Exposición Individualsept 2012 - nov 2012· Por Irina Leyva

José Bedia

Miami Art Museum

Tener tres exposiciones simultáneamente es un reto para cualquier artista, y si una de ellas es una retrospectiva, entonces se convierte en un evento de mayor envergadura. Este es el caso de José Bedia, cuya obra se está exhibiendo paralelamente en tres sitios, dos de ellos en la misma ciudad. Hablando cronológicamente, la primera de las tres es la retrospectiva: Transcultural Pilgrim: Three Decades of work by José Bedia (Peregrino transcultural: tres décadas de trabajo de José Bedia), que cubre un período de treinta años, desde 1981 hasta 2010. Fue originalmente organizada, y exhibida primero allí, por el Fowler Museum de la Universidad de California, en Los Ángeles. La última versión de esta exposición, compuesta por treinta y cinco piezas cuidadosamente seleccionadas de las reservas de museos y de importantes colecciones privadas, está presentándose en el Miami Art Museum (MAM). Hay dos instalaciones, ya que ninguna retrospectiva de su obra podría considerarse completa si no incluye este tipo de trabajo del artista. Sin embargo, ésta no es la exposición retrospectiva convencional que habitualmente vemos, ya que las curadoras favorecieron un acercamiento temático, en vez del característico cronológico. La muestra está divida metodológicamente en cuatro secciones: Cuba y el Palo Monte, Las Américas, Héroes Populares del Caribe y Retorno a África.

Exposición Individual: José Bedia — imagen 1
José Bedia. Tunkashila (Abuelo), 1995. Acrílico sobre lienzo con objetos encontrados, collage. 175,3 x 213,4 cm. (69 x 84 pulgadas). Colección: Esposos Ron Winters.

La idea detrás de la exposición es seguir la trayectoria de Bedia teniendo como guía su tránsito religioso y espiritual. El peregrinaje es un componente esencial de muchas religiones, y en el caso de Bedia debe entenderse como los numerosos viajes que ha hecho en su vida relacionados con sus necesidades espirituales, pero también debe incluirse el que hizo al emigrar de su país. En este sentido, el título de la muestra es una reflexión directa de estas expediciones que, al trascender las fronteras geográficas, eventualmente se tornan en el núcleo de su obra. Por lo tanto, él es el “peregrino transcultural” cuyo universo se compone de muchas culturas y variados sistemas espirituales que ha encontrado en sus viajes, convirtiéndose en uno solo bajo su visión.

Su trabajo es autobiográfico, y muy a menudo el mismo “aparece” en las escenas representado por su característica silueta de perfil o por el hombrecillo desnudo; ambos han devenido en su sello personal, como en Si en mi tierra no hay sol yo brinca al lado allá, una representación casi literal de su éxodo de Cuba. Muchas de sus obras son ilustraciones de sus participaciones en ceremonias sagradas, como en Mama quiere menga, menga de su nkombo, una representación de su iniciación en Palo Monte; e Intipi. Bedia también registra su entendimiento y apreciación de otras culturas, como en Tunkashila (Abuelo), un imponente retrato del Ser Supremo de los lakotas. Y es que Bedia es uno de esos artistas cuya vida está interconectada con su trabajo como un espejo de dos caras, ampliamente influenciado por su visión cosmogónica. Él se acerca al arte y a la religión con la misma intensidad desde una perspectiva endógena, con lo cual borra cualquier posible distinción entre ambos.

A través de esta selección de piezas podemos ver no solamente su crecimiento religioso sino también los cambios formales en su arte, desde las líneas precisas de las piezas tempranas en deuda con los cómics hasta las composiciones más expresionistas que parecen casi gestuales. Las líneas se van engrosando progresivamente y las composiciones se vuelven incrementalmente más tensas, a menudo construidas con un sentimiento visceral.

Las otras dos exposiciones personales que se están mostrando de manera casi simultánea son Historias de un país gentil, en la galería Lyle O’Ritzel, en Santo Domingo, y Une Saison en Enfer (Una temporada en el Infierno), en la galería Fredric Snitzer, en Miami. Ambas exposiciones deben ser vistas en orden secuencial como partes de una serie. Bedia hizo estas piezas para refutar la teoría de un amigo sobre la desventaja de la República Dominicana en cuanto a eventos dramáticos, si se comparaba con otras islas caribeñas como Cuba o Haití. El artista, quien considera Santo Domingo como su segundo hogar, demostró lo equivocado de la teoría, al ilustrar un ángulo social contemporáneo muy chocante. Al presentar la sórdida vida nocturna de la ciudad y sus detalles escatológicos Bedia trae a un primer plano conflictos sociales que dominan el lugar. Así la quiere el papi y Dos diablas y tigere con cuartos (Dos Prostitutas y Proxeneta con Dinero) muestran escenas sexuales basadas en transacciones de negocios. Los protagonistas pertenecen a una clase social del estrato más bajo, como prostitutas, proxenetas, delincuentes y mendigos. Al actuar como lo que él mismo describe como un “antropólogo urbano”, el artista trae a sus telas una descripción detallada de los conflictos sociales de ese país. Las escenas son perturbadoras, y el uso del amarillo brillante y el negro replican la sensación de angustia y la brutalidad del tema. Aunque su visión es crítica, no es despectiva, sino que, como con los temas religiosos, escoge un punto de vista endógeno, evidente en el uso de frases del argot popular dominicano y al ilustrar cada situación detalladamente. Sin embargo, en la segunda parte de la serie, Une Saison en Enfer, Bedia trae a colación problemas de otra parte del globo, como lapidaciones, en Adultery (Adulterio), preocupado por lo que ve como una etapa tenebrosa en la humanidad, como una “temporada en el infierno”. Esta es una situación general apremiante e inquietante; de acuerdo con Bedia, el reino de Pomba Gira, en el que la degradación humana alcanza algo tan sagrado como la religión. Cierra su narración visual con una escena premonitoria y oscura, en Lo mejor está por pasar.

Analizando estas tres exposiciones podemos ver la retrospectiva como capítulos en su obra unidos a través de un vínculo espiritual, mientras que las otras dos indican una transición hacia una nueva dirección en su trabajo inclinada a comentar aspectos sociales. Es muy fácil ver por qué la obra de Bedia ha sobresalido en el contexto cubano e, incluso, latinoamericano, entre otras razones, porque sus fuentes de inspiración pueden encontrarse en el mundo entero. Conecta a la humanidad desde diferentes ángulos, sobrepasando la anticipada simple función estética al convirtirse en una forma de observación, esencialmente, en una vía de sanación a través de un proceso catártico.

IRINA LEYVA

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