La madera es el fundamento de la obra de José Bento. El interés por el material, sus posibilidades plásticas y simbólicas, llevaron al artista a hacer de la madera un camino para la creación de nuevas realidades, permeadas de profundidad y gracia, tan inusitadas que invitan al espectador a participar en un mundo aparte de imaginación y ensoñaciones.
Con piezas de diversas fases del artista, una muestra reciente en la galería A Gentil Carioca, en Río de Janeiro, presentó, además de una importante intervención arquitectónica (una rampa proyectada hacia la calle), obras inéditas y trabajos anteriores de Bento, como la primera escultura del artista. Había además una gran escultura que se parece a una nave, que cobijaba obras menores, como piezas de madera y metal, objetos y videos.

Desde la década de 1980 José Bento realiza, sobre todo, esculturas en madera, además de trabajos en video, dibujo y fotografía. Con exposiciones en museos, instituciones culturales y galerías dentro y fuera de Brasil, desarrolló sus primeros trabajos a partir de la discusión entre el plano y lo tridimensional, como las maquetas y los objetos construidos con palitos de paleta, que encantaban al espectador por su aspecto microscópico.
Crear otros mundos en el interior de grandes sitiales esculpidos ha sido una de las estrategias utilizadas por el artista. En una de esas piezas, de proporciones gigantescas, proyectó imágenes en video de pájaros carpinteros picoteando la madera. Así, además de develar las posibilidades de uso y terminado del material, el artista suma a sus potencialidades expresivas otros procedimientos técnicos y simbólicos.
Oriundo de Salvador (Bahía), Bento desarrolló gran parte de su carrera en Belo Horizonte (Minas Gerais). Se dice autodidacta, por no tener título en artes. Sin embargo, el contacto directo con el arte se produjo desde su primera infancia. En una escuela de arte, durante diez años, fue alumno de Arlinda Corrêa, exalumna de Alberto da Veiga Guignard (1896-1962), artista y educador artístico mineiro que tuvo influencia no sólo en el arte moderno sino también en la producción artística de su región. Con su método de enseñanza, Guignard abolió el uso de reglas y borradores, para que el trazo original del alumno no pudiese ser corregido.
Tal vez de ahí provenga la influencia de formas más orgánicas que rectilíneas propuestas por Bento, en una poética más expresiva que racional. A Bento le interesa una percepción más subjetiva en relación con la madera. El artista, que trabaja sólo con maderas de árboles muertos, intenta rescatar la historia de cada materia. No se trata de hacer arte ecológico, sino de respetar una vida que parece perpetuarse hasta después de la muerte del árbol. Como declaró el artista alguna vez, lo que le atrae es el calor orgánico de la madera, en la que él deja transparentar sus recuerdos, la marca de las lluvias, del viento y de otros animales en sus superficies.
Las marcas del tiempo, respetadas, se transforman en lenguaje poético al ser dislocadas de su origen para alcanzar el estatuto de arte. Eso resulta mucho más expresivo cuando alcanzan grandes dimensiones, casi tótems de un ritual en homenaje a la materialidad de las cosas inertes, en el inicio de todos los tiempos. En diversos momentos de su carrera es posible testimoniar este eslabón que une cada escultura.
En la serie Árboles, una de sus obras más conocidas, el artista aborda la materia como meollo de su propia representación. La relación entre la arquitectura de los espacios expositivos y los trabajos de arte también fue una fuente prolífica de propuestas artísticas en su carrera, algunas de ellas site-specifics. Sus trabajos más recientes lidian con el estatuto del lenguaje escultórico contemporáneo y discusiones sobre el valor financiero en el circuito del arte.
En el Museo de Arte de Pampulha, en 2004, el artista recubrió el espacio destinado a la exposición con tablas de demoliciones de casas modernistas, llevando dentro del museo decenas de toneladas del material. El espacio, aparentemente vacío, permitía al público caminar sobre la escultura, en una referencia irreverente sobre el tema del vacío en la obra de arte contemporánea.
También Bento transforma miniaturas escenográficas en obras escultóricas. Las ruedas compuestas por secuencias de tiras de madera, piezas que representan pequeños árboles, parecen una idea simple, pero se transformaron en la marca registrada del artista; son esculturas, que emergen directamente del piso, eliminando el pedestal. En algunas obras, el artista demuestra interés por la geometría, pero lejos del rigor concretista. Claro que no pasa desapercibida su índole constructivista, especialmente en razón de su contacto con la obra del escultor mineiro Amilcar de Castro (1920-2002), considerado como uno de los artistas más representativos del arte brasilero contemporáneo.
Formas suntuosas, cortes precisos en superficies ilimitadas, variados diseños, puntillados negros, texturas provenientes de la misma naturaleza de la madera, pequeñas esculturas clavadas sobre inmensas piezas, son características que llevan el trabajo de Bento a la condición de arte. Un arte en el que la percepción del mundo por parte del artista se transforma en metáfora visual, un pensamiento no lineal de una época en la que aún no existía el hombre, de la vida como un río en incesante transformación por la misma naturaleza.
ALESSANDRA SIMÕES
