Waltercio Caldas

Segundo detalle, de la exposición Cromática, 2012. Instalación escultórica en técnica mixta. Dimensiones variables.

Exposicióndic 2012 - feb 2013· Por Alessandra Simões

Waltercio Caldas

Casa França-Brasil. Rio de Janeiro

El artista carioca Waltércio Caldas examina los límites de la función del arte y hace de esta tensión el leitmotif de su trabajo. En la exposición Cromática, recientemente en cartelera en la Casa França–Brasil, en Río de Janeiro, el artista focaliza nuevamente lo inusitado y la sorpresa, presentes en su trabajo a lo largo de las últimas cuatro décadas.

Para ilustrar este tema, en el texto de divulgación de la muestra para la prensa, se cita al director de cine Alfred Hitchcock, quien supuestamente colocaba afiches con la siguiente frase a la entrada del cine: “No cuenten a sus amigos el final de la película”. Éste fue uno de los puntos de inspiración para la exposición de Caldas, quien hace preguntas como: “¿Qué sucede cuando nos encontramos delante de una obra de arte? ¿Se pueden explicitar cosas que no son explícitas? ¿Cómo extender un momento huidizo hasta el límite posible?”.

Las cinco obras, pensadas en función de la arquitectura decimonónica del edificio, devinieron grandes estructuras geométricas, con volumetrías rectilíneas, circulares y colores puros, que invitan al espectador a penetrar en un universo altamente sensorial y lúdico, como si participase de un juego estético en que la perplejidad y las posibilidades imaginativas son las reglas. Las formas, de grandes dimensiones, en contraste con la arquitectura neoclásica, refuerzan aún más el elemento sorpresa que marca la exposición.

Exposición: Waltercio Caldas — imagen 1
Primer detalle, de la exposición Cromática, 2012. Instalación escultórica en técnThe First Detail, from the exhibition Chromatic, 2012. Mixed media sculpture installation. Variable dimensions.

En esta embestida entre el vacío arquitectónico y su ocupación por formas impactantes, toda la muestra se transforma en un site-specific, que ofrece al espectador la sensación de estar dentro de un cuadro abstracto, con líneas, colores y volúmenes que direccionan su cuerpo entre espacios inusitados para vivenciar la obra de manera continua y vertiginosa. El efecto de suspensión provoca una inquietud positiva, ya que se trata de una obra profusamente coloreada.

La exposición evoca principios buscados por el artista a lo largo de su trayectoria. Ironía, rigor estructural, metalenguaje y perplejidad son algunos de los elementos presentes en sus objetos, esculturas, dibujos, instalaciones; todos creados en torno a la interrogación de los sentidos. Son obras que proporcionan estados de perturbación, comenzando por las definiciones técnicas. ¿Qué sería una escultura en manos de Caldas, toda vez que se reinventan las nociones básicas como materiales y escala?

Para llegar a este terreno en donde el formalismo y el metalenguaje se aproximan significativamente, Caldas pasó por etapas distintas, la más importante entre el final de años sesenta y el comienzo de los setenta. Esa etapa estuvo puntuada por obras de carácter crítico, actitud fundamental para una generación que acompañó de cerca los sinsabores políticos de la dictadura en Brasil. Por razones ideológicas, el artista llegó a declinar la invitación para exponer en la Bienal de Venecia, manteniéndose firme en la producción de obras políticamente emblemáticas. Entre ellas, cajas con objetos y títulos muy sugestivos: Conductores de la percepción, con tubos de plata; Antisueños, con lupas, y Centro de la razón primitiva, con agujas de oro.

Productivo al extremo, el artista participó como coeditor de la revista Malasartes (junto con Carlos Vergara, Bernardo Vilhena, Cildo Meireles, Carlos Zílio, Ronaldo Brito, José Resende, Luiz Paulo Baravelli y Rubens Gerchman), que editó tres números entre 1975 y 1976. La revista fue una de las principales publicaciones de arte en Brasil, y pretendía enfatizar el significado de la obra de arte como producción cultural, y no como objeto mercantil. Malasartes representó el primer esfuerzo de un grupo de artistas, críticos y poetas para discutir la política de las artes en el país, proponiendo el arte como expresión debatible en un espacio intelectual.

En este período, Caldas se valió incluso de una actitud marcadamente iconoclasta. El cuestionamiento mordaz a los postulados constructivistas y al romanticismo libertario del neoconstructivismo aparecía en diversas obras, como en las esculturas con inusitada mezcla de materiales, entre ellos madera, vidrio, alcohol y metal. En los años 1980 continuaron los discursos sobre el arte mismo y se incrementaron las discusiones sobre las posibilidades materiales y filosóficas del universo estético. Caldas se convierte en un escultor “antiescultor” que pone a prueba los límites del arte y de la sensibilidad humana, como hizo con la serie Esculturas para todos los metales no transparentes. Sus objetos son “objetos plenos”, como dijo la crítica Sheila Leirner a propósito de piezas que promueven una síntesis de experiencias sensoriales y mentales.

Cuando pasa a ocupar grandes espacios públicos, especialmente a partir de los años noventa, Caldas trae los mismos cuestionamientos a la gran escala física. La obra Escultura para Río, con sus formas verticales que rompen de manera brusca el plano de los pedestres, es literalmente una explosión irónica respecto al símbolo carioca: sus andenes. Como en otras obras, el artista propone momentos de desorientación psíquica, como definió el crítico Ronaldo Brito en la década de 1970. La obra de arte deja de ser un objeto de contemplación, para ser un medio de transformación.

En la Bienal de Venecia de 1997, el artista presentó la serie Venecia, compuesta por cuatro esculturas de acero inoxidable, con insertos de nombres de artistas de la historia del arte. Ironizando sobre las tradicionales lecturas históricas, el artista le dijo en una entrevista a la crítica de arte Ligia Canongia que “los órdenes no tienen que ser racionales, puede haber un orden poético”. Para evocarlo, su orden subjetivo, el artista también produce constantemente efectos ópticos, como las botellas compuestas por contornos de metal y juegos de espejos.

Más que cuestionar los parámetros del lenguaje y del circuito artístico, Caldas explora una dimensión existencial. Si este terreno ha sido muchas veces alcanzado mediante la ironía y con una complejidad que bordea el nonsense, en la exposición Cromática, el artista parece sublimar conceptos y ofrecer un disfrute extremadamente grato.

ALESSANDRA SIMÕES

Periodista, crítica de arte e investigadora del programa de postgrado en Integración de América Latina de la Universidad de São Paulo,  PROLAM / USP. 

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