Exposición Individualdic 2012 - feb 2013· Por John Angeline

Analia Saban

Tanya Bonakdar

Convencionalmente, para muchas personas, el arte conceptual ha sido proclive a unas cuantas deficiencias recurrentes. Una de éstas es una afectación de severidad intelectual que parece ser deliberadamente anatema para cualquier sensación de frivolidad o placer. Otra es una tendencia a resaltar de tal manera el componente intelectual de la obra, que se ignora el aspecto visual, a menudo al punto de relegarlo. Juntas, estas tendencias pueden tener un efecto alienante en el espectador, debido a que todo placer estético es eliminado de la experiencia visual o del compromiso con la obra.

Para su estreno en Nueva York, Analia Saban, nacida en Buenos Aires y residente en Los Ángeles, demostró que hace parte de una tradición de arte conceptual mucho más rica, en la que ella y contemporáneos suyos como Vic Muniz desarrollan, a partir del legado de artistas anteriores como Marcel Duchamp y Jasper Johns, la combinación del rigor conceptual con un irónico sentido de ingenio y un firme compromiso con una rica sensibilidad estética.

Exposición Individual: Analia Saban — imagen 1
Analía Saban. Bola de pintura, 2005. 48 obras abstractas, 42 paisajes, 23 naturaleza muerta, 11 retratos, 2 Religiosos, 1 nudo. Óleo, acrílico y acuarela sobre lienzo. 66 x 66 x 66 cm. (26 x 26 x 26 pulgadas).

Saban preparó al espectador para su especial sensibilidad al ponerle a su exposición el título Gag [mordaza; cuento; tomadura de pelo; truco; chiste; limitación del debate en el Parlamento], una palabra llena de significados divergentes, uno de los cuales, por supuesto, hace alusión a un chiste o esfuerzo humorístico. Al igual que Duchamp y Johns, Saban utiliza retruécanos visuales y verbales para hacer comentarios sobre ciertos tropos y recursos de la historia del arte, y a menudo recurre al uso del objeto encontrado para hacerlo. Por ejemplo, la enorme Painting (with brush) era una composición descentrada de pintura blanca goteada y salpicada sobre un lienzo crudo sin imprimatura. La práctica, por supuesto, evocaba a artistas como Pollock y Motherwell, pero la pintura blanca también podía sugerir las pinturas con base en semen, de Duchamp, un curioso recurso y una interesante referencia, para ser hecha en particular por una artista. Además, de la parte inferior del lienzo colgaba un cepillo. Esta adición de un objeto encontrado nos recordaba a la vez a Duchamp y Johns pero llevaba su práctica un poco más allá: en realidad, el “pincel” parecía ser un cepillo para limpiar inodoros. Sin embargo, sí era en verdad un pincel, por cuanto, antes que un objeto encontrado, este cepillo había sido moldeado por la artista con pintura acrílica (en esta forma, Saban se valió del hecho de que esa pintura acrílica es un medio con base de plástico; en más de un sentido, ésta era una obra de arte plástico).

Esta humorística conexión con los materiales que está utilizando conduce a una obra muy evocadora. En Trough (flesh), el espectador, en un comienzo, veía lo que parecía ser una sábana blanca o un sudario que formaba pliegues sobre un soporte más oscuro y estaba recogido en la parte de abajo. Una inspección más de cerca revelaba que la sábana blanca era lienzo imprimado y pintado, y que la bolsa o canal que formaba en la parte baja contenía al menos 110 libras de pintura. La pintura, espesa y empastada, de un color carne café claro, evocaba tierra y carne y vísceras; con esa densidad, pasarán años antes que se endurezca, aunque ya había desarrollado una “piel” superficial. La obra, visiblemente abstracta, tenía casi la altura y el peso de la artista; al igual que Félix González-Torres o Mel Chin, Saban desdibujó las líneas entre lo abstracto y el cuerpo, con resultados extrañamente poéticos. Otras obras revelaban el proceso de la artista como producto terminado, como su serie Slab Foundation, en la que trozos de hormigón desnudo colgaban por tramos en la pared. Estos trozos de concreto nos hacían pensar en sitios de construcción (o hasta en el estilo industrial de muchas galerías de Chelsea), y, en virtud de su presentación, podían incluso sugerir las etapas iniciales de un fresco. Por otra parte, en Wall Corner (with pinhole) Saban pareció haber reconstruido un rincón de su estudio. Sin embargo, una vez más, utilizó acrílico fundido para la “pared”, que, cuando se la observaba más de cerca, revelaba estar llena de agujeros y abrasiones. Se veía incluso el agujerito (pinhole) al que hacía alusión el título, lo que podía sugerir que en esta pared se habían colgado obras que luego se quitaron, o hasta podría hacernos pensar en el uso de la cámara oscura en un estudio.

A veces, el trabajo artesanal de Saban toma el control, y la diáfana elegancia formal de la obra domina todo lo demás. Por ejemplo, Burn Hole era una obra hecha de dos piezas enmarcadas que colgaban como pendientes. En estas obras la artista utilizó tecnología láser para esculpir y, en este caso, perforar el papel, para afectar la apariencia de una enorme quemadura de cigarrillo, mientras que la segunda pieza presentaba el “negativo” de la primera. Otras obras, como Still Life y Erosion (Changing Room) #2, combinaban pintura tradicional con esculpido de papel láser y un juego de forma expresionista contrarrestado por retículas geométricas y un giro entre bidimensionalidad y tridimensionalidad que daba como resultado pura exuberancia visual.

Aunque el hilo temático que conectaba estas obras era a veces un poco forzado, la exposición sirvió, sin embargo, como una introducción muy sólida al arte de Sabat. Esperamos que no pase mucho tiempo antes de que podamos ver más.

JOHN ANGELINE

Analia Saban, por John Angeline | artnexus