Exposición Individualdic 2012 - feb 2013· Por Manuel Álvarez Lezama

Radamés “Juni” Figueroa

Galería Roberto Paradise

Radamés “Juni” Figueroa (Bayamón, Puerto Rico, 1982), miembro de la mirada/propuesta urbana-ecléctica que tiene su primer impacto a principios del siglo XXI, y a la que pertenecen artistas locales como Sofía Maldonado, ISMO, Omar Velásquez, Rito Cordero –sólo para mencionar algunos–, es un artista innatamente urbano que siempre ha estado activo en los quehaceres culturales de las comunidades pobres/marginadas de Puerto Rico, y con ello desarrolló unos personajes “callejeros” de enormes profundidades, impresionantes reflejos del mundo que estamos viviendo.

Al principio de su carrera, “Juni” Figueroa impactó al mundo cultural con sus actividades artísticas multisensoriales, en distintos complejos de apartamentos públicos (los Residenciales de Puerto Rico) y barriadas de escasos recursos (el artista mezcla la pintura, proyecciones en las paredes, música –él también es músico, ¡y bueno!): bailes, mensajes sociopolíticos, etcétera, para despertar en los residentes –niños, jóvenes, adultos y envejecientes– tanto la creatividad/diversión como la libertad de expresión en todos los niveles, y luego maravilló a los críticos de arte y coleccionistas con su poderoso, original y, a veces, controvertible estilo dentro de la nueva figuración, lo que lo lleva eventualmente a ganar varios premios locales de importancia y a ser invitado a exponer en ferias del calibre de ARCO y Art Basel-Miami.

Exposición Individual: Radamés “Juni” Figueroa — imagen 1
Radamés ‘Juni’ Figueroa. Sal si puedes, 2012. Acrílico sobre lienzo, técnica mixta. 182,8 x 240,7 x 28 cm. (72 x 94 ¾ x 11 pulgadas).

En su reciente exposición en la Galería Roberto Paradise, titulada Sal si puedes (Get out if you can), “Juni” Figueroa presenta una interesante mirada de la las nuevas modalidades de piratería que definen nuestros tiempos. Se basó inicialmente en el crucero en el que su capitán –borracho y amoral– causó, por negligencia crasa, un desastre que vivimos todos en este mundo globalizado y que produjo el virtual hundimiento de su barco y la muerte de muchos de sus pasajeros, hecho que lo convirtió en símbolo uno de los nuevos piratas, según el artista. Su actuación, egoísta y cobarde, ha sido condenada por toda la sociedad. Y en este nuevo pirata se basa Sal pa fuera. Un “sálvese quien pueda” que demuestra, en un grado extremo, lo que ocurre con otros piratas modernos, tales como los banqueros de Wall Street, los maestros irresponsables y vagos.

La mirada del artista ante las injusticias socioeconómicas y las diferencias de clase no es nueva. Y todos sabemos que la piratería siempre ha ocurrido, desde los tiempos egipcios y mesopotámicos hasta en los mares asiáticos, después del descubrimiento de América, y ahora, con los narcopiratas. Los que quieren obtener riquezas de maneras brutales y sanguinarias para algún un día ser reconocidos socialmente y hasta recibir títulos nobiliarios (Sir Francis Drake).

Lo que ocurrió en el Mediterráneo está muy lejos del Caribe, y Pirats of the Caribbean no tiene que ver mucho con nosotros. “Juni” Figueroa critica a los que tienen poder y son ladrones. No están en barcos pero sí en bancos, multinacionales, iglesias, legislaturas, palacios presidenciales. Que mucha de nuestra realidad se ha convertido en robos, mentiras, fraudes, saqueos, trucos. Que nuestros pueblos viven bajo el constante acecho de estos nuevos piratas de cuello blanco y con impecables educaciones.

Aunque la exposición debe ser vista como un Todo –una Instalación–, sobresalen en Sal si puedes un barco pirata del siglo XVII con un “bar” frente a la obra, con ron, vodka, cervezas, etcétera. El colorido es brillante, y en esta obra, como en las otras, se ve una gran influencia desde De Kooning, Basquiat, toda la nueva figuración, hasta uno de sus maestros más importantes: José Lerma. También vemos cómo los fondos de las pinturas de “Juni” Figueroa demuestran su total dominio de la abstracción, y es tan libre que se atreve a experimentar con el puntillismo. Otra obra de importancia es El capitán cretino. Aquí –y en Capitán concha– vemos un primitivismo/bad painting que nos llama la atención. Pero se destacan la imbecilidad del capitán pirata y su poder de hacer daño. Finalmente, tenemos Capitán Guirero. Un capitán toca un güiro, un instrumento latinoamericano que, con la clave, marca el ritmo de la música poscolonial americana.

Los personajes de Juni Figueroa siempre pueden ser vistos como parte de un bestiario de seres urbanos –dentro o fuera de nuestra realidad– que nos llevan tanto a la risa como a la compasión y la reflexión social, política y existencial. A veces esperpénticos, a veces adorables.

MANUEL ÁLVAREZ LEZAMA

Radamés “Juni” Figueroa, por Manuel Álvarez Lezama | artnexus