Exposición Individualsept 2012 - nov 2012· Por Roberto Barajas

Pablo Helguera

Palacio de Bellas Artes

Con una selección de 42 piezas, entre las que encontramos obra en papel, documentos, videos e instalaciones, el artista Pablo Helguera (Ciudad de México, 1971) realiza una interpretación histórica del recinto emblemático de las artes y la cultura en México, como una composición de su identidad y narrativa a través de sus archivos y el protagonismo del inmueble que los alberga.

Bajo el título Quodlibet como referencia a una composición musical del barroco tardío -conformada por varias melodías, con la doble intención de divertir y hacer un ejercicio intelectual-, y en un afán particular del artista por enaltecer la importancia de los escenarios físicos para reinterpretar la identidad cultural nacional, la muestra individual de Helguera en Sala Paul Westheim del Museo del Palacio de Bellas Artes, parte de la autoridad de este espacio museístico e históricamente representativo de la cultura, instaurando una reflexión crítica y autorreferencial del recinto.

Exposición Individual: Pablo Helguera  — imagen 1
Pablo Helguera. Anoche (Bellas Artes), 2012. Fotofija de video. Colección del artista.

De acuerdo con la etimología griega de la palabra archivo, arkheíon, que hace referencia a una casa, un domicilio o residencia, el archivo en un primer momento se entiende como lugar y bajo el principio de consigna. Acentuando en este caso el interés en los espacios históricos, más que en los encargados de oficializar e instituir la información, los documentos resguardados en el domicilio se instituyen como ley, mientras los representantes institucionales se encargan de catalogarlos, conservarlos y oficializar la historia desde ellos. De esta manera, los espacios-instituciones creados para esta labor se conciben ante la necesidad de ubicar un fragmento específico de historia, brindando, al mismo tiempo, una residencia u hogar a la misma. Por lo que la historia se cuenta también desde sus edificios bajo el concepto de inscripción, como marca exterior del discurso historiográfico; entorno inherente a la evocación del recuerdo.

Una vez que ahondamos en las mutaciones que afectan a la espacialidad y a la temporalidad, a favor de nuevas políticas de interpretación de la historia, desde el lugar (en el ámbito de la memoria colectiva y/o privada), y una vez introducidos los discursos sobre el tiempo al concepto de inscripción como huella del pasado, accedemos al discurso crítico de la historiografía, enriqueciendo el contexto de la investigación sobre el edificio. Atendiendo a la oficialidad de sus documentos, pero sobre todo a las anécdotas sobresalientes de su historia, objetos y espacios físicos del inmueble, Helguera deconstruye la historia del edificio, ahora con intereses estéticos y de exhibición, ex profeso para Bellas Artes.

Instaurando una suerte de ensamble conceptual, el artista entrelaza la memoria oficial y anecdótica del edificio como fuente de su narrativa, ubicada en los espacios físicos, eventos y obras concretas, de manera incluyente los discursos que fundan la identidad cultural del edificio, desde sus materiales en resguardo. Partiendo de esta domicialización de la historia, las obras muestran el rostro de la identidad cultural como memoria autorreferencial, provocada por la exposición y el planteamiento de los elementos seleccionados.

Helguera concentra en esta muestra intereses que han perseguido su labor creativa por más de veinte años, como la función pedagógica y narrativa de los espacios de exposición, la inclusión de la composición musical y el performance como disciplina en su narrativa artística; el uso del absurdo y la nostalgia como recurso de reinvención en mecanismos y representantes culturales. Salta a la vista la atención insinuada a la arquitectura, las letras, la música y la escultura, como entidades protagónicas del recinto aludido y alusión a un nacionalismo artístico que predominó en diferentes momentos de la historia del inmueble citados por el artista. Fragmentos que determinan y, sobre todas las cosas, exhiben la relevancia y autocrítica de su identidad.

Protagonistas documentales sobre la historia del Palacio de Bellas Artes como el audio de la ópera Aída, interpretada por María Callas; fragmentos de la cinta Rosa Blanca, de 1961, de Roberto Gavaldón; utilería perteneciente a la Compañía Nacional de Danza, la Compañía Nacional de Ópera y la Coordinación Nacional de Teatro, así como la obra literaria Suave Patria, de 1921, de Ramón López Velarde, y la pieza musical Sinfonía proletaria, de 1934, de Carlos Chávez, conforman la selección contextual del artista, en su reinterpretación de la identidad cultural mexicana.

ROBERTO BARAJAS

Pablo Helguera, por Roberto Barajas | artnexus