Exposición Individualsept 2012 - nov 2012· Por Janet Batet

Armando Mariño

The 8th Floor

Las postrimerías del siglo XX fueron testigos de la consolidación de los crecientes fenómenos de la globalización y el neoliberalismo y, paralelo a ello, de la eclosión de un movimiento cívico de carácter global sin precedentes que ha seguido estructurándose y ganando fuerzas alrededor del orbe, siendo epígono de ello el año 2011, en el que los focos de movimientos de protestas cívicas irradiaron en los más diversos puntos alrededor del planeta.

De la Primavera árabe al movimiento de los Indignados en Europa y el Occupy Movement en Estados Unidos, hemos sido testigos –si no protagonistas– de la concientización del ciudadano medio, decidido a hacer sentir su voz y transformar la sociedad a través de la movilización y estrategias de resistencia pacífica.

La exposición personal de Armando Mariño, Recent Paintings from the Year of the Protester, presentada por The 8th Floor, se inspira justo en este personaje colectivo –The Protester-–, que la revista Time catalogó como la personalidad del año en su número de diciembre de 2011.

Exposición Individual: Armando Mariño — imagen 1
Armando Mariño. Chamán, 2011. Óleo sobre lienzo. Colección: Deustche Bank.

Inspirada en fotos de prensa y de internet que el artista recolecta indiscriminadamente atendiendo a su impacto visual, Recent Paintings… va más allá del simple festejo naif del renacimiento de esta conciencia colectiva, para convertirse en un agudo comentario crítico acerca de la banalización de la violencia y la despolitización del activismo político como estrategia mediática e ideológica de la sociedad contemporánea.

Sin embargo, Mariño elude todo comentario panfletario, armando su discurso desde la propia deconstrucción del lenguaje visual. He aquí lo que hace renovadora su propuesta.

La transgresión del hecho fotográfico implica una subversión fundamental del carácter documental originario. Al desplazar el aquí y el ahora de la foto al enrarecido limbo pictórico y extrapolar la emergencia de la plaza pública por el aséptico circuito del arte emplazado au-delà de la société, el artista desarticula el impacto social inherente al primer registro sustituyendo la urgencia de la denuncia por el mero goce estético.

Siendo así, la tónica que domina en la muestra del The 8th Floor es la del espectáculo, y no la del drama humano. De hecho, la figura humana tiende a desaparecer convirtiéndose apenas en una silueta: una suerte de máscara macabra en medio del hilarante escenario, enfatizado aquí por el peculiar uso del color.

En la última década, la obra de Mariño ha experimentado una interesante mutación, liberándose progresivamente del fardo representacional, más apegado al sujeto, para dar paso a una pintura mucho más potente de la que fluye una fuerza inmanente. Es por ello que no es posible hablar de retrato en la actual producción de Mariño, sino de entidades. Tres factores plásticos son fundamentales a tal efecto: la composición, la pincelada y el color.

Después de escoger las fotografías, la imagen es sometida a un proceso de alteración digital, donde son vitales la selección, recomposición y alteración del color. En Inferno, por ejemplo, la imagen resultante combina cuatro fotografías, integradas en lo que a primera vista pareciera ser una secuencia cinematográfica. Sin embargo, la fuente de este aparente efecto progresivo que dota a Inferno del dinamismo esencial que la caracteriza no procede del mundo cinematográfico sino de la publicidad. No asistimos a la descripción de un evento en un lapso de tiempo –la dimensión temporal ha sido desterrada de la obra de Mariño, lo mismo que el sentido histórico de nuestra contemporaneidad–, sino todo lo contrario: asistimos a la congelación, la coagulación del presente, tal como ocurre en los mensajes publicitarios.

La pincelada suelta, que renuncia a contornos nítidos, y el trabajo en capas sucesivas aunado a la naturaleza gelatinosa de estos cuadros que parecen más a tono con la imagen de síntesis –específicamente, las denominadas metapartículas u objetos metaclay, caracterizados por la ausencia de estructura rígida y cuya naturaleza cambiante se basa en la densidad– crean atmósferas psicodélicas de vocación abstracta que enfatizan el carácter irreal del entorno que, cual elucubraciones fantasmagóricas, acoge a personajes no menos inquietantes. Shaman, Run Protester Run y The House of Colors son paradigmáticas en este sentido.

A este sofisticado tratamiento de la imagen se suma el sopesado uso del color: una suerte de neofauvismo que encuentra referente en la iridiscencia cromática del mundo publicitario y la imagen digital. La acertada combinación de estos recursos plásticos genera esa naturaleza confusa de la percepción que caracteriza a esta serie en la que el espectador busca abrirse paso entre lo turbio y lo radiante, lo ambiguo y lo evidente, lo irreal y lo real, lo rememorado y lo acontecido.

Recent Paintings from the Year of the Protester es la primera exposición personal de Armando Mariño en Nueva York, quien recientemente mudó su domicilio a esta ciudad. Compuesta por más de una veintena de pinturas al óleo y trabajos sobre papel, la sólida muestra, que pareciera albergar en su seno al espíritu de Debord, constituye, sin lugar a dudas, un punto significativo en la trayectoria de la obra de este artista.

JANET BATET

Armando Mariño, por Janet Batet | artnexus