Exposición Individualdic 2012 - feb 2013· Por Alessandra Simões

Angelo Venosa

MAM

Visitar una exposición de Angelo Venosa es como penetrar en un mundo extraño, arqueológico y ancestral. Sus esculturas, cuyas formas orgánicas remiten a fósiles y otras anatomías animales, revelan un camino peculiar, en el que conceptos opuestos como el silencio y el ruido, la calma y el entusiasmo, lo escatológico y lo espectacular, generan un arrebato estético único.

El recorrido de su trayectoria artística, desde los años ochenta hasta la actualidad, se dio en forma tan coherente que se torna difícil hablar de períodos puntuales en la carrera del artista. Tanto que, en la reciente exposición individual en el Museo de Arte Moderno (MAM) de Río de Janeiro, la curadora Ligia Canongia propuso una lectura no cronológica. Apostó, sí, a una mezcla de piezas de diferentes fechas y técnicas, buscando fomentar una comprensión global en la que dialogan conceptos y procesos.

Con cerca de cuarenta obras, que van desde los años 1980 hasta el día de hoy, algunas inéditas, la exposición reveló que Venosa comenzó su experiencia artística con la pintura, en un inicio aguada y delicada. En seguida, el artista comenzó a buscar una cierta tridimensionalidad hasta en el plano bidimensional, rasgando el lino del cuadro e introduciendo un volumen en la rasgadura. Este elemento corpóreo ya revelaba la inclinación escultórica, que se convertiría en la preocupación primordial de su trabajo mediante la representación de huesos, dientes y fragmentos de esqueleto.

Exposición Individual: Angelo Venosa — imagen 1
Angelo Venosa. Sin título, 1990. Acero. 360 x 660 x 225 cm. (141 ¾ x 259 ¾ x 88 ½ pulgadas). Foto: Vicente de Mello.

Las obras realizadas al final de los años 1980 presentan una mezcla de diferentes materiales, sin distinción entre elementos de la naturaleza y productos de la industria: ramas de árbol, fragmentos de madera, tejido, caucho, fibra de vidrio, brea, etc. Son piezas que mezclan la organicidad y el formalismo y presentan los indicios de sus elaboraciones futuras, muchas de ellas con la representación de figuras reconocibles, como vértebras y huesos.

Venosa, uno de los pocos artistas de la llamada “Generación 80” que trabaja con el lenguaje escultórico, se comprometió cada vez más con las innúmeras posibilidades que ofrecen las tres dimensiones, llegando hasta explorar una horizontalidad de grandes dimensiones poco usual en la historia de la escultura. Paulistano, Venosa optó por vivir en Río de Janeiro, donde frecuentó, en los años ochenta, los cursos del taller libre de la Escuela de Artes Visuales del Parque Lage (Escuela de Artes Visuales, EAV), en donde se gestaría la generación conocida por su retorno a la pintura gestual.

Lo interesante es que el artista no participó en la famosa muestra En dónde está Ud., Generación 80, en 1984, en la EAV, porque no estaba satisfecho con su trabajo pictórico. Y fue justamente en esa época, al cortar una tela y producir un objeto, cuando comenzó a trabajar con la tridimensionalidad, convirtiéndose en uno de los escultores más reconocidos del país, con obras en colecciones importantes. Al final de aquella década, su obra asumió un carácter orgánico, con una materialidad informalista.

El trabajo de Venosa no se alinea con una corriente concretista, pero evidencia un pensamiento estructural claro. Se puede argumentar cierta influencia constructivista en función de su formación en la Escuela Superior de Diseño Industrial (ESDI), donde concluyó estudios en 1977. El proceso de creación de sus obras comienza en el computador o con pasta de modelaje, con la que hace manualmente las formas básicas. El artista cree que el computador es sólo un instrumento, antes usado de manera bidimensional y, más recientemente, para visualizar en tres dimensiones las estructuras que crea.

El uso del computador, sin embargo, no significa una búsqueda de líneas perfectas. “Por más que se use la tecnología disponible, siempre tiene un ruido, una carencia. Me incomoda la búsqueda de la perfección. No es el mundo real. Me gusta el ruidito, la suciedad. La línea recta es la interpretación de la curva, no existe en la naturaleza”, afirma Venosa, quien, desde niño ha estado fascinado por las formas orgánicas. Antes de graduarse como diseñador, ya visitaba la sección de dibujos de historia natural del Museo Nacional de Bellas Artes, en Río. Y ya adulto, continuó contemplando huesos, humanos y animales, que colecciona en su taller.

Incluso cuando volvió de la Bienal de Venecia, en 1993, fascinado por la “vaca tajada” y conservada en formol del artista inglés Damien Hirst, Venosa optó por un camino distinto al lenguaje tecnológico y pop de Hirst. Como señaló el crítico Luiz Camillo Osorio, pasados los años, esa fascinación llevó al artista en dirección contraria, al tratamiento orgánico y artesanal de las formas, con un resultado más lírico e informal.

Osorio, actual curador del MAM Rio, quien sigue hace tiempo el trabajo del artista, escribió sobre él en un libro (editora Cosac&Naïf): “Sus formas cargan con la rareza de una voluntad de expresión que rechaza la elocuencia, la adjetivación. Al mismo tiempo, en su poética hay una escogencia de materiales que llevan consigo un idioma peculiar”. Esta singularidad es la belleza.

ALESSANDRA SIMÕES

Angelo Venosa, por Alessandra Simões | artnexus