Muchas son las posibles maneras de escribir la Historia del continente americano. Se podría comenzar, por ejemplo, desde su “descubrimiento” durante el Renacimiento, o focalizar las gestas de independencia del dominio europeo. De la reflexión sobre estas diferentes narrativas parece salir la investigación artística de Paulo Nazareth. Su primera exposición individual, en la galería Mendes Wood, en São Paulo, se llama Noticias de América. Es importante tener en cuenta que no se trata de una noticia solamente; las narrativas aquí no vienen apenas de América sino que versan sobre el continente.
Al salir en marzo de 2011 desde su ciudad natal, Santa Lucía, en Minas Gerais, en el interior de Brasil, el artista realizó un trayecto cuyo destino era Nueva York. Los aviones fueron sustituidos por una poética golondrina: calzado con sandalias hawaianas (objeto ya considerado como un estereotipo de lo brasilero), Nazareth atravesó la diversidad cultural de América a pie, en bus y en barcos, recolectando materiales y produciendo videos y fotografías que se mostraban en esta exposición.

En un patio interior de la galería, entre árboles y plantas, encontramos algunas hamacas colgadas. La pereza, resistiendo a la prisa del mundo, recibe al público. En el espacio expositivo vemos algunas mesas distribuidas de manera irregular, compuestas por el assemblage de madera y cartón de diversas procedencias. El artista ofrece al público una especie de museo de apropiaciones. Al caminar, hay que tener cuidado: hay objetos desparramados en el piso, y podemos, sin querer, pisar sobre el arte contemporáneo.
Sobre las mesas encontramos, por ejemplo, montones de monedas, jabones, animales de plástico, banderas y recortes de periódico. Estos objetos se encuentran lado a lado y subrayan sus distintos orígenes geográficos. Uno de esos soportes se destaca por presentar una gran cantidad de rótulos sobrepuestos de botellas de agua. La semejanza de las palabras encontradas llama la atención: “fresca”, “cristal”, “oasis” y “natural” son nombres que aparecen más de una vez en diferentes envases. Así, Nazareth organiza un atlas metafórico que se niega a dividir a América de manera convencional, o sea, en continente Norte, Central y del Sur. Este mapa construido por el artista resulta de su encuentro con lo inesperado que surge de su caminata, y su recolección de objetos precarios. La presencia del agua en esta instalación recuerda la acción final realizada por el artista al llegar a Nueva York. Después de pasar seis meses sin lavarse los pies, acumulando “el mugre de América”, Nazareth se los lavó en el río Hudson, importante curso de agua que corta parte de Estados Unidos. Así, el polvo de América Latina es llevado y arrojado en la hidrografía norteamericana, recodificando de manera poética y efímera las diferencias culturales y socioeconómicas presentes en un mismo continente americano.
En las paredes de la galería hay algunos autorretratos fotográficos, además de afiches, también recolectados, que endosan la experiencia etnográfica de su viaje. En los autorretratos, el artista posa para la cámara y exhibe placas con textos parecidos al de un anuncio. “Yo limpio su baño por un precio justo”, dice uno de ellos; al fondo se ve la bandera de Estados Unidos. En otra fotografía, sentado al lado de un hombre que esconde sus ojos con una boina en que está impreso “FBI”, Nazareth escribió: “Llevo mensajes a los EUAmérica”. Impresas en pequeña escala, estas imágenes parten de una retórica de autoexotismo que impregna la exposición. En lugar de negar el pasado colonial y sangriento de la colonización española y portuguesa en América, el artista parece recordarlo todo el tiempo con el uso de esas frases, que son la sumatoria de una visión ácida e irónica del presente, pero también coherente con el conocido flujo migratorio rumbo al Norte.
Los objetos más complejos de la exposición, sin embargo, son videos proyectados en monitores que, insertos en la gran cantidad de objetos regados en el espacio expositivo, pierden algo de fuerza visual. En ellos, la búsqueda de una identidad cultural se hace de modo menos obvio –sabemos que son registros realizados durante la experiencia artística de la caminata de Nazareth–, pero estas imágenes se sustentan de manera más existencial. En Cuando tengo comida en mis manos, algunos pájaros intentan coger pedazos de pan tirados por sus manos. La timidez de los animales da lugar, prontamente, a una nube de aves que desea ávidamente la comida; el artista se acerca al demiurgo.
En estos objetos audiovisuales, en lugar de apuntar su cámara hacia los hombres infames de América, Nazareth crea narrativas en torno a su aproximación a la naturaleza. No se trata de domesticar el hombre o el paisaje con la fotografía, el texto o un pequeño gabinete de curiosidades, sino, como dice el título de la exposición, de crear “noticias” (anotaciones fabulosas) que tienen a América y su diversidad como detonante. El continente americano se hace plural y el arte es capaz de presentar las muchas Américas ficticias insertas en la misma América.
RAPHAEL FONSECA
