Exposición Individualsept 2012 - nov 2012· Por Monica Kupfer

Ana Elena Garuz

Galería Arteconsult

La exposición Miramientos de la artista panameña Ana Elena Garuz, en la galería Arteconsult, incluyó sus más recientes pinturas en acrílico y una nueva serie de pequeñas esculturas planas de hierro cortado. La palabra “miramientos” implica tanto “miradas” como “consideraciones”, ofreciéndonos una pista con respecto al proceso intelectual de esta artista que se ha dedicado de manera consistente a explorar la abstracción, área en la que sólo un contado número de pintores panameños se han desenvuelto, tanto en el siglo pasado como en la actualidad.

Las pinturas en la exposición de Garuz son de formato cuadrado, con composiciones construidas con base en numerosas líneas de diversos colores que se entrecruzan y sobreponen unas a otras. En un primer momento, recuerdan el juego infantil de “palitos chinos” en el que se dejaba caer un grupo de varitas de madera al piso, que después debían recogerse una por una sin causar movimiento entre los palitos adyacentes, de tal manera que los jugadores iban desenredando la complicada estructura. Las pinturas de Garuz, sin embargo, no son configuraciones aleatorias, ni ofrecen una sencilla solución visual. Sus múltiples líneas son zigzagueantes e irregulares, y en muchos casos, ni siquiera son rectas. Mas bien dan la sensación de ser líneas vivas y en movimiento que la artista ha captado en un particular instante, pero que en el siguiente podrían volverse a mover.

Exposición Individual: Ana Elena Garuz — imagen 1
Ana Elena Garuz. Otra manera, 2012. Acrílico y óleo sobre lienzo. 160 x 160 cm. (63 x 63 pulgadas).

Los “miramientos” de Garuz nos invitan a adentrarnos en la maraña de sus cruces y recruces de formas y colores, estimulando no sólo la vista sino también el pensamiento. Se revelan como cuidadosas construcciones, o incluso como complicadas deconstrucciones de estructuras imaginarias. Se trata de líneas pensadas, pintadas con esmero y nitidez. El juego visual enfatiza su propia planimetría, aunque simultáneamente le permite al ojo viajar por espacios más o menos profundos. Por otra parte, el uso de trazos de variable grosor y la inclusión de sombras en trompe-l’œil (que engañan al ojo) sirven para reafirmar la sensación de tridimensionalidad.

El color también desempeña un papel importante y variable. Algunas composiciones giran en torno a una tonalidad principal, interpretada en diversas intensidades y densidades, ya sea en las líneas, las sombras o el fondo. Hay, por ejemplo, obras en las que domina el rojo, en las que la artista degrada el color con blanco o lo intensifica con amarillo, de tal manera que la gama varía desde un matiz apacible hasta uno estridente, sin salir del conjunto monocromático. En otras obras, los colores crean contrastes, aplicados en combinaciones inusuales como índigo, gris y blanco sobre un fondo mostaza. Son casos en los que el color, en vez de ser un elemento unificador, aumenta los efectos dramáticos y el dinamismo de las composiciones.

Estas abstracciones son el producto de un desarrollo paulatino. Ana Elena Garuz apareció en la escena artística panameña a mediados de los años noventa con pinturas gestuales que la vinculaban a las ideas del expresionismo abstracto y el arte feminista. En 1995, al recibir su maestría en New York University, presentó lo que llamó Dibujos de cabello, y al año siguiente tuvo en Panamá una exposición titulada Hebras, de obras que combinaban óleo, acrílico, cera, goma y cabello humano, que en otra ocasión describí como “composiciones de carácter íntimo y visceral, que expresaban una intensa sensualidad orgánica”1.

Luego, hubo una etapa en la que Garuz se vinculó más al espíritu del arte informalista o el action painting, como en el caso de sus pinturas que fueron seleccionadas en las bienales de Arte de Panamá entre 1994 y 1998. Entre sus manchones, pigmentos chorreados y trazos fuertes se percibía un proceso laborioso, incluso doloroso, que encontraba eco en colores sombríos y texturas que se asemejaban a líquidos anatómicos. Posteriormente, en los últimos diez años, Garuz se interesó por investigar una abstracción menos expresionista, con una predilección por curvas y formas orgánicas. A menudo, sus composiciones parecían visiones en macro de los pelos de un pincel o de cuerdas retorcidas. Incluso, llegó a crear obras tridimensionales construidas con largas tiras de caucho negro, así como fotos basadas en acercamientos extremos de hebras de crin de caballo. En sus pinturas en acrílico predominaron las formas ovoides irregulares, a veces con lo que parecían núcleos, que recordaban la forma de células humanas bajo el microscopio. Igual que las curvas, esas formas se repetían en otros colores o a manera de sombras sobre el lienzo.

Las líneas rectas, que presagiaban las formas de sus nuevas obras, surgieron alrededor de 2007, cuando las pintó sobre las paredes circundantes como extensiones de sus cuadros de aquel momento. En años recientes Garuz también ha reproducido sus rayas y formas predilectas en hierro, volumétricas pero simultáneamente planas, aparentemente frías pero también traviesas, que presenta montadas sobre la pared. En un seguimiento lógico a sus pinturas, estas “esculturas” de Garuz –ya sea laqueadas a color o pulidas y metálicas– nos ofrecen una interpretación de ese espacio que juega entre las dimensiones segunda y la tercera.

NOTA

1. Mónica Kupfer y Ángela de Picardi, “Mujeres en las artes plásticas en Panamá”, en Mujeres en las artes de Panamá en el siglo XX. Panamá: Fundación Arte y Cultura, 2011, p. 43.

MONICA KUPFER

Ana Elena Garuz, por Monica Kupfer | artnexus