Exposición Individualjun 2012 - ago 2012· Por Elisa Rodriguez Campo

Juan Gatti

Sala Canal de Isabel II

Madrid rinde homenaje al argentino Juan Gatti, quien celebra treinta años de entrega artística a esta ciudad con una muestra retrospectiva, tan ambiciosa como bien lograda. Aun cuando a Gatti no le han faltado reconocimientos en España: es Premio Nacional del Diseño (2004) y recibió la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes (2010). Contraluz es la oportunidad para hacer una revisión de la poliédrica carrera de este creador, pero sobre todo una magnífica excusa para mostrar en su justa dimensión, el más reciente proyecto personal de Gatti.

Gatti se trasladó a Madrid en la década del ochenta, durante un período especialmente efervescente para la capital española, y desde entonces se involucra activamente en la construcción de la identidad de La movida madrileña y el resto de manifestaciones que surgieron, en consecuencia, durante los años de la posrepresión franquista. Gatti demostró tener una acertada capacidad para interpretar la densidad social y cultural de ese momento en Madrid; se relacionó con artistas como Mecano, Miguel Bosé, Alaskao Dinarama, entre muchos otros, y graficó un importante panteón de referencias iconográficas que han alcanzado gran popularidad, como la estética gráfica de la mayoría de las películas de Pedro Almodóvar.

Exposición Individual: Juan Gatti — imagen 1
Juan Gatti. Contraluz, 2011. Fotografía en blanco y negro. Medidas variables.

El curador Rafael Doctor divide acertadamente el monumental contenedor que alberga la muestra en dos ámbitos. La primera planta está constituida por tres décadas de carrera: 280 imágenes y carteles, así como objetos de diseño que desarrolla en torno a la fotografía de moda, fotografía publicitaria, fotografía editorial, diseño gráfico, diseño aplicado a objetos, y también el diseño de créditos finales y carteles para películas de Fernando Trueba, Alex de la Iglesia y Pedro Almodóvar.

La obsesión por el control de la velocidad, la luz y el tiempo fraguó gran parte de los hallazgos de la humanidad el pasado siglo, proyectándolos en salas de cine, territorios colonizados por el arrollador imperio de las imágenes. Con base en este idioma gráfico y sintético Juan Gatti consigue destacar y potenciar su talento, estimulando dicha ansiedad por asimilar la mayor cantidad de información visual del mundo del espectáculo, la cultura Pop, la psicodelia y la avalancha de íconos flúor que surgían de una industria cada vez más vigorosa, desbordada en las calles en pósters, portadas de discos y carteles. Tal y como apunta el mismo Gatti: “en Argentina se ven a sí mismos tan lejos, que siempre tienen que estar informados al máximo de lo que ocurre en el resto del planeta”.

Juan Gatti parte de Argentina, y luego de una temporada en Nueva York, llega a la España de los años ochenta encontrándose con un público realmente ávido por consumir toda la información que había sido censurada durante el largo período de represión. En mi opinión, este país no pudo encontrar a un mejor traductor visual de tendencias que Juan Gatti.

El segundo ámbito abarca el resto del espacio expositivo y corresponde a la serie Contraluz, que da título a la muestra, reuniendo 40 fotografías de gran formato contrastadas en blanco y negro, correspondientes a su más reciente trabajo personal, y concebidas por primera vez como un corpus independiente de otro medio, exento de colaboraciones.

Contraluz representa la inédita contraparte de una vastísima carrera relacionada con el ámbito público español, infiltrándose en la médula del universo más personal –y no por ello menos espectacular– de Juan Gatti.

Contraluz es el impactante resultado de la madurez visual de un Gatti que no se reconoce a sí mismo como fotógrafo, sino como generador de imágenes. Este proyecto surge como vertiente de otro titulado Ciencias Naturales, que realiza a propósito del cartel de La piel que habito, última película de Pedro Almodóvar.

Si bien Ciencias Naturales es un homenaje a esa primera obsesión del siglo XIX por desentrañar aquello que late invisible bajo nuestra piel y por concebir una taxonomía verdaderamente visceral de los seres vivos, Contraluz consigue infiltrarse sutilmente en ese germen de vida latente, sin necesidad de arrancar la piel para mostrarlo.

Gatti extrae luz/vida de aquello que le llama la atención. Su mirada selectiva atraviesa la esencia de estos organismos vivos como si de un rayo catódico se tratara, desvelando su condición más etérea. Este artista hace palpable todo aquello aparentemente inmaterial tocándolo con luz: así, recorre la sensual silueta del humo, la efervescencia del aire contenido en las burbujas, la frágil estructura de los insectos, la textura aterciopelada de las flores, el destello de las crines de un caballo blanco, así como la estela que produce el vuelo de un ave o el vaivén del baile de su propia Loïe Fuller ante el obturador de su cámara.

El recorrido ascendente en el espacio cilíndrico de la sala hace eco de la música y alimenta nuestra expectativa, conduciéndonos hacia otro nivel. La esencia fluorescente de estas imágenes se tiñe de azul cobalto brillando con intensidad, haciendo aún más contundente el impacto visual sobre el espectador, tal como determinados organismos vivos y medusas emanan incandescencia en las profundidades oceánicas.

No conforme con ello, la muestra termina por arrebatarnos aquello aun propio, sumergiéndonos en una proyección de 360 grados en el tope de la sala, en la que este imaginario definitivamente cobra movimiento y donde literalmente terminamos por hundirnos en el líquido ingrávido de una pulsión vital compartida.

ELISA RODRÍGUEZ CAMPO 

Juan Gatti, por Elisa Rodriguez Campo | artnexus