El color como estructura es un proyecto expositivo que la artista venezolana Patricia Van Dalen realizó en dos instituciones culturales de Caracas: la galería GBG Arts y el Centro Cultural Chacao, en su espacio llamado La Caja. Curadas por Lorena González y Juan Ledezma, ambas muestras dialogan sobre un aspecto esencial en la obra de Van Dalen, como es el comportamiento del color en estructuras dinámicas propiciadoras de una obra abierta. Para ello, tomaron en consideración para ambos montajes los diversos soportes y modos de procedimiento de la artista, su diversidad formal y conceptual y, por supuesto, la relación con el espectador, que es distinta en una y otra sede.
El concepto de estructura es revisado a partir de la obra de Van Dalen. Juan Ledezma señala en su texto curatorial que en lugar de considerar el criterio de estructura como una articulación rígida y cerrada de un enunciado artístico, se toma la acepción posestructuralista –que surgió a partir de una revisión teórica realizada a partir de 1968–, en la que, por el contrario, el enunciado artístico se desarticula. Se parte de la premisa de la desestructuración de la estructura. Ello permite que su obra amplíe su campo de interrelaciones, tanto perceptuales como discursivas.

Bajo este criterio se hace perfectamente visible el sentido de las dos propuestas expositivas. La primera de ellas, inaugurada en GBG Arts, constó de nueve collages titulados Estructuras, cinco de los cuales estaban superpuestos a murales pintados por la artista con pintura acrovinílica. Al estar suspendidos con nailon transparente, estos collages tenían una interesante condición “aérea” y dinámica, tanto por su movimiento oscilante como por el efecto que producían los planos (collages) superpuestos sobre “campos de color” de naturaleza estable. Ya esto, de entrada, presupone la percepción de estructuras cambiantes y dinámicas. Ahora bien, dinámicas son asimismo las composiciones cromáticas que la artista realiza en los collages propiamente dichos. En éstos imperan las geometrías asimétricas, la interrelación de colores fuertemente saturados con otros tenues, y a la vez, un interesante juego con el balance, teniendo en cuenta la proporcionalidad de los planos de color y la combinatoria cromática. Complementaba la exposición una instalación realizada en la Sala 2 con cordones de vinilo fluorescente en naranja, verde y rosado sujetados con alfileres. La articulación de cada de las partes esbozaba de manera sutil una estructura de líneas de color.
En La Caja de la Fundación Chacao la artista creó un efecto sorpresivo en la sala principal. Este espacio, como indica el nombre La Caja, es de un ámbito cerrado de gran altura. En lugar de intervenirlo directamente con cintas adhesivas llenando espacios con líneas dinámicas de color, como ha hecho en otras oportunidades, realizó una instalación pictórica conformada por 120 piezas en formatos muy pequeños (de tamaño y profundidad diversos) que contrarrestaban sin duda con la altura del lugar. La distribución igualmente asimétrica de los pequeños módulos formaban parte de este desafío a la escala: “Me interesaba explorar –señaló la artista a la prensa– el pequeño formato para apropiarme de un espacio grande y hacer una instalación que tuviera muchas partes; que hiciera alusión a la definición de la palabra estructura: relaciones que se establecen entre las distintas partes de un todo”. Pero además, la artista tomó en consideración la sensación de sobrecogimiento que le produce este lugar: “Lo que quise crear es una capilla, como la de Ronchamp de Le Corbusier. Nunca he estado allí pero al ver las fotografías uno siente esa reverencia que hay en un espacio de devoción”.
En La Caja también se hizo énfasis en la condición móvil y cambiante de las diversas estructuras propuestas por Van Dalen. Por primera vez la artista animó sus composiciones cromáticas en una sección separada por una falsa pared que reproduce una de sus obras tituladas Arquitectónicas. En este pequeño ámbito mostró videos en los que diversos planos de color aparecen y desaparecen generándose otros nuevos. Se trata evidentemente de la demostración fehaciente de la potencia que tienen estas estructuras móviles y flexibles cuando las pone en movimiento explícitamente. Por otra parte, en esta muestra también consideró el paso de una escala a otra, del mínimo al máximo. Un ámbito pintado con grandes planos de color en piso y pared invitaba al espectador a vivenciar el interior de una composición cromática hecha a base de colores fluorescentes, y en algunos planos, texturados con cintas adhesivas. Esta Arquitectónica penetrable, como se llama, creaba una relación disonante y a la vez complementaria con la propuesta cromática y espacial de la sala principal de La Caja.
Estas dos exposiciones demuestran las posibilidades infinitas del lenguaje del color y serán sin duda una importante referencia en la trayectoria de Patricia Van Dalen.
SUSANA BENKO
