“Cristo Redentor, brazos abiertos sobre la Guanabara"1 canta Tom Jobim en Samba del avión, canción compuesta en 1962. El Morro del Corcovado, sitio en donde está instalado el Cristo Redentor, se constituye en una de las tarjetas postales de Río de Janeiro y en uno de los paisajes más icónicos de Brasil. En la cima de la exuberancia montañosa y tropical, subrayada de muchas maneras en la historia de las imágenes relativas a Brasil, destaca esta figura cristiana que contrasta con la vivacidad de su entorno. Vertical, la postura del Cristo remite al episodio bíblico de la crucifixión. Muerte y paisaje, por lo tanto, van lado a lado. Los “brazos abiertos” de Tom Jobim, símbolo del carácter acogedor de la ciudad, son los mismos de los martirios religiosos.
Abajo del morro, del lado del mar, en el barrio de Ipanema, tiene lugar la exposición Sobre humano de Carlos Mélo, en la Galería Laura Marsiaj. En el espacio expositivo llamado Anexo, destinado a proyectos de exposiciones pequeñas, el artista comparte con el espectador dos nuevos trabajos. Uno de ellos, un dibujo de gran escala, es una cita a este monumento sagrado de Río de Janeiro. En lugar de representar la columna de concreto que sustenta la figura, el artista opta por hacer visible otra estructura primordial, o sea, la columna vertebral. Lo que sustenta la arquitectura da lugar a aquello que mantiene el cuerpo erecto. La base que consagra una escultura está, en este dibujo, rodeada de huesos humanos dispersos.

¿Cuál es el lugar del manto de Jesús en la cultura contemporánea? el artista lo sustituye por un traje masculino y sacraliza una especie de ejecutivo. ¿Qué podría, actualmente, ser más sagrado que la figura igualmente icónica de quien administra los movimientos financieros? Cercano a una alegoría de la muerte, Cristo viste de negro. Se suprimen los trazos esquemáticos del art deco y gana presencia un esfumado que genera dudas. Como en trabajos anteriores de Carlos Mélo, hay aquí una investigación en torno al ocultamiento del rostro. ¿Quién es ese hombre de brazos abiertos? Aún más que eso: ¿podríamos determinar si es de género masculino? En lugar del rostro sagrado, podríamos ver el mío, el tuyo, o los ojos de cualquier tercera persona.
Al lado de este dibujo vemos una escalera. Al mirar de cerca, el material escultórico llama la atención: huesos y alambre. Este segundo trabajo de Carlos Mélo puede ser interpretado a través de la misma iconografía del cristianismo. Según la narrativa bíblica, después de ser crucificado, el cuerpo de Jesús fue retirado y bajado de la cruz (Juan 19: 38-42). En las representaciones pictóricas de este episodio muchas veces se incluye una escalera, objeto auxiliar en ese momento previo a la deposición de Cristo. Si los apóstoles utilizaron esas gradas para mover el cadáver, el artista promueve el acto poético de bajar al mismo hombre, pero desde el Morro del Corcovado al campo del arte contemporáneo.
Los huesos que forman este objeto recalcan la muerte latente en el espacio expositivo. En ausencia del cadáver, nada más acertado que la composición sea hecha con aquello que permanece como indicio del paso del tiempo. Que el espectador no se engañe: no vemos aquí huesos humanos, sino de reses. En este sentido, el artista coloca lado a lado hombre y animal, emparejándolos en una misma condición existencial. Lo que estaría resguardado bajo tierra fue excavado y alcanzó la superficie por segunda vez, dando continuidad a la antimonumentalización de la escultura pública.
Volvamos al título de la exposición: Sobre humano. En primera instancia, podríamos interpretar esas dos palabras como referentes al tema central de la exposición, o sea al cuerpo humano, ya sea cuando se transforma en dibujo y escultura pública, ya sea cuando se desmiembra y se refleja irónicamente a través de un objeto usado por los humanos, pero compuesto de huesos bovinos. La palabra “sobre”, sin embargo, no se refiere apenas a “versar sobre un tema” sino que también señala una configuración espacial; “sobre humano” puede querer decir “estar encima de lo humano”. Con esta perspectiva, ¿cómo esquivar la referencia al Cristo Redentor, aquello que se encuentra “sobre la Guanabara”?
En una tercera interpretación, estos trabajos de Carlos Mélo parecen hablar sobre otro lugar de encima: ya no se trata de geografía, sino de una confrontación con lo trascendental que antecede a la propia configuración de un espacio. Mas que hacer referencia al cristianismo, estos trabajos parecen girar en torno de aquello que es intrínseco a cualquier existencia: el fin. A través de dos imágenes, el artista logra realizar una exposición precisa visualmente y llena de posibilidades interpretativas. Finalmente, el espectador se enfrenta a un ejemplo de producción contemporánea que se salva de los conceptualismos baratos y nos coloca en una relación más ancestral –y por qué no, “humana”– con la visualidad.
NOTA
1. N.T. Guanabara es el nombre de la bahía de Río de Janeiro.
RAPHAEL FONSECA
