La exposición Storyboard de José Damasceno, organizada por el Centro Cultural São Paulo, fue presentada al público desde mediados de marzo hasta finales de mayo pasado, constituyendo una nueva iniciativa de la curaduría de artes visuales de esa institución.
El Centro Cultural São Paulo, concebido como un espacio público de acciones integradas, ofrece espectáculos teatrales, danza, música, muestras de artes visuales, proyecciones de cine y video, talleres y cursos para la población, convirtiéndose en un polo de apoyo para la investigación y la producción experimental en artes en la ciudad de São Paulo.
Storyboard fue incluida en la programación de la serie Monográficas, que focaliza exposiciones individuales de artistas con la perspectiva de reconstruir sus trayectorias.
La muestra de Damasceno obtuvo mucha importancia en el programa expositivo gracias a su dimensión temporal, especialmente al proponer la reunión de cerca de veinte creaciones del artista, elaboradas en dos décadas y media, desde los años noventa hasta su producción más reciente –Último lustro– y obras de 2010 y 2011.
La exposición investigaba lo cotidiano, las escalas, el peso de la materia, los formatos de los objetos, los cuerpos sólidos y sus contrarios. El artista trabaja como un arqueólogo de lo contemporáneo que investiga nuestra cultura material.
En la obra de este creador se puede encontrar una variada gama investigativa sobre elementos binarios –liviano/pesado, vacío/lleno, liso/áspero– que sorprenden al espectador con la inventiva de fuerzas extraordinarias.

Justo a la entrada de la sala expositiva, como una especie de apertura de la muestra, encontrábamos la obra Ultra mini golf, de 2004, en mármol y resina, curiosa e inusual dicotomía de narrativa: una enorme bola de golf, en mármol, depositada en el suelo en busca de su interlocutor, el jugador, o el pequeño muñeco de resina, fijado al techo de la sala, en un lugar poco significativo.
Esa forma de comunicación que desvía la atención del espectador domina la visita y la narrativa de sus próximas actuaciones.
Cuando seguimos la trayectoria de Damasceno, desde la producción del final de los años ochenta (1989) y del inicio de los noventa (1993), percibimos que su interés se centra en la tridimensionalidad exagerada, en la que sobresale la problemática de los materiales. Es la sumatoria de sus incursiones en ese terreno lo que indica las piruetas conceptuales de un artista meditador.
Los materiales utilizados en sus obras desconciertan. Se ven siempre impactados por los enunciados que adquieren cierta autonomía y generan humor, potenciando la vida de sus creaciones. Materiales tales como madera, acero, concreto, peluche, estopa, vidrio, mármol, granito, resina, cerámica, metal, entre tantos otros, encarnan lo transitorio en su concepción del mundo como un lugar de recurrencias invertidas.
Entre las obras expuestas en la muestra, la pieza Cartograma (2000), realizada con hilos de metal pintado y compases, con dimensiones variables, proponía la noción de alternativa de escalas relacionada con la dinámica de otras propuestas de intervención ubicadas en el recorrido del artista.
Compases metálicos –silenciosos actores estratégicamente fijados en el piso y atados a los hilos erguidos hacia el techo– eran los conductores de toda la acción: eran los causantes de la virtual descarga eléctrica que traspasaría tales elementos como siluetas suspendidas en el aire.

El público, dirigido por la seductora sensación de un movimiento sinuoso que activa la mirada atenta, sin que exista en ello ningún eco de una actitud mecánica, descubría el desplazamiento de un flujo vivificador expandido en todo el ambiente de la sala de exposición.
José Damasceno hace parte de una generación que se formó marcada por los experimentos de creadores como Waltercio Caldas, Cildo Meireles y Tunga, en medio de la escena contemporánea internacional. Estos artistas brasileros motivados por inquietudes estéticas alimentan sus inseguridades generando una especie de acción electrostática de irradiación conceptual sobre el espectador.
La producción de Damasceno interroga variables constructivas, casi siempre sometidas al desencuentro de las expectativas habituales. Cuando nos detenemos frente a sus obras, vemos soportes, estructuras, formatos y dimensiones variables destinadas a la extinción de la percepción ajustada a lo banal de la lectura cotidiana.
Entre las obras expuestas encontrábamos Soliloquio (1995), construida en madera y concreto, disposición y arreglo pensado de un encuentro entre un derrumbarse de piedras sobre una mesa y dos sillas, registro de un monólogo silencioso.
Nunca son convencionales las creaciones de José Damasceno. Cada trama elaborada por la poética visual del artista inventa tiempos y circunstancias para que podamos repensar relaciones, posiciones y disposiciones espaciales.

Como significativo ejemplo de esa vitalidad suya para establecer relaciones insólitas entre opuestos, podemos recordar su participación en la 51ª Bienal de Venecia, en 2005, convidado por la curadora María de Corral para participar de la muestra colectiva titulada L'esperienza dell´arte. El brasilero propuso la instalación Durante el camino vertical (2001) al visitante, que se desdoblaba en el espacio.
La instalación con estructura de hierro ocupaba todo el ambiente de la sala expositiva en Venecia y se componía de capas sobrepuestas de papel hechas con millares de páginas de periódicos. Su disposición vertical en columnas, muy cerca unas de otras, convidaba al visitante a un recorrido tortuoso, al caminar inseguro entre formas longitudinales.
En las obras de José Damasceno, los pasos están construidos en una zona ambigua, como una presencia constante en su creación. Son recursos que adquieren existencia material y sentido, contagiando la necesidad de acomodar nuestras expectativas.
Esos ajustes perceptivos nos son provocados en su producción reciente. Por ejemplo, las piezas Eraser sculpture (2010), en granito y mármol, y Eraser sculpture (2010), en MDF, fórmica y mármol, desconciertan y nos hacen pensar. Son obras que entienden la tridimensionalidad con lirismo convertido en delicado humor. Las dos piezas se refieren a objetos utilitarios que se desvían de su condición de uso original, es decir, son esculturas que buscan nuevo sentido al interrumpir la comprensión cotidiana del objeto.
El artista utiliza borradores escolares para borrar lápiz de grafito, en una escala alterada, con un acto audaz, o sea, incumpliendo su función. Las piezas elaboran coordenadas insólitas y dejan perplejo al espectador.
Finalmente, valga destacar, como dice Damasceno, que toda obra es “ejercicio de atención expandida”, es una forma de elaboración necesaria para confrontar la inestabilidad de la vida. No hay derroteros preestablecidos; la tensión recorre toda la creación de este inquieto artista.
CLÁUDIA FAZZOLARI
Profesora de Historia del Arte, Investigadora, Secretaria General de la Asociación Brasileña de Críticos de Arte y miembro de la AICA (Asociación Internacional de Críticos de Arte).

