La exposición Real/Virtual. Arte cinético argentino en los años sesenta, realizada en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires y curada por María José Herrera, se suma a las importantes revisiones que de esta tendencia se vienen realizando en los últimos diez años en el ámbito internacional a través de muestras, libros e investigaciones. Entre las exposiciones se destacan la dedicada a Carlos Cruz-Díez organizada por el Museum of Fine Art Houston (exposición que en su paso por el Malba en 2011 celebró los 10 años de dicha institución), la consagrada a Julio Le Parc por la Fundación Daros (Zúrich, 2005) y Lo[s] Cinético[s] (Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, 2007- Fundación Tomie Ohtake, São Paulo, 2008), sólo por mencionar las más publicitadas. Entre las publicaciones, es importante mencionar la serie Conversaciones, lanzada por la Fundación Cisneros, que dedica dos volúmenes a recuperar los testimonios de Carlos Cruz-Díez y Jesús Soto, las recientes investigaciones sobre arte cinético desarrolladas desde el ámbito académico latinoamericano y la reedición del clásico libro de Elena Oliveras, Arte Cinético y neocinetismo.

El auge que atraviesa el cinetismo en estas últimas dos décadas es compartido por el arte abstracto-geométrico: desde la mirada contemporánea, ambas tendencias se instalan como referentes visuales del mapa sudamericano. Estas formas abstractas, círculos, cuadrados, líneas que no sólo están fijas en el cuadro sino también en movimiento en el espacio, se proponen como una representación alternativa de las otrora circulantes en el continente. Si las imágenes de resistencia vinculadas a conflictos sociales y a los trabajadores o las imágenes vinculadas a lo primitivo, la flora y la fauna habían constituido la visualidad estereotipada de Latinoamérica desde los treinta, las producciones emergentes a partir de los cincuenta mostraron que ese paradigma estaba rotundamente reformulado. Ya no era más la imagen de una América pobre y dolorida, ni exóticamente colorida, la que imperaba en este nuevo momento de replanteos políticos y económicos internacionales. Una Latinoamérica precisa, racional y moderna se había instalado como el modelo de las naciones que aspiraban al desarrollo. Evidentemente, estas configuraciones readquieren actualidad contemporánea. El “recorte constructivo” –que incluye tanto la producción de Joaquín Torres García y su taller, las producciones del arte concreto y neoconcreto argentino y brasileño y el cinetismo producido en Argentina, Venezuela y París, así como producciones contemporáneas– es tanto guión curatorial de importantes exposiciones internacionales como eje de varias colecciones privadas.

Desde un punto de vista del circuito local, el MNBA propone la muestra Real/Virtual. Arte cinético argentino en los años sesenta, en el marco de una política de exposiciones temporarias que se suma a los festejos conmemorativos del Bicentenario y que busca repensar el arte argentino del siglo XX, desde las vanguardias de los años veinte hasta las propuestas renovadoras de la segunda parte del siglo. La exposición, primera muestra histórica de arte cinético argentino, presenta un panorama exhaustivo que reúne un conjunto de obras de la colección del MNBA, adquiridas contemporáneamente a la emergencia del cinetismo, a la que se suman piezas de colecciones particulares y de otras instituciones. Por parte del MNBA, producir la exposición implicó un largo y complejo trabajo de conservación y restauración de las obras.
El objetivo de la exposición es resaltar la acción institucional que enmarcó la génesis y el desarrollo del cinetismo: Herrera sostiene que instancias cruciales de la inscripción de dicha tendencia tuvieron como centro al MNBA y la renovadora gestión de Jorge Romero Brest y, posteriormente, de su sucesor, Samuel Oliver. Siguiendo este planteo curatorial, se inicia la muestra: la primera sala da cuenta del impacto que tuvo sobre el ambiente artístico local la exposición de Víctor Vasarely en el museo porteño, en 1958. Fue a partir de esta exposición –auspiciada por la galería parisina Denise René, promotora del cinetismo– que los artistas porteños conocieron la obra de este artista franco-húngaro que proponía una geometría diferente a la conocida y practicada en nuestro ámbito. A la rigurosa búsqueda sobre la constitución de la forma en el plano del arte concreto se oponía esta otra investigación que planteaba, en cambio, indagar en torno a la inestabilidad visual que producen el contraste blanco-negro, la superposición de tramas y otros efectos seriales que dan la sensación de movimiento. En esta sala se puede observar la obra Méandre de Víctor Vasarely, cuya vibrante oposición de blancos y negros establece fuertes vinculaciones con producciones de artistas argentinos como Luis Tomasello, Hugo de Marziani, Julio Le Parc, Antonio Asis y Juan Carlos Romero, entre otros.

El siguiente núcleo, titulado El ojo que mira, se concentra en analizar las producciones que exploraron la capacidad de las formas de recrear la sensación óptica de movimiento. Estas obras están construidas en función de tensionar las posibilidades y límites de la visión humana. La ilusión óptica de movimiento se produce cuando el órgano visual se enfrenta a la imposibilidad de separar los elementos constitutivos de la obra, ya que la percepción oscila entre diversas soluciones formales. Esto ocurre con formas débiles o ambiguas y con la trama de base blanco-negra que fatiga la retina imposibilitando fijar una configuración. En este núcleo, las obras de Eduardo Mac Entyre y Miguel Ángel Vidal dan la clave respecto de este problema. Estos artistas, junto con el coleccionista Ignacio Pirovano, fundaron el grupo de Arte Generativo inspirados en los escritos de Georges Vantongerloo, en cuyo manifiesto se expresaba que un punto, una recta, un círculo, no se quedan adheridos a la tela sino que generan movimiento alcanzando una vida proyectiva. Mac Entyre se orientó a la utilización del círculo para la generación de formas: éste es el caso de su obra Tramas (1961-1964, MNBA). Al observar esta obra, nuestro órgano visual tiene dificultades en fijar la imagen, dado que se enfrenta a la vibración de una estructura lineal periódica. Nuestro sistema preceptivo oscila, entonces, entre diversas soluciones formales y cromáticas, dado que se experimenta la ambigüedad producida por la superposición de tramas.

El tercer núcleo se centra en las exploraciones óptico-cinéticas realizadas en París por el Groupe de Recherche d'Art Visuel (el GRAV), en el aporte de los artistas argentinos Julio Le Parc y Horacio García Rossi, ambos fundadores del grupo. Le Parc llegó a París en 1958 y allí, junto con sus antiguos compañeros de la Escuela de Bellas Artes, García Rossi y Francisco Sobrino, y otros artistas franceses, realizaron desde el GRAV fecundas investigaciones en torno al arte cinético, dotando a esta poética de un fuerte contenido político y social. En su manifiesto ¡Basta de mistificaciones! exhortaban a la democratización de lo artístico a través de la participación del público, mientras que sus acciones urbanas apuntaron críticamente al museo como espacio consagrado de promoción cultural. En esta parte del recorrido de la exposición, las salas se sumergen en una absoluta penumbra, museografía ideal para apreciar obras que utilizan luz artificial, motores y otros materiales que buscan magnificar el movimiento. En esta línea, una obra sobresaliente de Le Parc altamente beneficiada por el montaje es Lumiére sur resorts (1964-2011), cuya espectacularidad visual –reflejos producidos por espejos y formas lumínicas mutantes– contrasta rotundamente con la simplicidad y precariedad constructiva de la pieza. Consecuente con el rescate histórico de las exposiciones, este núcleo hace referencia a la exposición La inestabilidad, en el Pabellón del MNBA en 1964, hito de consagración institucional del cinetismo argentino. En este sentido, es destacable que Real/Virtual se montó en el mismo espacio casi cincuenta años después.

Precisamente, bajo el título Exposiciones, el cuarto núcleo busca abordar la expansión y legitimación de dicha tendencia. No sólo se aborda el rol que cumplió el MNBA en la promoción del arte cinético, sino que también se consideran los Premios Ver y Estimar, Braque y Di Tella, y fundamentalmente los emprendimientos lanzados por las industrias vinculadas al plástico: las exposiciones Plástica con plástico (1966) y Materiales, nuevas técnicas y nuevas expresiones (1968). En este núcleo quedan expuestas las posibilidades que el cinetismo encontró apoyándose en los logros de la industria y la tecnología, a través de la introducción del plástico y de nuevos materiales, y la utilización de motores y circuitos eléctricos en las obras. Tanto en las obras de Gyula Kosice (artista de la generación anterior que reencauzó su producción bajo las nuevas búsquedas), que utilizan agua en movimiento, como en las piezas de Marta Boto, Gregorio Vardánega y Rogelio Polesello, se asiste al fuerte impacto que el plástico (y el proceso desarrollista en el ámbito político-social) tuvo en la producción cultural de la época. Superficies coloridas, brillantes y traslúcidas permitían crear formas y recursos visuales inusitados. Mouvements chromocinétiques (1971) es una pieza que condensa las exploraciones de Boto en torno a los reflejos cromáticos y la verticalidad como eje de rotación de la obra: los cilindros de aluminio esmaltados en movimiento disparan una multiplicidad de destellos cromáticos que envuelven al espectador en una seductora experiencia preceptiva.
Real/Virtual incluye también una obra paradigmática de Nicolás Schöffer, el maestro francés del luminocinetismo. La instalación Lux 2 (Máquina de metal) fue adquirida por el museo gracias a las gestiones de Romero Brest, quien vio la pieza en la VI Bienal de São Paulo, de 1961. Escasamente expuesta desde su ingreso al museo, la obra fue reacondicionada para esta exposición, y exhibida, por primera vez, con la banda sonora original de Pierre Henry. El material documental de esta pieza (los dibujos, croquis para su instalación y correspondencia entre Romero Brest y el artista) se exhibe junto a la obra.
La exposición está acompañada de un catálogo ilustrado con todas las obras expuestas, textos críticos, testimonios de los artistas, una selección de manifiestos y documentos, biografías y cronología. Sin duda, esta exposición busca reponer un panorama artístico de investigaciones concatenadas que tal vez no fue aún mirado con la complejidad que el fenómeno requiere. La curaduría habilitó nuevas lecturas, con la intención de contener la trama institucional que dio inscripción a dichas propuestas. En este sentido, la muestra se vuelve un metarrelato que reconstruye, en cuanto exposición sobre arte cinético, el modo en que las exposiciones institucionales de arte cinético operaron en la consagración de dicha tendencia. En Real/Virtual se asiste a un juego de reflejos espejados del pasado sesentista en movimiento.
MARÍA AMALIA GARCÍA

