Fernando Arias

Ataúd de Lego, 2000. Homenaje a los niños víctimas de la guerra contra las drogas. Lego y madera. 28,5 x 190,5 x 70 cm. (11 x 75 x 27 ½ pulgadas). Colección Daros Latinamerica Collection, Zürich.

Primer Planosept 2012 - nov 2012· Por Marta Rodríguez

Fernando Arias

Una travesía por la condición humana

En su trabajo artístico, que se inicia en 1990, se pueden evidenciar dos momentos, ambos indisolublemente unidos por una especie de “cordón umbilical” que puede definirse como una fuerza afectiva que lo impulsa a expresarse con vehemencia como sujeto individual y como miembro de la humanidad.

La obra de Fernando Arias se ha ido conformando a lo largo de una travesía en la que con una mirada aguda y crítica ha cuestionado los valores establecidos por los poderes religioso y político. En los lugares que ha encontrado a su paso ha ido percibiendo los valores culturales y las contradicciones humanas que generan hondos conflictos sociales. Su mirada inconforme, que apunta hacia la recuperación de una ética, lo ha llevado a expresar su punto de vista en acciones plásticas que involucraron su propio cuerpo; también ha recurrido a la estrategia de la instalación, a la creación de objetos, a la utilización del video y la fotografía, logrando imágenes de gran contundencia. Así mismo, ha liderado proyectos con distintas comunidades en los que el arte encuentra un lugar en la vida de poblaciones ajenas al circuito artístico1.

Este viaje se inició en Armenia, su ciudad natal, donde creció entre los tubos de ensayo de su padre, un bacteriólogo, y los juegos de armar, y lo llevó a Bogotá para estudiar Publicidad; de allí continuó a Londres, donde hizo una maestría en Diseño Gráfico y de paso definió su interés por el arte; luego lo trajo de regreso a Colombia, al Chocó, a Bogotá, y desde hace un tiempo ha mantenido una oscilación permanente entre el Reino Unido y Colombia. Ha trabajado y expuesto su obra en Latinoamérica, en el Lejano y Medio Oriente. Durante este ir y venir por el planeta ha estado observando el mundo, “experimentando con la condición humana”2, como lo dice en su página.

En su trabajo artístico, que se inicia en 1990, se pueden evidenciar dos momentos, ambos indisolublemente unidos por una especie de “cordón umbilical” que puede definirse como una fuerza afectiva que lo impulsa a expresarse con vehemencia como sujeto individual y como miembro de la humanidad.

Primer Plano: Fernando Arias — imagen 1
La historia de Arias, 1998. 12 copias de 45 x 17 x 21 cm. (17 ¾ x 6 3/5 x 8 1/5 pulgadas). Colecciones: Victoria and Albert Museum, Colección Daros Latinamerica, Essex University y otras.
Primer Plano: Fernando Arias — imagen 2
Apendise, publicación en papel. 15 x 20 cm. (5,9 x7,8 pulgadas).

Primera etapa: su cuerpo y el de otros

La primera etapa, que se centra en temas relacionados con el cuerpo, con los vínculos afectivos, la identidad y la sexualidad, se recoge en La historia de Arias (1998). Esta es una publicación que fue acompañada de la elaboración de quince libros de metal que aluden a La historia del arte de Gombrich, el primer libro que adquirió en su llegada a Londres. Éstos, atornillados a soportes de acero, se convierten en una especie de mesas que aluden irónicamente a las elegantes coffee tables. Como parte de este proyecto fueron invitadas a exhibirlos quince instituciones de arte del Reino Unido. El título de la publicación, pleno de connotaciones sobre la historia del arte, tiene además un tono autobiográfico, y las obras que se recogen en ella cuentan con una importante presencia del cuerpo a través del uso de fluidos (sangre y semen), cordones umbilicales, y la propia piel. En algunas ocasiones utiliza su cuerpo, y como él mismo lo ha afirmado, “lo estaba prestando”3 para hablar de lo propio y lo ajeno.

En sus primeras obras, Cuarto frío, Análisis y Seropositivo, aborda el tema del sida, la sangre mortalmente infectada, con lo que nombra la vida y la muerte, un tema presente a lo largo de su obra. Los implementos que utiliza –plaquetas, material de laboratorio– mantienen vínculos con objetos que le fueron familiares en sus primeros años de vida: la “estética de estos objetos –dice Arias– me fue dando ideas para crear instalaciones, […] hacer objetos, transformarlos, buscarles como una nueva dimensión…”*.

En Seropositivo, instalación realizada en el Museo de Arte Moderno sobre una especie de piscina iluminada, aparece una fotografía suya con los brazos extendidos en cruz, cubierta con muchas láminas de laboratorio. Para esta imagen inolvidable prestó su cuerpo, en un acto solidario para expresar lo que ocurría a otros cuerpos sometidos a la soledad, al aislamiento que ocasiona una enfermedad terminal sujeta a toda clase de prejuicios sociales. En paralelo a la instalación realizó acciones en la calle, como repartir volantes a hombres jóvenes que viven del comercio de su cuerpo; esto con el propósito de “crear consciencia dentro de grupos minoritarios acerca de una problemática que afectaba no solamente a ellos, sino a muchas otras personas”*. Años después vuelve sobre el tema del sida en la instalación, Happy Hour (1998), donde utilizó sangre y semen para crear un coctel mortal al que además le agregó un elemento sonoro: el canto del Happy Birthday.

Primer Plano: Fernando Arias — imagen 3
Pensamientos anormales o sueños, 1998. Secuencia de 9 stills del video Opera Aria. Cibachrome. 30 x 40 cm. c/u. (11 4/5 x 15 ¾ pulgadas).
Primer Plano: Fernando Arias — imagen 4
Seropositivo, 1994. Instalación: fotografía, placas de sangre, luz UV. 4 x 4 m variable.

Los afectos, la necesidad de arraigo, sentimientos propios de la condición humana, se manifestaron en tres obras realizadas en 1997-1998: Le pedí a mi madre que me pusiera de nuevo en su vientre y a cambio me tejió una carpa en crochet. En el título todo está dicho: pide volver al vientre materno; ante este pedido imposible su madre le teje paciente y amorosamente una carpa de crochet. En esta obra, como en otras que realizó posteriormente, el artista es tan sólo el agente de una acción que involucra a otros, ajenos al campo del arte, y les permite ingresar en él. El afecto materno se prolonga en Madre Tierra, una instalación en la que siembra cordones umbilicales sobre la tierra de una finca en La Calera, donde vivió cerca de dos años. Con esta obra, dice Arias, quiso aludir a “esos cordones umbilicales mentales que desarrollamos con otras personas”*. Material humano que ya había utilizado en la acción titulada Introduciendo cordones umbilicales humanos desde la parte mexicana de la frontera con Estados Unidos.

El tema de la frontera, de la identidad nacional, que resulta tan problemático para muchos latinoamericanos, lo trabaja también en La línea y La mula. Zulma Delgado escribe: “Arias es invitado a InSITE’97 como único colombiano para reflexionar sobre las situaciones fronterizas entre México y Estados Unidos. Donde realiza las obras La línea y La mula. La línea es una idea sobre la frontera, utilizando una larga cuchilla de acero inoxidable que proyecta una línea de polvo blanco sobre un gran espejo debajo. La mula es un performance con un endoscopio que revela el interior de los intestinos del propio artista sin drogas. Trabajando con la idea del colombiano en un territorio ajeno”. En esta obra la presencia del cuerpo es contundente; él está de pie, frente al espectador, con el endoscopio en el ano, “mostrándole a la gente –diciéndole– ‘no traigo nada de condones llenos de coca’”*.

Primer Plano: Fernando Arias — imagen 5
La línea y la mula, 1997. Performance e instalación para InSite 97. Metal, vidrio, polvo de borax, endoscopio. Longitud de la valla: 16 m. Altura: 3 m.
Primer Plano: Fernando Arias — imagen 6
Sale, 2011. Bronce. Ed. de 3. 20 x 20 x 7 cm. (7 4/5 x 7 4/5 x 2 ¾ pulgadas).

Dos trabajos profundamente conmovedores presentan imágenes diametralmente opuestas. Sueños o pensamientos anormales (1996) es una obra que realiza para la curadora Els Van der Plas4, quien lo invitó a exponer en una clínica psiquiátrica. Allí presenta fotografías extraídas de un video performativo realizado durante una residencia en Western Front, en Canadá5. En el se confronta como artista y con su condición humana, con los mitos de la sangre, la violencia y la sexualidad. Manipula sangre y fluidos corporales, jugando “con el territorio corporal y la identidad”. En sus obras se ve su cuerpo desnudo cubierto con trozos de carne cruda. Imagen que contrasta con otra de excepcional belleza que muestra su cuerpo desnudo, completamente depilado, en posición fetal (nuevamente, el afecto materno), a través de una imagen casi blanca que parece el delicado dibujo de un hombre con la piel de porcelana. Fragilidad y crudeza se entrecruzan en estas imágenes.

El cuerpo, su propia piel, hace presencia en uno de los últimos trabajos de esta etapa, ¿Quién da más? (1997), con el que participó en ARCO 1997 y en el que de manera contundente el artista ofrece su piel, la transforma y expone al servicio de su ideas. Como lo señala Zulma Delgado, Arias decide “ofrecer a la venta un tatuaje de la firma del artista en su propio cuerpo […] revelando una crisis entre el artista y el coleccionista como de ‘prostituta a cliente’, dice Hans-Michael Herzog en el libro Cantos cuentos colombianos. Cuestionando ideas como autoría o autenticidad, burlándose de lo que el comercio del arte concibe como obra, validado por una firma de autor, […]”.

Primer Plano: Fernando Arias — imagen 7
¿Quién da más?, 1997. Fotografía sobre papel. Ed. de 3. 120 x 152 cm. (47 1/5 x 60 pulgadas). Colección Daros Latinamerica, Zürich.
Primer Plano: Fernando Arias — imagen 8
Águilas negras, 2009. Lana (tapiz hecho a mano en punto ruso). Pieza única. 230 x 150 cm. (90 ½ x 59 pulgadas).

Para cerrar este ciclo autobiográfico donde el cuerpo ha tomado presencia de formas diferentes, resultan paradigmáticas las palabras del artista: “Gracias Cuerpo. Me has servido fielmente. Me has transportado a los lugares que he deseado. Has servido de sombra para que mi sombra se proyecte y me persiga. Por medio de ti, Cuerpo, he materializado mis pensamientos en forma de Arte. También has transformado mis alimentos en materias fecales y otros órdenes. Gracias Cuerpo por haberme soportado. Perdona los disturbios sintomáticos que te he causado”6.

Pero es preciso entender que las obras que conforman La historia de Arias hacen referencia a un “yo colectivo”, a “la imagen de ese ser humano confrontado hacia lo que somos en realidad, porque a la final esa carne, esa sangre es parte de nuestro ser y yo en ese momento tuve la necesidad de sacarlo, de expresarlo”*.

Primer Plano: Fernando Arias — imagen 9
Escudo bala, 2009. Bronce. Ed. de 3. Altura: 50 cm. (19 3/5 pulgadas).

Segunda etapa: “Cuerpos sociales”, el Chocó y otros lugares del mundo

Ataúd de Lego (2000) es una de las obras que da inicio a la segunda etapa de su trabajo, en la que alude a problemas relacionados con “cuerpos sociales”, con grupos humanos y ecologías vulnerables. En esta pieza particular, como en tantas otras, están presentes la vida y la muerte, condiciones que en su obra temprana fueron nombradas a través de la sangre adherida a plaquetas de laboratorio, y que en esta obra aparecen a través de los juegos de armar que, como los implementos del bacteriólogo, se vinculan a su infancia y a su propia historia. Esta carga subjetiva en un trabajo que se ocupa de “cuerpos sociales” da cuenta de esa fuerza expresiva y afectiva que lo ha impulsado a emprender sus diferentes proyectos, incluidos los de este segundo capítulo de su viaje.

El ataúd, adquirido por la Colección Daros, está armado “con piezas de Lego, con los colores de la bandera colombiana y un raya blanca en lugar de la cruz. Arias juega con los conceptos de niñez, juego, narcotráfico y muerte. Conceptos que generan un fuerte contraste. Este ataúd de Lego será el ataúd del artista, donde será velado. Después sacarán el cuerpo para cremarlo y regalarán el ataúd a los niños para que jueguen con el”. “La vida se va –dice Arias–, pero qué más lindo y qué más oscuro, pero qué más real que esos niños jugando con su propia muerte”7.

Primer Plano: Fernando Arias — imagen 10
Humanos derechos, 2008. Stills de video.

Hay un dato autobiográfico en esta pieza de una belleza y una “brutalidad” impresionantes. Pero los niños que tiene en mente Arias son los del Chocó, esa región ubicada en el Pacífico colombiano que determinará un nuevo rumbo en su vida y en su trabajo. A partir de su encuentro con esta región, Arias expresa sus opiniones y sentimientos a través de una serie de señalamientos y vuelca su mirada sobre poblaciones vulnerables. Sus objetos, fotografías y videos, cargados de connotaciones de distinto orden (político, religioso y sexual), señalan con vehemencia las incongruencias, las contradicciones en las que vivimos, particularmente los grupos que habitan lugares en conflicto, en su país y en otras partes del mundo. Ya no será necesariamente su cuerpo su modo de expresión; serán otros los que lo exhiban para mostrar su condición bajo una lente escrutadora que prosigue su travesía por diversos territorios del planeta. El siguiente relato de Arias traza con claridad la óptica con la que emprende su trabajo más reciente: “Yo fui al Chocó por primera vez hace como doce años o trece. Fui porque mi hermano, que tenía una revista que se llamaba El Andariego, me pidió que escribiera un artículo del Chocó. Entonces fui y fue amor a primera vista con el Chocó. Entonces comienzo a ir con mayor frecuencia, ya al mes de esa visita estoy viviendo allá en una de las comunidades afro, sobre la playa, y me empiezo a conectar de una con ellos, a tomar fotos y hacer videos. Luego, en uno de esos viajes veo que ponen un batallón y hay soldados por las playas. A mí me interesó que el Chocó se vuelve como ese caldo donde se está hirviendo todo ese conflicto tan tenaz que tenemos porque allá están la guerrilla, los paramilitares, la droga, todo ahí metido dentro de esa riqueza natural tan exuberante que tenemos […] y además con toda esa minería, con todo lo que tenemos allá, esa selva tan rica en biodiversidad. ¡Tantos ojos puestos en esa zona! Me interesa meterme por el lado del ser humano; pero del ser humano viviendo dentro de este conflicto, lo que es él, lo que sigue siendo él a pesar del conflicto. Lo que es un soldado que tiene que estar allá 24 horas pero él todavía se lava los dientes, todavía cuando se fuma un cigarrillo piensa en la mamá, en la familia… cuando ve una flor la ve bonita. Como en esos detalles que se nos olvidan cuando decimos ‘esto es un conflicto’, y allá hay soldados, y allá hay gente y la violencia y eso... Entonces, los guerrilleros también aplican, son gente que está allá en las mismas. Cualquier persona, cualquier humano me da la idea de crear la pieza de Humanos derechos, develar, pedirle que por favor quítese todo eso y muéstreme quién es usted, quítese esas armas, quítese el uniforme y quédese como un humano. Se jugaba con la posición, un humano así derecho; lo hago con los soldados y luego me voy y consigo un paramilitar en Bogotá, y luego consigo también una guerrillera en el Quindío, y un campesino en el Chocó. Lo hago con ellos cuatro, y es un proceso largo porque en realidad no es fácil decirle a unas personas que se desnuden ante la cámara, sobre todo para algunos de los personajes fue muy, muy difícil enfrentarse a esa desnudez porque no era simplemente la física, sino la mental. Ese fue un trabajo que hice para mí como sin tener que estar respondiendo a una situación, o a una bienal o a una invitación. También comienzo a hacer una serie de videos, que los hice porque ya mi relación con las personas del Chocó había crecido y había madurado. Me atreví a decirle a algunas personas que por favor me dejaran filmar sus vidas, esos momentos donde no pasa nada pero pasan muchas cosas, ese tiempo del Chocó que parece quedado pero no, es otro tiempo, otra dimensión”*.

Primer Plano: Fernando Arias — imagen 11
Viajes necesarios, 2006. Políptico. Ed. de 6. 35 fotografías individuales de 35 x 45 cm. c/u (13 ¾ x 17 ¾ pulgadas).

Como la ha dicho en su relato, de esta experiencia, con la que restablece el contacto con su país, surgen proyectos como Humanos Derechos (2008), desarrollado en Colombia e Israel con el patrocinio de la Fundación Príncipe Claus, de Holanda. Trabajos de esta serie fueron incluidos en País para quién (2009), instalación realizada en una hermosa y deteriorada casa republicana en Bogotá. “Al utilizar el edificio de Mapa Teatro –dice Santiago Rueda–, con sus artesonados, sus arcos y columnas afrancesadas, Arias ha recuperado una imagen de alta resonancia en el imaginario latinoamericano. Es la casa del poder, donde la burocracia, el Ejército y la Iglesia se reúnen y donde se emplazan diferentes espacios y actos rituales. Por un lado, gestos de celebración religiosa; por otro, una sumatoria de los íconos patrios que se van reuniendo en el espacio de un despacho presidencial”8. A propósito de este trabajo, Arias dijo: “Yo estaba tratando de recrear esa decadencia del poder y lo hice a través de jugar con los símbolos, alterar los símbolos patrios, esa iconografía que estamos enseñados a tener que rendirle respeto y casi a no tocarlos. Entonces yo propongo lo contrario, ser más realistas y proponer como nuevas posibilidades que de pronto se acercan más a la realidad […]”*.

El país de los demás (2012)9 es su última instalación; en ella aborda el tema de la extracción del carbón en Colombia, que cede enormes terrenos a explotaciones extranjeras y amenaza con la destrucción del equilibrio ecológico de gran parte del territorio situado sobre el Amazonas. Este trabajo ocupa los dos pisos de la galería; en el primero recibe al público con la escritura tergiversada del nombre de su país Columbia (como es escrita por muchos extranjeros), escrita con las letras de Coca-Cola de Antonio Caro10, y realiza un trabajo de apropiación que actualiza el sentido del original. Otra apropiación lingüística que se refiere a un tema análogo es SALE (2011), un contundente objeto de bronce: “Le ofrezco al presidente Santos y a su gabinete que adopten la imagen de Sale, inspirada en el famoso signo LOVE (Robert Indiana, 1975), para que la utilicen en su campaña promocional. Como logotipos anexos podrían usar la imagen de las cordilleras, Agua que no has de beber (2011), también en bronce bañado en oro, con pequeños puntos de diamantes insertados en los páramos y fuentes de agua. Lo reconozco, la alocución del presidente Santos me recordó que yo había estudiado publicidad y mercadeo”11.

Primer Plano: Fernando Arias — imagen 12
Mesa, 2012. Madera cubierta con pintura. Ed. de 3. 200 x 150 x 70 cm. (78 ¾ x 59 x 27 ½ pulgadas).

Son muchos los señalamientos que ha realizado en otras latitudes a lo largo de su travesía por el mundo. Entre ellos está la valla con la palabra “INFIDELIDAD”, realizada para la Bienal de La Habana de 2003, en la que nuevamente recurre al uso del lenguaje para crear sentido y expresar sus ideas. Trabaja con drogadictos de Londres, donde conoce a un personaje colombiano y toma unas impresionantes fotografías snapshot. En Srinagar (2010), en Cachemira, una zona de conflicto en la frontera entre Paquistán e India, donde encuentra que coexiste una enorme belleza natural con una fuerte presión militar, convive con una familia en la que uno de sus miembros trabaja en una casa textil. Con ellos y otros personajes del lugar conoce los valores culturales del país. Producto de este contacto son los hermosos tapetes que siguen la tradición de Kashmir. Las imágenes de éstos proceden de fotos tomadas por Arias, en las que capta el diario vivir de los soldados entre la población civil12.

Ya para terminar esta travesía de la que sólo me he ocupado de algunas de sus estaciones, me parece pertinente mencionar el año 2005, cuando gana una beca otorgada por el Arts Council de Inglaterra y el Instituto Británico de Cine, y emprende El viaje necesario: “El fin del mundo, la Patagonia, es el lugar de soledad que me permitirá experimentar la desolación y libertad que necesito para realizar este viaje necesario. Un viaje en el tiempo y el espacio para reflexionar sobre mi identidad cultural y nacional que me ha tocado repensar desde otros territorios, otras perspectivas y blablablá…”. La ruta de viaje consistía en tres puntos claves que al unirlos formaban un triángulo: Londres-Chocó (Colombia)-Cabo de Hornos (Argentina)-Londres13: “Para mí era como, conceptualmente, esa utopía de unir esos dos lugares que son como mi casa, el hogar, el sitio donde yo vivo, donde yo moro, y poderlo caminar por la tierra. ¿Sí me hago entender?, era como la unión; era un poco la búsqueda; en el momento yo estaba viviendo en Londres, y era un poco la búsqueda de ese regreso a casa, de ese poder unir los dos sitios”*.

Muchas figuras geométricas podrían trazarse sobre el globo terráqueo siguiendo la travesía de Fernando Arias. Sus palabras sobre ese “viaje necesario” que lo lleva a los confines del mundo parecen dar cuenta de su trayectoria artística, en la que coexisten una profunda necesidad de arraigo, de afecto, y a la vez, de desplazamiento. Una travesía incansable que lo ha llevado a emprender múltiples proyectos que buscan nombrar la vida en lugares donde sólo se conoce la guerra, o donde habitan gentes que tienen la muerte excesivamente cerca.

NOTAS

1. Plataforma Chocó, Fundación Más Arte Más Acción, Chocó, Colombia, Santiago Rueda Fajardo, Art Nexus, Nº 27 Junio -Agosto, 2011, pp. 118-119.

2. http://www.fernandoarias.org/index.php?idi=1

3. Para la elaboración de este artículo resultó muy útil una entrevista inédita que hizo Guillermo Villamizar a Fernando Arias. Las múltiples citas extraídas de esta conversación se citarán de aquí en adelante con un asterisco (*).

4. Els van der Plas fue durante un tiempo la directora de la Fundación Príncipe Claus, que ha patrocinado gran parte de sus proyectos.

5. Estos stills de video se titularon Opera Aria. Las fotografías hicieron parte de una exposición en la Gate Foundation. Curaduría de Els van der Plas.

6.http://www.colarte.com/colarte/conspintores.asp?idartista=1485&pagact=1&dirpa=http%3A%241col%24%241col%24www.colarte.com%241col%24recuentos%241col%24A%241col%24AriasFernando%241col%24critica.htm

7. http://www.tabakalera.eu/daros/artistas.php

8. Santiago Rueda Fajardo, País para quién, Mapa Teatro, Bogotá, 2009.

9. Exposición que con la curaduría de María Belén Saiz presentará en NC Arte, Bogotá, 2012.

10. Colombia de Antonio Caro es una obra paradigmática del arte colombiano de los años setenta

11. Fernando Arias, texto para la revista Errata.

12. Estos tapices, junto con unos videos, fueron expuestos este año en la Galería Eduardo Fernandes, en São Paulo, Brasil, 2012.

13. Fernando Arias, Texto para la revista Errata.

MARTA RODRÍGUEZ

Investigadora y crítica de arte.

Fernando Arias, por Marta Rodríguez | artnexus