La incorporación del movimiento mecánico a la obra de arte es una de las vertientes que han explorado artistas como Enrique Moreno Dbeiss (Líbano, 1971), cuyo trabajo roza las fronteras entre el arte y la tecnología. Este autor ha sabido dilucidar una poética que traspasa los umbrales de la funcionalidad para adentrarse en el campo de la imaginación; un tema que, en cierta manera, responde a ese anhelo de unir arte y vida a través de la creación. Moreno es técnico en Mecánica Automotriz (1994); además, es graduado, mención Escultura, en el Instituto Universitario de Estudios Superiores de Artes Plásticas Armando Reverón de Caracas (2000). Su discurso se nutre de estas dos disciplinas que ejerce paralelamente, tanto en el campo profesional como en el artístico. En la presentación de su reciente producción realizada entre 2009 y 2012, exhibida en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, entre el 8 de julio y el 28 de agosto del año en curso, se detectan esas relaciones que nos vinculan con el mundo electromecánico. Bajo el título Volumen. Robóticas de Enrique Moreno, el artista expone nueve piezas que se articulan entre sí, escalando el espacio circundante y expandiéndose por los blancos muros que conforman la Sala 11.

Sus composiciones –una suerte de esculturas-ensambles-instalación– son construcciones hechas con alambres que se tejen como armazones esqueléticos, los cuales revelan una apariencia desmembrada e inacabada. A este conjunto de filamentos metálicos añade motores que generan vibrantes movimientos, a veces espasmódicos, otros lineales o giratorios. Estas “máquinas-móviles” adquieren un nuevo sentido que desplaza la utilidad original de sus motores, puesto que combina botellas de plástico, péndulos, ruedas, cables, rolineras y caladoras, entre otros artículos, que acentúan el carácter lúdico, artesanal y frágil de estos residuos o fósiles posindustriales, convertidos ahora en íconos de la cotidianidad. Desde una perspectiva histórica, estas piezas guardan reminiscencias con los rotorrelieves de Marcel Duchamp, y también con las insólitas maquinarias de Jean Tinguely, o los dibujos en alambre de Alexander Calder; incluso, denotan cierto parentesco con los anudamientos, enrosques y retículas de Gego. No obstante, las composiciones de Moreno se manifiestan como cuerpos irregulares que se acercan a lo absurdo, lo incoherente o lo inesperado; algunas obras, como Synchronous motor, Wro o Chaca-chaca, ejecutadas con motorreductores, cables eléctricos y alambrón, describen ese rasgo irónico que caracteriza su trabajo plástico. En 4 x 2, por ejemplo, incluye una nota folclórica al insertar instrumentos de cuerdas, pequeños cuatros de souvenir, que contrastan de manera sorpresiva con la trama compositiva. Para la curadora de la muestra, Albeley Rodríguez, “Moreno transforma piezas de electrodomésticos en poéticas del desgaste, rescatando aquellos mecanismos de su obsolescencia para transformarlos en una robótica precaria cargada de evocaciones […]”.
Más allá de la curiosidad y el asombro que despierta en nosotros la contemplación de estas construcciones, la propuesta de Moreno nos lleva a reflexionar sobre las paradojas, solapadas o evidentes, que trajeron consigo la Revolución Industrial y sus avances tecnológicos, y a pesar de que gran parte de sus aplicaciones han beneficiado a la humanidad, también han contribuido a un progresivo sedentarismo, ya que muchas de nuestras actividades motrices han sido absorbidas por la vorágine energética que acelera nuestros modos de vida, reduciendo algunas de nuestras acciones al mínimo esfuerzo; pensemos en el cepillo de dientes eléctrico, el cuchillo eléctrico, el control remoto, los ayudantes de cocina, etc. En contraposición a ello, y casi como un contrasentido, la sociedad le exige al hombre de hoy ejercitarse a fin de recuperar la movilidad física para su salud mental y corporal.
Pero el discurso de Moreno no se detiene en el accionar del movimiento que generan estos artefactos, sino que ha capitalizado los sonidos que provocan su funcionamiento, otorgando a estas estructuras una vitalidad que dinamiza todo el conjunto. El sonido y el ruido son otros de los elementos que han contaminado nuestra realidad, las odas anteriormente dedicadas a la naturaleza –el canto de los pájaros, los truenos, las olas, etc.–, ahora dan paso a las resonancias auditivas que emanan de turbinas, válvulas, baterías, censores, sopladores y transformadores, entre muchos otros aparatos que día a día invaden el medio ambiente, a los cuales no solemos prestar atención, pues nos hemos habituado a convivir con esta invisible presencia. De ahí que la musicalización y el performance sean otros de los ámbitos en los que este creador ha cultivado su talento desde 1995; por ello, su trabajo se ubica en el género de medios mixtos, en los que intervienen lo visual, lo sonoro y las acciones. Para Moreno, “no se trata sólo de ver la obra sino de tocarla y oírla. Esto da un resultado lúdico con el espacio, pues involucra a otros espectadores que pasan cerca de la obra, aun cuando no la estén accionando directamente […]”.
GLADYS YUNES
