En un piso de vidrio reforzado que permite caminar sobre él, observando la piscina deportiva del piso inferior, se apoyan trece escaleras metálicas industriales recubiertas con bombillos fluorescentes blancos. De diferentes alturas, algunas dobladas y otras recostadas contra el muro, ocupan el atrio del edificio principal de la unidad Belenzinho del SESC (Serviço Social do Comércio), en São Paulo. Algunas llegan hasta el segundo y el tercer piso del edificio, en tanto que unas pocas llegan hasta un poco más arriba del techo del primer piso. La instalación de la artista paulista Carmela Gross inaugura el proyecto Vano, ideado por el Núcleo de la Imagen y de la Palabra, que convidará a varios artistas a intervenir este espacio. Serán dos exposiciones cada año.
El brillo de los bombillos se refleja en el vidrio del piso, prolongando las imágenes de las escaleras que parecen bajar hasta el agua, puntuando con series de rectángulos luminosos el trayecto recorrido por los nadadores. La pared de vidrio lechoso de la derecha también refleja el conjunto, pero de otra manera, dándole a la imagen formada una atmósfera casi fantasmagórica, como si las líneas iluminadas planearan en una densa niebla. Desde los pisos superiores también se ve el reflejo de las escaleras en las ventanas del otro lado del atrio, multiplicándolas una vez más.
La instalación genera una integración que va más allá de la forma, enlazando las diferentes actividades que se desarrollan en el espacio de la unidad Belenzinho. La cuadrícula del piso rebota en la pared de vidrio y el diseño de las líneas blancas de las escaleras se replica en las estructuras cuadriculadas instaladas bajo los techos de cada piso. Su verticalidad invita la mirada hacia arriba e instiga la curiosidad de saber a dónde llevaría la escalada (si fuera posible). Hacia abajo, el movimiento del agua de la piscina deshace la regularidad de las rectas reflejadas. En otro sentido, estas escaleras funcionan como la versión contemporánea hi-tech de los antiguos puentes de cuerda; aquí, puentes que conectan simbólicamente los pisos que agrupan las diferentes actividades que se desarrollan en cada uno de ellos: los deportes en el subsuelo, la convivencia, el descanso y la lectura en el primer piso, los talleres, la atención odontológica y pequeñas exposiciones en el segundo y tercer pisos. Estando en el centro del edificio, estos “puentes” iluminados conectan todas las diferentes esferas de la vida humana que la institución promueve simultáneamente: salud, sociabilidad, aprendizaje y cultura.
No es la primera vez que Carmela Gross usa bombillos fluorescentes o de neón en sus obras. Su trayectoria de dibujante y la investigación de todas las posibilidades de este lenguaje la llevaron a liberarlo de la mano y de la tinta y a hacerlo ocupar tridimensionalmente el espacio por medio de líneas, de colores o de luz. En sus intervenciones, la artista acostumbra dialogar con la arquitectura y la historia del lugar de exposición, ofreciendo al espectador, más que la contemplación de la obra en sí, una manera renovada de percibir el espacio y su entorno, como es el caso de Escaleras. Otros ejemplos destacables son los huecos que hizo en el pavimento del antiguo Matadero Municipal (hoy Cinemateca Brasilera) en la primera edición de Arte/Ciudad, en 1994, que dejaban a la vista las capas de los diferentes materiales que formaban la “piel” del piso e instigaban una curiosidad seudoarqueológica. En 2004, con Aurora, cuyo nombre hacía referencia tanto a la famosa calle en las inmediaciones, conocida por sus casas de prostitución, como al nacimiento del día, siempre febril en esta parte bohemia del centro de la ciudad, integraba el espacio de la galería Olido al de la calle mediante el nombre escrito con bombillos rosados y colocado junto al muro de vidrio, que podía ser leído tanto desde adentro como desde afuera. Junto con el diálogo con la historia de cada lugar, también ha usado en otros trabajos una cierta aproximación formal y cromática a los elementos arquitectónicos locales. En Hotel, obra presentada en le XXV Bienal de São Paulo, en 2002, llamaba la atención hacia la transitoriedad de las obras expuestas dentro del edificio, en contraste con la perennidad de la institución arte. La artista transforma sus análisis en intervenciones que suscitan reflexiones sobre los usos de cada espacio. En el caso de Escaleras, hace que la función del atrio de la torre –espacio de distribución– sea subvertida. Lo que originalmente era un hueco, un intervalo, asume ahora su otra cara, la de la reunión.

Escaleras reproduce, en escala interna, lo que el propio SESC promueve en la región de Belenzinho. El barrio, de vocación industrial, perdió a lo largo del siglo XX muchos de sus centros fabriles. En consecuencia, aumentaron la falta de oportunidades y la violencia urbana. El establecimiento de la institución en el barrio ofreció a los habitantes de la región un lugar de encuentro con la cultura, el deporte y la sociabilidad. En el “vano” urbano funciona también como “puente”, así como las Escaleras de Carmela Gross.
SYLVIA WERNECK
