Una placa azul que registra Avenida Primavera aparece a la entrada de la galería; la placa pasa desapercibida; hay que ser un observador curioso para percatarse de su presencia. Es una dirección imaginada y el aviso que nos introduce a la casa donde acontece la hazaña de Mateo López, la idea de que una casa se convierta en un libro y de que cada espacio dispuesto e intervenido sea un capítulo de éste. La encuadernación del “objeto-libro” son las paredes de la galería, y cada una de las instalaciones, un pedazo de su contenido. Es una jugada narrativa que desplaza la naturaleza del relato textual, su orden y sus códigos.
El proyecto expositivo de Mateo López incluye una guía para el visitante. No es una guía en el sentido estricto, es más bien una invitación a dejarse llevar por la serie de objetos y espacios que el espectador va encontrando a su paso; sus páginas contienen dibujos, textos breves y enunciaciones de diverso orden. La exposición resulta ser un escenario de ficciones en el que la imaginación se dilata sin parar. Hay objetos que aparecen dibujados en la "guía-libro" que no están en el espacio, y la osadía de quien observa es definitiva para descubrir las trampas visuales y/o narrativas que el artista pone en escena, un entrelíneas conectado con experiencias particulares que Mateo López ficciona y un riesgo consciente que él asume, pues resulta muy posible que “lo invisible” no sea percibido porque “lo visible” mantiene una carga de significación que dispara interpretaciones de diverso orden.

Mateo López es reconocido por sus experimentaciones con el lenguaje del dibujo; sus proyectos parten de líneas trazadas en el papel, un estado bidimensional fundador que el artista va dejando atrás a medida que el proceso de creación avanza y se van constituyendo formas tridimensionales; en su instalación Avenida Primavera Casa No. 2, el espacio mismo se convirtió en el soporte o en el contenedor de una “idea del dibujo” donde el trazo alcanza las dimensiones del sonido o del olor; una cartografía abstracta de lugares y ambientes donde la memoria –con su carácter fragmentario– es materia que da origen a las obras. Son doce momentos1 numerados en la guía; sin embargo, una vez se termina el recorrido, el observador agudo se percata de que algunos episodios sólo tendrán lugar en su mente porque en las salas no aparecen; tal es el caso del capítulo 5, titulado Desde el diván; es de de esta manera como los relatos se arman y se desarman en un tiempo simultáneo mientras se habitan los capítulos del “libro” que López ha inventado.
En el dibujo titulado Nota de autor, que puede categorizarse como la pieza cero de la exposición, el artista rompe con el código de paginación de los textos; la referencia a esta obra que aparece en la guía señala: “La numeración de este libro de 200 páginas fue removida para permitir al lector moverse libremente entre las hojas, sin percibir su distancia del comienzo o final. Los números se transcribieron por aparte y se reorganizaron en orden alfabético”; con esta sutil jugada –casi como la de una partida de ajedrez–, López propone un acto de “desmontaje”; advierte que lo que veremos no será lo que parece y le exige al espectador una observación concentrada, y en un punto, precaución y tacto con sus movidas una vez ingresa al “campo de juego”, pues las reglas no son únicas y él mismo es quien construye un imaginario propio de la experiencia.
El capítulo 2, titulado Archivo, es una instalación donde el artista ha montado unos estantes modulares de cartón verde diseñados y ensamblados por él mismo que no contienen nada; no hay nada archivado. Sin embargo, es una de las apuestas donde lo que no es visible se agudiza porque el acto de percepción hace que el visitante conecte su experiencia con la idea preconcebida que tiene de un archivo. En La caja negra, otra de las instalaciones, Mateo López construye una habitación con elementos básicos: una cortina, un colchón, una lámpara, un lápiz, una tabla donde hay dispuestas hojas blancas listas para ser usadas y hojas arrugadas botadas al azar. De fondo, un paisaje sonoro que alude a once de los cuartos donde Mateo ha dibujado; uno de los audios protagónicos es el del lápiz haciendo trazos en la hoja; esta acción se potencia, y cuando se yuxtaponen otras capas de audio, posibilita que el espectador dibuje en su mente imágenes de situaciones específicas.
El gabinete (capítulo 11) es la instalación que de alguna forma “cierra” el recorrido; una idea del gabinete de curiosidades de Mateo López está ahí; objetos construidos por el artista exhiben “su universo”2. Otra vez aparece el archivo, y con éste, las múltiples presencias del montaje, un gran relato hecho de microrrelatos; ¿acaso podría pensarse como un storyboard en tres dimensiones que no llegó a ser película? o ¿la escenografía de una obra de teatro que no fue representada? El trabajo de Mateo López parece estar experimentando una transición; el dibujo está siendo transferido a otros niveles de representación; el artista habita el tiempo presente de ese movimiento de traslación y desde esa temporalidad nos presenta su Avenida Primavera Casa No. 2.
NOTAS
1. Estos son los nombres que Mateo López dio a las doce capítulos que constituyen la exposición Avenida Primavera Casa No. 2: 1. Entrelíneas, 2. Archivo, 3. Cuarto abandonado, 4. Sin título, 5. Desde el divan, 6. La caja negra, 7. Efemérides, hoy hace 22 años, 8. Historia de supervivencia, 9. R/, 10. Piano removido, 11. Gabinete, 12. Pieza descontinuada.
2. Es importante anotar que la idea primera del coleccionismo mantenía una obsesión por contener “lo universal” en los recintos donde eran acumulados objetos exóticos y únicos. Mateo López exhibe “su universo”, pero no lo hace de manera literal; sigue abriendo fisuras o generando cuestionamientos sobre la representación y el dibujo como un lenguaje visual sin límites.
ERIKA MARTÍNEZ CUERVO
