Juan Carlos Romero (1931, Argentina) es un reconocido artista que aún cree en la palabra como instrumento y en las artes gráficas como vehículo de transformación. Cultiva un perfil bajo y trabaja con datos tangibles que informan su lucha contra el olvido, consignan contenidos ideológicos que son reveladores de la temperatura social y del panorama de violencia económica-social de Argentina, de hoy y de siempre. Su libro Tipo/Gráfico (Ediciones Arte-Blogarte, Buenos Aires, 2012), publicado en español e inglés, reúne afiches y acciones desde la década del sesenta hasta la fecha, con texto del propio Romero y prólogo de Hugo F. Romero (no son parientes), y coincide con la muestra del mismo nombre.
La selección exhibida permite evaluar el valor comunicacional y tomar la temperatura a los afiches tipográficos de bajo costo nacidos para estar en la calle, creados por Romero para sacar el arte a la calle. Estos carteles remiten a los comienzos de la producción de Romero y alumbran la convergencia dada entre sus prácticas militante y artística. Es que su romance con la gráfica se inició en 1964, cuando estaba en una agrupación del sindicato de telefónicos. Junto a algunos compañeros, buscaba elegir la mejor “gráfica para la publicidad electoral, y entonces nos enteramos de que había imprentas tipográficas que hacía afiches baratos […] Se hicieron tres afiches distintos. No ganamos las elecciones”, cuenta Romero.

Fue entonces cuando aprendió a amar el aroma de la tinta, los tipos de madera, el papel “obra”. A lo largo de los años, y utilizando luego distintas técnicas de impresión, Romero integra distintos agrupamientos en torno a la gráfica, experiencias visuales y acciones colectivas de intervención pública (al pegar afiches en muros de la ciudad, por ejemplo), entre los que se encuentran Grupo de Gráfica Experimental, Arte Gráfico Grupo Buenos Aires, Grupo de los Trece, Grupo Escombros y Grupo 4, para el año 2000; La Mutual Art-gentina y Zucoa Noes; actualmente, forma parte del Grupo de Artistas Plásticos Solidarios.
Romero viene utilizando al arte conceptual como herramienta durante más de cuarenta años de trayectoria, preeminentemente la palabra impresa. Se interna en los senderos de la gráfica, e incluso trabaja con fotografía e instalaciones, arte correo y poesía visual, con grabado experimental y obra efímera, realiza libros de artista, efectúa acciones, tanto en instituciones establecidas como en espacios alternativos y en la calle. Antes de la definitoria etapa conceptual, en los primeros años Romero realizó xilografías que crean la ilusión de movimiento, como se pueden ver en Real/ Virtual. Arte cinético argentino en los años sesenta, en el MNBA en Buenos Aires.
La década del setenta encuentra a Argentina sumergida en una agitación abismal, por la moribunda dictadura de Lanusse, que finaliza en mayo de 1973; por la intensificación del accionar de la guerrilla y la tarea letal del escuadrón de la muerte llamado Triple AAA; el regreso y muerte de Perón. Es cuando Romero forma parte del Grupo de los Trece, y Jorge Glusberg lo invita a exhibir en el CAYC (Centro de Arte y Comunicación), en 1973. Allí Romero despliega la instalación Violencia, tapizando, de piso a techo, las salas con un repetido cartel en grandes caracteres que decía VIOLENCIA. Recortes de prensa, fragmentos de textos de otros autores y algunas fotos completan la instalación, que se exhibe desde principios de 2012 en una sala del Museo Reina Sofía de Madrid.
Además de expresar la conciencia política de Romero, con esta instalación inicial el artista facilita la inmersión del espectador en la obra y, al mismo tiempo, elimina el objeto artístico instalándolo en la percepción del observador, y lo sitúa en el mundo abstracto de las ideas.
Los afiches actuales, y del comienzo de su itinerario, conservan la misma tipografía y un carácter tan estándar como popular; en color, se asemejan a aquellos que convocan al baile y a la feria, que prometen tragos y entradas gratis a la fiesta para las damas. Pero, despojada de toda frivolidad, la obra múltiple le sirve a Romero para gritar síntomas y remediar silencios, plantear interrogantes y apuntar verdades, y enfrentar las formas del poder, también el que profesan las instituciones del arte en relación con la producción, circulación y recepción de las obras.
Muchas de las palabras utilizadas en sus afiches nacen de la lectura del diario. Romero suele desocultar palabras, que selecciona, imprime, fotocopia. Saca palabras del ámbito de los medios masivos y ensaya una nueva comunicación, como puede apreciarse en instalaciones con diarios. El artista pone en acto la posibilidad de la manipulación de la información y, en un juego especular, da vuelta a la operación. Al resaltar palabras –que devienen carteles o letreros de gran tamaño–, Romero restaura un lenguaje e inventa su propia agenda de prioridades. De este modo, plantea dudas acerca de las maneras de leer y del sentido siempre ambiguo de las palabras sobre la noción de materialidad y propiedad intelectual.
VICTORIA VERLICHAK
