Exposición Individualdic 2012 - feb 2013· Por Alessandra Simões

Carla Guagliardi

Galería Anita Schwartz

La investigación obsesiva es una señal clara en la trayectoria de Carla Guagliardi, cuyo trabajo estuvo recientemente expuesto en la muestra Carla Guagliardi - Los cantos del canto (Los lados del lado), que reunió ocho trabajos inéditos de la artista carioca, en la galería Anita Schwartz.

En los últimos años de su carrera, es posible detectar una investigación predominantemente escultórica enfocada en el tiempo como tema principal: los ejercicios sobre la proximidad de materiales distintos en su origen, como agua, plástico, hierro, látex, vidrio, cobre, acero, algodón, ladrillos de barro, plantas, madera, etc., ejercicios que evidencian la acción del tiempo en la materia y en el espacio.

Sus esculturas reúnen elementos que cambian con la acción del propio tiempo. Por ejemplo, los globos inflados se desinflan. Como afirmó la artista, su lenguaje poético remite a las operaciones entre elementos con forma fluida, interior y orgánica, incorporando el azar y la especulación, lo que genera la abstracción de la propia experiencia con el material, cuya acción recíproca interfiere en la corporalidad del mismo.

Exposición Individual: Carla Guagliardi — imagen 1
Carla Guagliardi. Las esquinas de la esquina (II), 2012. Madera, espuma, cable de acero. Altura: 108 cm (42 ½ pulgadas). Diámetro: 164 cm. (64 ½ pulgadas). Foto: Ana Elisa Cohen.

En el gran primer piso de la galería, con 200 m2 y altura de más de siete metros, Carla Guagliardi presentó una nueva versión de una instalación aérea, exhibida en Alemania, llamada El lugar del aire. La obra, que consiste en la suspensión de barras de hierro mediante elásticos de diferentes dimensiones, actúa temporalmente en el espacio, expandiéndose de manera muy lenta y gradual, modificándose de modo casi imperceptible cada instante en ese movimiento expansivo.

“Las características del espacio físico de la galería determinaron la escogencia de esta pieza, que encuentra ahí una magnificación de su potencia expresiva”, afirmó la artista, explicando que el amarre y la interdependencia de las partes hacen que el enorme conjunto del trabajo tenga sólo un centro de gravedad. Toda –y cualquier– vibración que ocurra en una de sus extremidades alcanza también a la totalidad.

En la galería carioca también se presentaron dos esculturas inéditas, en vidrio y globos de látex, que lidian con la “casi invisibilidad del aire”, otro leitmotiv de la artista. En el cuarto piso de la galería se presentaron tres esculturas en madera y espuma, y un díptico fotográfico. “Lo físico de las esculturas conversa con el trabajo fotográfico, que nos induce a una pregunta fundamental: ¿en el espacio, somos los que sostenemos o lo que está sostenido?”, reflexiona la artista.

Pese a trabajar asuntos tan supuestamente intangibles, hay un pensamiento escultórico muy claro en la obra de Carla Guagliardi. Sus formas buscan exhibir siempre el comportamiento de los materiales, generando desde allí su significado mediante asociaciones con la ciencia, como “[…] algo entre el ‘experimento controlado´ de la ciencia y la uniformidad visual de la estética minimalista”, explicó Guy Brett en el Yearbook de la Künstlerhaus Bethanien (Berlín), en 2000.

Con el uso constante de globos, la artista busca revelar que el aire, “inmaterial”, en lugar de elementos sólidos, comunica un sentido visual, lo que la artista hace muchas veces mediante la tensión y el vaciamiento. Entretanto, la acción del tiempo avisa que todo puede disgregarse, y esta inseguridad revela que las condiciones meramente físicas y materiales nunca están completamente libres de las intenciones subjetivas del artista.

El aspecto estructural rígido que contrasta con componentes más fluidos y maleables también es una constante en la obra de Carla Guagliardi, que agrupa piezas de hierro, madera, algunas sobre globos y vidrio. La precisión filosófica y la conciencia sensorial de Lygia Clark, o incluso el concepto de “suprasensorial” de Hélio Oiticica, influencian su trabajo. La artista, formada en la Escuela de Artes Visuales del Parque Lage (Río de Janeiro), y que hoy vive entre Brasil y Alemania, parece perpetuar la herencia de estos artistas cariocas que tenían como principios básicos la experimentación y la participación del espectador en la obra. Carla Guagliardi evoca especialmente la obra de Lygia Clark, que amplía aún más las posibilidades de percepción sensorial.

Son obras cuya apariencia inmediata puede no decir casi nada al espectador; por eso exigen un tiempo mucho más lento de goce, y un cambio radical respecto a la relación usual entre espacio y tiempo de la escultura tradicional, en la que el tiempo es casi ignorado. Así, “[…] la ansiedad y la incertidumbre generadas por la disolución de estructuras fijas quedan compensadas por el descubrimiento, en sus intersticios, por así decir, de una nueva elasticidad y fluidez”, describe Brett en el Yearbook.

Son estas peculiaridades las que marcan el trabajo delicado y sensitivo de Carla Guagliardi. Para la artista, éste es un proyecto claro, al cual se mantiene devota a lo largo de los últimos años. “Creo que en el hacer artístico la obra está siempre ´en continuidad´. Mi obra se viene constituyendo en esa insistencia, en un proceso gradual y continuo, a veces elocuente y, otras, silencioso”, afirma ella. Si no está la presencia directa del hombre, es a él a quien se dirige la obra. Los globos en lento movimiento de vaciado remiten al estado puro primordial, a un tiempo del cual el hombre no participa, pero que contempla con independencia de su despreciable existencia.

ALESSANDRA SIMÕES

Carla Guagliardi, por Alessandra Simões | artnexus