En 2007 el artista José Dávila (Guadalajara, México, 1974) expuso una serie de dibujos sobre papel generados por un rotulador amarrado a un globo. Titulada Exercises of the possible, la serie explora la posibilidad de crear sin intervención directa de la mano. Internacionalmente reconocido por el refinamiento y la elegancia de sus instalaciones, objetos, dibujos y fotografías, la obra de este artista parte de la ruptura de las perspectivas asumidas sobre las cosas, mediante una completa subversión del ámbito de observación sobre el que trabaja. A Dávila le inquietan los logros del arte y la arquitectura, las utopías y los descubrimientos, la percepción y los juegos mentales, asuntos existenciales y emocionales, que constituyen vehículos de comunicación que transmiten la condición humana.
Su tercera muestra personal en la Galería Travesía Cuatro toma el título del libro del biólogo francés François Jacob: Le jeu des possibles, essai sur la diversité du vivant, que aborda temas como la relación entre mito y ciencia, la teoría de la evolución y el azar, el funcionamiento del cerebro y la ingeniería genética –entre otros–, alertando a su vez contra el peligro de tomar las teorías como ideología, de la inmovilidad del pensamiento, de la búsqueda de absolutos. Una obra que reúne el conocimiento científico y la sabiduría de la vida y nos invita a ver las creaciones humanas desde el “juego de lo posible”, impulsándonos a aventurarnos en el conocimiento y a vivir la existencia imaginando un futuro mejor. A partir de estos enunciados, José Dávila despliega un conjunto de obras que nos ofrecen ángulos diversos tanto de la historia del arte y los procesos creativos –exploraciones en la percepción visual–, como de lo social y humano. Con gran economía de recursos, destreza técnica, y su acostumbrado acento minimalista, sus piezas, impactantes en la disposición de formas y volúmenes, buscan una continua y siempre cambiante relación de equilibrio, en el empleo de la luz, la armonía cromática y el modo en que establecen nuevas y elocuentes relaciones en el espacio.

Formado como arquitecto, Dávila pertenece a una generación de artistas mexicanos de inicios de los años noventa que estaban fascinados con las estrategias y la política del arte conceptual, desarrollando proyectos de intervención urbana siempre en constante diálogo con el lugar y su función. Desde entonces nace su principal preocupación por el espacio en sus diversas maneras de representarlo, subvertirlo, mutarlo1, al tiempo que continúa con la larga tradición de “querer introducir la pintura en el espacio”. No es casualidad que los autores que toma como referentes vayan desde el arquitecto Buckminster Fuller hasta Lygia Clark, Oiticica y los Poemas-Luz de Lygia Pape, pasando por Malevich, Matta-Clark, y la relectura de los presupuestos minimalistas de figuras como Sol LeWitt, Dan Flavin o Donald Judd.
En Horizonte vertical (2012) expone un conjunto de vigas de madera colocadas sobre bases de metal que forman una columna, dibujando un “horizonte” continuo y vertical sobre un muro. En otras dos piezas –una hilera de cristales negros sobre bases de metal y una serie de cubos de madera pintados de rojo– juega igualmente con esta idea de utilizar texturas y calidades diversas, desde la progresión de unidades idénticas, utilizando la pared como soporte, que recuerdan las maravillosas composiciones de Judd, donde la tridimensionalidad ofrecía una salida a las limitaciones de la pintura.
Las líneas y formas depuradas de las superficies minimalistas sufren una variación significativa en la serie Posibilidades finitas (2012), al combinar materiales imperfectos como el cemento (rústico, opaco) con la perfecta luminosidad del neón. El uso del cemento, tan común en la construcción de edificios, nos habla de procesos constructivos, de las posibilidades de acción del hombre en la sociedad. Si en Promise of a better world (2011) los bloques de cemento ofrecían una imagen simbólica de la ciudad, en la nueva serie los paneles aparecen enlazados creando juegos diferentes de continuidad y ruptura, unión y oposición. A veces simulando la estructura interna de una esquina que se abre al exterior (Posibilidades finitas I) o dibujando estructuras que se aproximan sin llegar a tocarse, como expresión de ese “posible” al que adecuamos nuestro comportamiento o ante el que confrontamos nuestros deseos y temores (Posibilidades finitas II).
Una de las piezas centrales, Topologías de luz (2012), está compuesta por un conjunto de fotografías de instalaciones de Dan Flavin, donde ha recortado el elemento principal (la barra de neón), resaltando la armonía y la sutileza cromática de los diversos rastros de luz sobre el fondo. En la “clasificación y conectividad” aplicadas sobre íconos de la arquitectura (Buildings you must see before you die, 2009), obras de arte (Topologies of memory, 2011) o la imagen de reconocidos artistas que desaparecen de su propio retrato (Topologies of identity, 2012), Dávila establece aquí relaciones de proximidad entre nuevos “objetos” (obras de Flavin), como un modo tal vez de insistir en ese largo recorrido de experimentación con la luz, el color y los espacios interiores fuera de los medios tradicionales.
Una mezcla sutil de creencia, conocimiento e imaginación construye ante nuestros ojos la imagen siempre cambiante de lo posible2. La muestra enfatiza ideas alrededor de ese diálogo continuo entre “lo que podría ser y lo que es, entre lo posible y lo real”, abordando puntos de encuentro entre lo que aparentemente son realidades opuestas. La obra de Dávila se reafirma como ejercicio de experimentación y ruptura de límites, desde la creación de sistemas aparentemente de gran simpleza que se convierten en significativas claves de reflexión hasta la búsqueda de nuevas combinaciones, de diferentes “posibles”, como vías, modos de transformarlo, lo que nos rodean. Él lo hace posible.
NOTAS
1. Cfr. Naief Yehya: José Dávila, Artnexus # 46, oct.-dic. de 2002 México.
2. Cfr. François Jacob: Le jeu des possibles, essai sur la diversité du vivant, 1981.
WENDY NAVARRO
