Exposición Individualdic 2012 - feb 2013· Por Christine Frèrot

Arthur-Luiz Piza

Galerie Jeanne-Bucher

Para su tercera exposición individual1 en la Galerie Jeanne-Bucher, Arthur-Luiz Piza (São Paulo, 1928) presenta una serie de trabajos recientes (2005-2012) realizados principalmente a partir de conjuntos de diferentes rejillas o enrejados asociados a pequeñas placas de metal recortadas y coloreadas uniformemente según una gama de colores primarios. El universo sensible del artista brasileño manifiesta una coherencia conceptual y formal que no ha sido desmentida con el cambio de soporte y material, puesto que el artista es, ante todo, un constructor, y su paso de la placa y el buril con papel y cartón (ya que a él se le conoce más que nada por su actividad de grabado) al recorte y ensamblaje de metal no ha alterado esa cualidad primigenia que hace de él tanto un “escultor” como un pintor sutil y delicado en el color. En efecto, desde hace varios años, Piza ha sabido dar una dimensión “escultórica” al papel y al cartón a través de incisiones, pliegues y collages, con la inserción de diversos materiales como pita, madera o metal, para crear un universo muy personal en donde las relaciones entre luz y sombra, estabilidad y movimiento, plano y relieve, densidad y transparencia, muestran un profundo sentido pictórico y espacial. Su refinamiento en la selección de los colores, su trabajo sobre matices, traduce una búsqueda constante que combina sensibilidad y razón, a las que tal vez se suma igualmente un toque de casualidad. La geometría es su universo, pero ésta nunca es “fría”, pese a su deseo de cinetismo. El juego no está ausente en las construcciones de Piza y su arte permite ver esa “geometría sensible” teorizada por el crítico brasileño Roberto Pontual, cuando se refiere a la abstracción geométrica latinoamericana.

Exposición Individual: Arthur-Luiz Piza — imagen 1
Arthur Luis Piza. Presagios, 2012. Pintura, reja y metal. Foto: Jean-Louis LOSI.

Esta densa exposición presenta pequeñas cajas (madera, pintura y materiales diversos); varios conjuntos en enrejado de diferentes tamaños colgados en la pared o presentados sobre un zócalo, y esculturas con materiales nuevos como resortes de tapicería. El curador de la galería, Jean-François Jaeger, optó por exponer un gran número de obras, creando tal vez una impresión de saturación del espacio. No obstante, es justamente tal profusión la que materializa la variación obsesiva de una técnica declinada al infinito, y gracias a la cual se penetra fácilmente en el meollo de las inquietudes espaciales y pictóricas de Piza. La lógica de una trayectoria en permanente búsqueda de propuestas se vuelve entonces inteligible y podemos apreciar el dominio experimental del gesto, expresado a través del goce de una libertad sin límites.

¿Qué observamos en esta exposición? Varios conjuntos de esculturas de diferentes tamaños llamadas Tramas, que combinan enrejado, pintura y metal, fueron diseñadas como “libros” abiertos en donde el juego entre los enrejados produce una vibración visual, mientras que las placas coloreadas insertas entre las mallas metálicas sugieren un efecto de flotación. Tres obras construidas con resortes muestran que el material es soberano en la obra de Piza. El artista explota sus posibilidades con base en su relieve, espesor y densidad, así como en su “inmaterialidad”, ya sea fijándolos a la pared o presentándolos sobre una base. Una de estas obras, L’attrape-rêves n° IV (Cazador de sueños Nº IV, 2012), da su nombre a la exposición. La escultura Babel (2008-2012), diseñada como una especie de “torre”, es una de las más hermosas piezas de la muestra. En equilibrio inestable dentro de su transparencia, la superposición de enrejados abre la mirada a una dimensión “líquida”, mientras que el gesto de complicidad con Malevitch en Le Noir (El negro, 2012) y Le Rouge (El rojo, ídem) retoma esa noción de inestabilidad tanto real como visual que es uno de los motores ficticios de su obra. Dos vitrinas constituyen los puntos focales de la exposición: en una de ellas se exhibe un gran número de cajitas (10 x 5 cm aprox.) que hacen eco a los experimentos del surrealismo, del arte povera y del arte constructivo; el artista coloca allí minúsculos listones de madera y enrejados pintados en blanco y negro, y convierte sus objetos en una especie de relicarios abstractos a los que él llama sus escondidinhos (entrever, ver o no ver, jugar con lo oculto y lo visible, etc.). La segunda vitrina se compone de otro conjunto de cajas y “tótems” titulado Présages (Presagios, 2012), que son como ejercicios recreativos y preliminares guiados, según Piza, a través del material.

El pintor y muralista mexicano David Alfaro Siqueiros había inventado para sus monumentales obras pintadas y esculpidas la palabra “esculto-pinturas” (diseñadas para un observador en movimiento). Este término podría aplicarse igualmente a los últimos trabajos de Piza, pese a su escala mas bien mínima. Profundamente marcados por su energía constructiva, los pequeños y medianos formatos de esta exposición desatan, además de su vitalidad creativa, un sentimiento poético donde convergen dimensiones musicales y acuáticas creando una oposición entre movimiento y estancamiento.

NOTA

1. Las  dos anteriores exposiciones individuales tuvieron lugar en 1999 y 2005.

CHRISTINE FRÈROT

Arthur-Luiz Piza, por Christine Frèrot | artnexus