y con su propio aislamiento. El artista propone una experiencia profunda de lo cotidiano contra la soledad de los valores sociales.
ALESSANDRA SIMÕES
