La galería OMR presentó la exposición Retrospectiva en un minuto de Rubén Ortiz Torres, a casi seis años de su última exposición individual en la galería. De manera sugestiva, aquella exposición de 2006, Distancia táctica, introdujo una nueva serie de experimentos pictóricos con pintura automotriz, la cual se ha desarrollado en el cuerpo de trabajo presentado en OMR. La obra de Ortiz Torres investiga, entre otras cosas, la cultura popular y diferentes subculturas. Al inicio de su carrera, sus experimentos fotográficos retrataban la vida de sus amigos y conocidos en la escena punk de la ciudad de México en los ochenta. Después de mudarse a Los Ángeles en los noventa, comenzó a explorar las complejidades de vivir en una ciudad que es una mezcla de varias culturas y subculturas y que posee un pasado y presente tormentosos, haciéndolo en diferentes medios como pintura, fotografía, video, instalación, escultura (desde objetos cotidianos intervenidos, tales como gorras de béisbol, hasta coches alterados con sistema hidráulico).

Retrospectiva en un minuto estaba compuesta de tres núcleos distribuidos en diferentes secciones: uno sobre retrato, tres videos, y el tercero, su más reciente obra en pintura. Debido a que la educación artística temprana de Ortiz Torres fue académica, esto lo ha llevado a explorar y deconstruir el medio tanto en la práctica como conceptualmente. Después de producir obras derivadas de políticas fronterizas y cultura lowrider, como el famoso Alien Toy (1997), Ortiz Torres trabajó más de lleno con expertos en carrocería y pintura, lo cual le permitió percatarse de que el proceso de pintura automotriz no se aleja mucho de la pintura de caballete, puesto que requiere una similar preparación de la superficie o soporte con diferentes capas de imprimación, lijado, etcétera. Su serie más reciente –la cual incluye obras como Aurora Borealis, Pintura indéxica (Big Bang 2) y Mango Transmutation, de 2012– es el resultado y la continuación de su extensa investigación sobre el medio de la pintura al experimentar con técnicas de pintura de coche. Por ejemplo, Aurora Borealis y Mango Transmutation son grandes paneles pintados con pintura de “camaleón” en diferentes intensidades de color que pueden ser percibidas dependiendo de cómo pega la luz sobre la superficie o de la posición del espectador. La superficie de estas pinturas no es sólo un guiño consciente al movimiento Fetish Finish de Los Ángeles en los años sesenta (del cual sus adeptos, al igual que Ortiz Torres, estaban preocupados por temas de color, percepción y técnicas manuales con acabados perfectos que pareciesen como hechos industrialmente), sino también a ideas de participación e interacción propuestas por el Neoconcretismo. Las bancas pintadas tituladas Jungle Fever (Fiebre de jungla) e Inversión térmica –ambas de 2010–, así como los paneles Pintura indéxica (Big Bang 2) y Horizonte alcanzable –ambas de 2012–, fueron producidas con pintura termocromática (sensible al calor), y, por ende, necesitan el tacto del espectador para “completar” la pintura, al dejar huellas de su cuerpo sobre la superficie, donde la pintura fue tocada y el color se transformó por la temperatura corporal. Estas pinturas termosensibles permiten una lectura más allá de los experimentos con el material o medio, puesto que también representan un análisis de la historia del arte misma, ya que Ortiz Torres transgrede la idea de que una pintura es para ser observada sobre un muro, invitando a la interacción y conclusión. La experiencia con la pintura no sólo transforma la pieza físicamente, sino, de alguna manera, también al espectador. En este intento de “democratizar” el medio de la pintura al activarlo mediante el movimiento de la luz (con el movimiento del cuerpo del espectador por el espacio al recorrer la pintura), al percibir diferentes colores o por el tacto, la serie de Ortiz Torres también incluye un díptico peculiar que entra más de lleno en el campo de lo político. 1% y 99% es el título de estos paneles de 2012, los cuales son complemento uno del otro (sensibles 1% y 99%, respectivamente), y serán separados para ser mostrados en diferentes contextos sociopolíticos, y después reunidos de nuevo, al final del proyecto.
La obra de Ortiz Torres está a menudo, si no siempre, cargada de contenido político, en algunos casos más obviamente que en otros, pero siempre desafiando la manera en la que entendemos la historia (y el arte), problemas mundiales y culturas high and low. Los cuatro videos que son parte de la Retrospectiva en un minuto incluyen: Como TV (1985), una temprana colaboración con el ahora cinematógrafo Emmanuel Lubezki realizada al grabar en Súper 8 fragmentos de noticias y películas en televisión sobre guerras y miserias mundiales; El sueño de la razón todavía produce monstruos (2006), un video realizado con fotografías del archivo particular de Siqueiros, quien dejó este acervo “al alcance de los artistas revolucionarios”, aludiendo directamente a las ideas utópicas de Siqueiros sobre el arte y también al título del famoso autorretrato de Francisco de Goya.
De la misma manera en la que las imágenes de este video mutan entre sí, la sección de pinturas y dibujos en pequeño formato es una representación simultánea del pasado y presente, ya que muchos de ellos incluyen retratos “originales” de sus amigos (realizados entre los años ochenta y noventa) con dibujos “actuales” superpuestos sobre los viejos. Interesado en el retrato desde comienzos de su carrera, Ortiz Torres ha transportado esta rama de las bellas artes hacia estudios individuales y sus circunstancias sociopolíticas en todos los medios que trabaja; por ejemplo, sus artefactos alterados retratan una cultura híbrida (específica de Los Ángeles), y los paneles y bancas pueden funcionar como retratos después que el espectador les deja marcas de su cuerpo.
Finalmente, los dos videos que dan el título a la exposición, Retrospectiva en un minuto mexicano y Retrospectiva en un minuto neoyorquino, se dan a la irónica tarea de captar toda su carrera y contexto en una secuencia hiperrápida de imágenes en movimiento en dos minutos (el “minuto mexicano”) y un minuto (el “minuto neoyorquino”), combinando eventos históricos con su obra.
SELENE PRECIADO
