Aunque hace cientos de años Safo escribió versos dedicados a las mujeres y su belleza en la isla de Lesbos, y hubo una irresistible Cleopatra en Egipto; sor Juana Inés de la Cruz, que en el siglo XVI nos llamó a los hombres “necios”, y O’Keefe y una Frida que rompieron barreras en la pintura, fue hasta el Movimiento Feminista de los años setenta del siglo XX que comenzaron los verdaderos cambios en la manera en que las mujeres empiezan a mirarse y el inicio de nosotros, el público en general, de mirarlas de una forma diferente tanto en el mundo de la política como de la economía y, sobre todo, las artes visuales.
Antes en el mundo de las artes las mujeres eran definidas por los griegos y romanos, por Miguel Ángel, Rafael y Leonardo, por Rodin y los impresionistas, por Picasso y Modigliani, De Kooning, Hopper, Warhol y Lucian Freud. Hoy, sin embargo, el número de mujeres artistas que han tomado la responsabilidad de “retratarse”, captar y compartir lo que son –sus verdades y realidades, elementales y complejas, puras y oscuras– es enorme. Lo vemos claramente en las exposiciones, en las ferias y en las bienales locales e internacionales.

En Puerto Rico lo vimos en las obras de algunas pintoras de avanzada –Luisa Ordóñez, Maria Penne– para un país tan conservador en los años treinta, cuarenta y cincuenta. Y luego tendríamos artistas de peso como Zilia Sánchez, Susana Herrero, Toña Ordóñez, Mari Mater O’Neill, Rosa Irigoyen y, por supuesto, la Maestra del desnudo femenino/feminista: Myrna Báez (con sus espectaculares cuadros, a la Lucia Freud, de mujeres adiposas pero con una belleza extraordinaria).
En los años noventa surgen miradas interesantes como las de Edra Soto, Ada Bobonis, Linda Sánchez Pintor, sólo para mencionar algunas. Fue hasta el nuevo siglo que encontramos una conducta no sólo de retos en el siempre cambiante mundo artístico posmoderno, sino de nuevas seguridades, igualdades, respetos y aceptaciones. En Puerto Rico lo vemos en el caso de Allora & Calzadilla –ella mujer, él hombre– y sobre todo en uno de nuestros artistas urbanos más completos y exitosos: Sofía Maldonado.
Maldonado, quien nació en San Juan en 1984, de ascendencia cubano-puertorriqueña, y creció dentro de la cultura urbana real tanto en Puerto Rico como en Nueva York –con sus reglas, cánones estéticos y éticos–, y quien tiene una extraordinaria educación formal (después de haberse formado como artista “en la calle”) –educación que incluye un Bachillerato en Artes de Puerto Rico y una Maestría de Prats, y un amor por el arte de correr patineta–, es una joven maestra de la mirada existencial/feminista/urbana que convincente y a veces controvertiblemente expone a un grupo de las mujeres latinas de ciertas clases sociales –ya sean de Puerto Rico, del Caribe o de las muchas diásporas que existen– y sus cánones estéticos y éticos: cuerpos, vestimenta, sensualidades, gestos, peinados, etc., que son tan válidos como cualquier otro.
Maldonado, que empieza grafitando y pintando sobre patinetas viejas, pronto es reconocida (yo fui uno de ellos) como una artista importante. Sin abandonar los espacios públicos –murales, comunidades pobres–, da el salto a las galerías y ferias que dieron Basquiat y Harina (y luego casi todos los grafiteros de talento). Su mordaz y a la vez casi fraternal “retrato” de cierto tipo de mujeres, con su combinación de líneas estilizadas que nos recuerdan tanto al pop como al Movimiento psicodélico, hacen a su obra atractiva, y su popularidad crece enormemente.
Para entender la obra de Maldonado hay que tener claro que 1) aunque esta artista esté en galerías, colecciones importantes y museos –y aunque haya hecho desatinados diseños para latas de conocidos refrescos–, Maldonado fue/es/será una artista urbana, de la calle, con una mirada “de afuera” o “de adentro” (como lo quieran ver), contestataria, defensora de las que llevan otros estilos de vida y muy honesta, 2) Maldonado es una feminista innata, inteligente y valiente –recuerden su convincente defensa a su controvertible mural en Nueva York donde presentaba algunas mujeres de El Barrio y lo que las define (Maria vs. Anita en West Side Story)– que logra captar y presentarnos un grupo de mujeres que tienen una manera de presentarse/vivir/gozar/sufrir muy suya: las que imitan a “la reina” del edificio de El Barrio o El Bronx, las que tienen que enseñar “carne” para seducir, las que para algunos se visten vulgarmente, horteras, charras, picúas, y 3) que Maldonado es una excelente cronista de su momento histórico que logra retratar la información visual y psicológica que nos hacen quienes somos, desde el ADN y la memoria hasta las sensualidades que nos hacen diferentes a otras gentes. En cada uno de sus caras y cuerpos, en cada una de sus poses, hay una sorpresa, sorpresa que tiene su sentido dentro de la contemporaneidad de ciertas mujeres latinas.
Fever: Tropical Nostalgias and Urban Anxieties in Sofía Maldonado es una experiencia poderosa donde vemos –desde los primeros dibujitos en papel de la artista hasta algunas de sus más impactantes dibujos y pinturas de gran formato– mujeres imponentes, intensas, sexuales, poderosas: Baile, botella y baraja (2011), 1954 (2011), Conk-gurl (2007), Pasarela de grama (2006), Concrete Jungle Divas, tríptico: Lady Gaga, Mia y Rihanna (2002). Aunque a mí me encantó Fever, no creo que tenga mucho sentido –y creo que le puede hacer daño por lo repetitivo de la exposición– organizar y presentar una retrospectiva a una artista que no llega a los 30 años; no obstante, desde el punto de vista didáctico, es válida, ya que Maldonado se nutre de las complejidades, confusiones, belleza de su identidad, para brindarnos un mundo distinto pero tan presente. Muchas de nuestras mujeres se verán con asombro y orgullo en la exposición.
MANUEL ÁLVAREZ LEZAMA
