Exposición Individualjun 2012 - ago 2012· Por Carlos Jiménez

Regina Galindo

Museo Artium

Bajo el título de Piel de gallina, el museo Artium de Vitoria (España) realizó una exposición antológica de Regina José Galindo que podría interpretarse como una de las posibles respuestas a la inquietante pregunta de la teórica postcolonialista Gayatri Spivak: ¿Pueden hablar los subalternos ? Desde luego, caben pocas dudas de que Regina José Galindo pertenece a ese ámbito acallado y en penumbra donde está confinada la subalternidad. Cierto, ella ganó en 2004 el León de Oro que la Bienal de Venecia concede a los artistas participantes de 30 años o menos, y desde entonces ha expuesto en la galería Prometeo de Milán y en alguna otra galería europea. Pero esa inserción suya en los circuitos del arte internacional no la ha redimido de su condición subalterna, que ella, por el contrario, asume plenamente en su vida y en su arte, hasta el punto que puede decirse que en su arte habla mediante hechos la subalternidad. La suya, obviamente, pero también la de las mujeres guatemaltecas, sometidas en su mayoría a unas estructuras de subordinación patriarcal forjadas en el período colonial y que desde hace cuatro décadas o más son además las víctimas preferidas de la violencia política y social que aún hoy continúa cebándose en ese hermoso y desdichado país. Al principio de esa etapa aterradora –tal y como ella recordó en el diálogo público que mantuvo con la comisaria Blanca de la Torre, durante la presentación de esta retrospectiva–, el asesinato de mujeres respondía a un plan de exterminio del pueblo maya –la mayoría del país–, al que se quería privar de las madres que le permitían perpetuarse. Pero con el final de esa atroz “guerra sucia”, encabezada por el general Ríos Montt, sobrevino en Guatemala un período que hoy difícilmente puede calificarse de pacífico, debido a los altísimos índices de criminalidad que cuantifican un estado de violencia difusa y ubicua de la que nadie parece estar a salvo. “En Guatemala –explicó Regina Galindo– se cometen 17 asesinatos al día, y aunque la mayoría de las víctimas son hombres, las mujeres son las que se llevan la peor parte. En todos los casos, y antes de matarlas, las han violado, torturado o mutilado”.

Exposición Individual: Regina Galindo — imagen 1
Regina José Galindo. Piel de gallina, 2012. Performance con nevera de acero inoxidable. 90 x 90 x 180 cm. (35 ½ x 35 ½ x 70 ¾ pulgadas).

Esa saña con las mujeres ha sido escenificada y actuada por Regina José Galindo en numerosas ocasiones. Así lo hizo tempranamente en una performance de la década de los noventa del siglo pasado, en la que se hizo arrojar desnuda y en una bolsa de plástico en un vertedero público de basura, como si fuera el cadáver de otra asesinada. Y así lo volvió a hacer en Caparazón, una performance de 2009, en la que desnuda bajo una cúpula de metacrilato se sometió a todos los garrotazos que quisieron propinarle unos espectadores cada vez mas excitados. O en Confesión, en la que se sometió voluntariamente a la durísima experiencia del waterboarding, el “maltrato” legitimado en el Washington de George Bush y tan generosamente utilizado en la “guerra sucia” de Guatemala y en todas las que en el mundo han sido. Y siguen siendo. La más reciente performance de esta serie la realizó en el propio Artium: se titula Piel de gallina, al igual que esta exposición. En ella, la artista desnuda se deja encerrar en una cámara frigorífica como las utilizadas habitualmente en los depósitos de cadáveres, exponiéndose inerme al frío que reina en el interior de la misma.

La escenificación de los padecimientos de las mujeres subalternas exhibe unas características notables. La primera, que en ellas Regina Galindo transgrede la exclusión de la crueldad efectiva y no fingida que separa al teatro del circo romano, exponiéndose a dolores efectivos y no simplemente interpretados. La segunda, que esa inmersión deliberada en las secuelas más abyectas de la subalternidad es un paradójico ejercicio de soberanía, una forma de que el subalterno hable por medio de hechos desde su condición, y no desde la del soberano. Como lo hizo Cristo, que también con hechos desafiaba el lenguaje dominante y no sólo la autoridad y la ley encarnadas en el Sanedrín. Regina Galindo evocó esta paradoja cuando, en respuesta a una pregunta sobre “su” waterboarding, contó que el hombre al que contrató para que la torturara aún no consigue librarse del sentimiento de culpa, a pesar de que ella intenta reconfortarlo explicándole que la responsabilidad de sus sufrimientos es de ella y no de él. Pero este intercambio de papeles entre víctima y victimario –explorado ejemplarmente por Hegel en cuanto a la dialéctica del amo y el esclavo– también cuestiona el acallamiento de las mujeres subalternas por las que son soberanas o al menos creen serlo.

Me refiero a esas feministas que hablan por las mujeres subalternas del Tercer Mundo sin que jamás se les ocurra ponerse en su lugar. O por lo menos, cederles la palabra.

CARLOS JIMÉNEZ

Regina Galindo, por Carlos Jiménez | artnexus