Exposición Individualsept 2012 - nov 2012· Por Alberto Barral

Natalia Arias

Nohra Haime Gallery

La exposición de obras de Natalia Arias en la galería Nohra Haime se inspiró en un poema que la artista también incluyó, así como una fotografía que lo ilustraba. Las primeras dos líneas dicen: “No permanente, no perpetuo/No comodidad en lo constante”, y fueron retomadas en las obras expuestas, en las que vimos a la artista luchar con problemas de representación, transformación y autoidentidad, y también con la metamorfosis total.

La obra central y fundamental representaba una bola roja en medio de una mariposa gigante hecha de mariposas de papel más pequeñas que se extendían para formar las enormes alas. En la portada del catálogo vimos la misma imagen, con la artista acurrucada en la parte central de la mariposa, reemplazando la bola que representaba el alfiler que asegura y mata las mariposas de verdad, de los marcos de los coleccionistas. El tema del aprisionamiento se insinuaba mediante el alfiler, que se parecía a las terminaciones negras de las alas, y algunas manchas en el centro que sugerían lo que parecía ser una mutación de color inconclusa entre una polilla nocturna y un espécimen de mariposa negra.

Exposición Individual: Natalia Arias — imagen 1
Natalia Arias. Planeador blanco, 2012. Impresión en color. Ed. 5. 122 x 152,4 cm. (48 x 60 pulgadas).

Otra fotografía mostraba lo que parecía ser el capullo antes de la metamorfosis, en la que la larva dejará de ser gusano para transformarse en la presencia alada de la mariposa. Había algo perturbador relacionado con el modo de confrontar esta vulnerable crisálida, incluso al estar separados por lo plano de la fotografía. Como la imagen ampliada era casi de tamaño natural, al aproximarnos sentíamos que estábamos demasiado cerca de un proceso biológico desconocido. Lo mismo sucedía con otra obra, estrechamente relacionada con la anterior en cuanto a la composición: un cuerpo desnudo estaba atrapado dentro de una bolsa de malla y suspendido mediante un cable industrial. La ambigüedad de la aislada figura aprisionada en la red no nos informaba si era un proceso natural o inducido en forma artificial, pero había una molesta sensación de parálisis forzada que podía interpretarse como una forma de transformación/evolución. De manera siniestra, la cabeza de la figura estaba cubierta con una bolsa roja que parecía una protección quirúrgica, como para inducir una incubación o proteger durante una cirugía; grandes mariposas grises y blancas estaban posadas en grupos en el exterior de la malla, como si estuvieran reconociendo a una compañera en formación dentro de la red. Arias expone temas de aprisionamiento y transformación que están muy presentes en el lenguaje de las artistas contemporáneas que luchan por redefinir la imagen de una mujer contemporánea posmoderna, posliberada, que ha abandonado las actitudes y los símbolos tradicionales de la feminidad ancestral pero que todavía no ha desarrollado unos nuevos para reemplazar de manera efectiva lo viejo con un campo totalmente nuevo de material reconocible que se referencie en forma tan automática en el archivo de imágenes que todos compartimos como parte de nuestro bagaje cultural.

Otra imagen, la que más nos hacía reflexionar, mostraba un retrato de la artista con la cara medio cubierta por lo que parecían huevos negros provenientes del nido de un insecto. Inevitables asociaciones con “reinas” reproductoras, como las abejas, se nos venían a la mente, al igual que la idea de que esto era un proceso sin terminar: era posible que el nuevo ser estuviera evolucionando a partir del nido o que el nido en sí fuera parte del proceso de creación de un nuevo ser que de ninguna manera sería una mujer; pero ya fuera una combinación de las dos o algo enteramente diferente, era una posibilidad desconocida/indeterminada. Había también un reflejo captado en el fondo oscuro, que proyectaba este rostro extrañamente enmascarado en el plano visual inferior de la fotografía y proporcionaba un continuo de la perturbadora imagen a la inversa.

Alight era el título de otra imagen en la que aparecía una mujer desnuda y acurrucada, con un aditamento hecho de lo que parecían recortes de papel de mariposas blancas que, de nuevo, se convirtieron en alas muy grandes. No había nada en esta imagen que nos recordara a los ángeles; en cambio, pensábamos en un experimento estético en desarrollo, una alteración, ya fuera quirúrgica o genéticamente inducida, que había producido una nueva especie, no del todo humana.

Ya fueran transformadoras o ilustrativas de estados mentales evolutivos, las composiciones de estas obras cuestionaban temas relacionados con la representación de la imagen y la identidad y eran interesantes tanto por lo que no se decía como por lo que veíamos y creíamos entender. Cuestionaban nuestra percepción de la realidad al abrir la puerta a posibilidades de alteración y transformación corporales en las que a menudo pensamos dentro del contexto de la ciencia, y, en particular, cómo esas imágenes científicas son manipuladas en el proceso de la representación. En última instancia, el tratamiento de los temas no era lo suficientemente claro para indicar una relación con el progreso o la evolución; sólo señalaba en dirección a la investigación permanente y cuestionaba la validez de nuestra propia dependencia de la información visual.

ALBERTO BARRAL

Natalia Arias, por Alberto Barral | artnexus