Exposición Individualdic 2012 - feb 2013· Por Christine Frèrot

Marie Orensanz

School Gallery

School Gallery, ubicada al fondo de un pintoresco patio del barrio del Marais, decidió mostrar algunos trabajos recientes de Marie Orensanz (Mar del Plata, 1936). En un entorno particularmente abundante en prestigiosos lugares de exposición (el Centro Georges Pompidou, el Museo Picasso, el Museo Nacional de Arte Judío, y numerosas galerías como Yvon Lambert, Xippas, Karsten Greve, Marian Goodman o Chantal Crousel), esta joven y muy dinámica galería (expone al brasileño Julio Villani, igualmente instalado en París) presenta un trabajó más bien “intimista” en donde prima la calidad intemporal de una artista confirmada. El conjunto de obras expuestas (dibujos con collages, fotografías, esculturas en mármol blanco y escultura en metal) está casi totalmente dominado por el uso del color blanco omnipresente. Un desafío en un mundo del arte muy saturado de imágenes (a menudo violentas) y colores (a menudo chillones).

Exposición Individual: Marie Orensanz — imagen 1
Marie Orensanz. Más allá del tiempo. 2012. Escultura en metal y pintura blanca. 40 x 30 cm. (15 ¾ x 11 ¾ pulgadas).

El universo de Marie Orensanz es todo finura y sutileza, pues tanto el blanco como el negro, que trabajó hace varios años, permiten juegos de reflejos y contrastes (de sombras aquí y de luz con el negro) que sólo una mirada que se toma el tiempo de ver puede apreciar. Así, pues, la artista plantea un tema central, el del tiempo, noción que no sólo atraviesa su obra sino que es hoy en día la del “saber ver” que se adquiere dando tiempo a la mirada, sabiduría que tiende a perderse en la omnipotencia de una temporalidad dominada por la velocidad y el zapeo. Marie Orensanz elaboró una obra conceptual y constructiva asociando el rigor de una reflexión sobre el espacio a diversos materiales (papel, cartón, objetos) e introduciendo la escritura y el símbolo –transformados en un grafismo personal– como íconos esenciales de su discurso estético y de sentido. La constancia y la coherencia intelectual y formal de su proyecto artístico –el “sendero” que sigue, trabajando en la búsqueda de nuevos materiales o nuevas soluciones para sus dispositivos y estrategias conceptuales, espaciales y estéticos– constituyen el eje principal de una obra que se interroga sobre sí misma y el mundo, sin tratar de conquistar territorios socavados por la mediatización artística globalizada. El arte de Marie Orensanz es un arte de reflexión, dominio y gesto, tanto de lo íntimo como de lo público, arte del diálogo y del compartir, de la fidelidad a sí mismo, del deseo.

Con los nombres de Dé-flagration (2011) e In-volution (2011), los grandes dibujos y collages de la entrada dan testimonio del nuevo recurso plástico escogido por la artista, el de la explosión de formas recortadas y pegadas que se levantan parcialmente de su soporte en una especie de torbellino controlado. El borde del papel o del calco se repliega delicadamente y la sombra así obtenida crea el indispensable relieve. Un delicado grafismo negro en línea punteada hecha a pluma delimita el espacio y subraya la deconstrucción, ofreciendo a la mirada una “corporeidad” (M. Orensanz) y una “piel” más orgánica y sensual que sus formas geométricas puras. El efecto de flotamiento inducido por el despegue del papel abre un nuevo espacio, más aireado, y el movimiento generado por los contrastes entre sombra y luz crea una relación estable-inestable en donde perdura, sin embargo, un orden tras el desorden. El “mármol estallado” fue lo que inspiró los nuevos espacios de la artista. Ese “estallido” es para ella una forma de ir más allá del marco, metafóricamente hablando, sin por ello deshacerse del “eje”. Y es que todo se ordena, así como todo se dispersa, a partir de ese eje conductor. Gozar de la libertad de expresión es, como ella dice, “superar o superarse para no caer bajo el dominio”.

El trabajo de plegado, ya presente en las seis esculturas-tótems de mármol más antiguas (años ochenta y noventa del siglo XX), se vuelve a encontrar en sus dibujos y confirma la coherencia de una obra en la que pensamiento, forma y tridimensionalidad son inseparables. Una escultura reciente (anteproyecto monumental) Au-delà du temps (Más allá del tiempo, 2012), tiene que ser vista y comprendida con su sombra proyectada sobre el muro para mostrarnos nuestra propia fragilidad a través del tiempo, para que podamos tomar conciencia del tiempo que transcurre, de la brevedad de nuestro paso por la Tierra y, por consiguiente, de la dimensión efímera de todas las cosas. Los once paneles fotográficos montados en friso, Sans titre (Sin título, 2012), están compuestos de detalles de sus dibujos, trabajo que la artista concibe como un fragmento de todos los fragmentos, el cual requiere una atenta lectura.

El trabajo de Marie Orensanz no es pues gratuito. Sin ser abiertamente político, se ve sin embargo atravesado por una preocupación que alimenta la artista desde siempre, la de crear un vínculo, la de instaurar una relación con el que mira, mediaciones sin las cuales su obra pierde todo su sentido.

CHRISTINE FRÈROT

Marie Orensanz, por Christine Frèrot | artnexus