En la galería La Central tuvo lugar la exposición Zoológico, un trabajo de los artistas Alberto Baraya y Jonathan Hernández.
Zoológico nace de una obra que los artistas habían realizado en 2008, denominada Testigos inhábiles. Un trabajo que consistía en un video, hecho a partir de una visita a la hacienda Nápoles –en Antioquia, Colombia– y el registro de animales provenientes de África que permanecieron en esta hacienda.
El proyecto se convierte en la observación de este fenómeno y paisaje cambiado por cuestiones absolutamente artificiales. Es así como, interesados en la absurda historia y el simbolismo de estas bestias de origen africano, viajaron hacia lo que fue el zoológico más exótico que alguna vez tuvo Colombia, un lugar cuyo dueño fue un personaje considerado “un patrón o jefe” “dueño de las drogas” “el todopoderoso” “el señor del dinero”. Un lugar que con el paso del tiempo se convirtió en un destino “lógico” para el sinsentido que conlleva traer animales provenientes de África a Colombia, que a su vez se convirtieron en testigos de las historias del narcotráfico en Colombia. Animales que llevan el título de este trabajo, Testigos inhábiles, porque por disposición de la ley son los que tienen interés directo en el asunto, pero que están obligados a guardar secreto por razón de su profesión o estado, y los especialmente inhabilitados por incapacidad natural: los locos o dementes; los ciegos y sordos.

Después de cuatro años, estos dos artistas se unen nuevamente para continuar con su trabajo y presentar Zoológico. La columna vertebral de esta muestra se articula a través de la historia reciente de Colombia y México en los asuntos del narcotráfico y sus diferentes implicaciones político-sociales, en la supervivencia, reproducción y devenir de dichos animales, en paralelo con el cuestionamiento de los espacios como cárcel, jaula, parque zoológico.
Del trabajo Testigos inhábiles se desprenden y conectan todas las otras obras expuestas en la muestra, que incluye pintura, collage, escultura y fotografía; productos de la investigación y la observación de iluminaciones, ideas transitorias o bloqueos que puedan encontrarse entre el arte, la sociedad política, lo artificial y lo natural, a través de esos lugares solitarios y visitados.
Alrededor del estudio de un lugar natural, artificial, de una sociedad y de la figura del señor potentado que ejerce poder sobre los animales, se muestra cómo la posesión de lo exótico del mundo animal se convirtió para Pablo Escobar, entre otros personajes de la historia, en un símbolo de poderío y dominio. En paralelo con la idea de cómo éstos a su vez, con este ejercicio, se autoconvierten en personajes exóticos y artificiales, como si aquel que secuestra también se convierte en secuestrado, o aquel que exhibe se convierte en exhibido.

Muestra de esta reflexión es la obra del artista mexicano, quien expone una jaula a escala humana, con la puerta abierta de tamaño humano, una pieza con la cual una vez más se cuestiona el sentido de poder, de cuidar, de proteger, contrastado con la idea de coartar la libertad. Baraya, por su parte, presenta una pintura que da cuenta de la contemplación romántica del paisaje. Un paisaje que puede interesar al artista por ser artificial, pero que finalmente también se convierte en un espacio real, porque ha sido modificado con la presencia de animales jamás imaginados en el río Magdalena. Un paisaje que se debate entre lo bello y lo malo, que esconde una belleza aparente, porque pareciera que lo que estos animales esconden y no dejan ver es una metáfora de lo que su dueño también esconde.
Zoológico se convierte en una muestra que propone cuestionarse los lugares de encuentro y confinamiento, que a la vez presuponen aislamiento entre los humanos y los animales, como el zoológico y la cárcel; alrededor de temas como el poder y la libertad.
DIANA MARCELA CÁRDENAS
